Ganar, ganar y volver a ganar. El PSG de Luis Enrique, indiscutible rey del continente, sumó anoche otro trofeo a una colección que no deja de crecer. Ya son los cuatro grandes títulos europeos más recientes, las dos últimas Champions y, desde ayer, las dos últimas Supercopas de Europa. Un pleno que se entiende desde el banquillo, con la obra de Luis Enrique, y sobre el césped, con el talento descomunal de un equipo plagado de estrellas. Ayer, dos zarpazos de Kvaratskhelia y Doué dejaron sin título al Aston Villa de Unai Emery.
Kvaretskhelia y Doué sentencian la final ante un gran Aston Villa que llevó al límite a los parisinos
Ganar, ganar y volver a ganar. El PSG de Luis Enrique, indiscutible rey del continente, sumó anoche otro trofeo a una colección que no deja de crecer. Ya son los cuatro grandes títulos europeos más recientes, las dos últimas Champions y, desde ayer, las dos últimas Supercopas de Europa. Un pleno que se entiende desde el banquillo, con la obra de Luis Enrique, y sobre el césped, con el talento descomunal de un equipo plagado de estrellas. Ayer, dos zarpazos de Kvaratskhelia y Doué dejaron sin título al Aston Villa de Unai Emery.
El partido fue el propio de una pretemporada post Mundial. Ambos técnicos tenían atenuantes para que sus equipos no estuviesen a un nivel físico óptimo, pues sus internacionales apenas tenían un par de entrenamientos en sus piernas. En el caso del Aston Villa ni eso, pues Emery no pudo contar con hasta tres futbolistas, entre ellos su portero titular, Emiliano Martínez. Y pese a ello arrancó mejor el equipo inglés, intentando ganar duelos en campo contrario y siendo incisivo por las bandas.
Duró poco esa sensación, pues poco a poco el PSG fue capaz de aplicar su castigo habitual de ahogo en campo contrario. El Aston Villa ya no encontraba espacios y el campo parecía inclinarse hacia el área de Bizot. Rozó el gol Doué antes de que, en la continuación, el georgiano Kvaratskhelia empalase un balón desde la frontal hacia la escuadra. El extremo se ha convertido por méritos propios en la estrella de este equipo que no para de hacer historia.
El esfuerzo pasó factura a los de Luis Enrique, que en el tramo final del primer tiempo sufrieron mucho. Emergió ahí la figura del jovencísimo Brian Madjo, el jugador de menos edad en ser titular en una final europea. Ágil y rápido pese a su envergadura (1,93m), el delantero nacido en los suburbios londinenses es una fuerza de la naturaleza. Todo el peligro británico pasó por él, incluido el gol del empate al borde del descanso. Aunque para empezar metió la pata hasta el fondo. Intentó controlar un balón muerto en la frontal de su área, pero lo hizo rematadamente mal y su regalo derivó en el mencionado gol de Kvaratskhelia.
Lejos de hundirse en el primer gran partido de su vida, Madjo empezó a ganar duelos a Marquinhos y Pacho. Hasta en tres ocasiones rozó el gol en acciones de mérito personal. Un disparo con rosca, un remate alto en boca de gol y un tiro al palo delante de Safonov. Pero a la cuarta fue para dentro la pelota al conectar una volea en el segundo palo tras el enésimo centro fabuloso de McGinn. Madjo ampliaba sus récords de precocidad y además premiaba a su equipo, muy superior en ese tramo del partido.
La reanudación devolvió a un PSG enérgico y mandón, aunque poco diestro en los metros finales. Entró en el campo Dembélé y las diabluras comenzaron a advertirse pero no se concretaban. En cambio, el Aston Villa casi siempre era capaz de terminar las jugadas cuando pisaba el área contraria.
Volvió a ser valiente en su planteamiento Emery con una línea defensiva muy alta para no dejar pensar al PSG. Sin embargo, un error a la hora de tirar la línea de Cash concedió el segundo tanto a los parisinos. Remató Doué con precisión y tranquilidad un poco escorado. Tuvo que intervenir el VAR para corregir la decisión de fuera de juego del asistente del somalí Omar Abdulkadir Artan, premiado por la UEFA por prohibirle Estados Unidos su entrada para arbitrar en el Mundial. Su nivel fue muy alto a lo largo de todo el partido.
Hasta el final lo peleó el equipo británico, rival a la altura de un campeón con mucho más oficio que fútbol ayer. Luis Enrique, que sumó su tercera Supercopa de Europa tras la conseguida con el Barça, ha construido una máquina indestructible.
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