El alto consumo de munición contra los drones y cohetes balísticos de Irán abre ventanas de oportunidad a China y Rusia y crea una de las emergencias de seguridad más importantes desde la Guerra Fría Leer El alto consumo de munición contra los drones y cohetes balísticos de Irán abre ventanas de oportunidad a China y Rusia y crea una de las emergencias de seguridad más importantes desde la Guerra Fría Leer
La fallida ofensiva de Estados Unidos y de Israel sobre el Irán de los ayatolás ha tenido graves consecuencias sobre el precio del petróleo, el equilibrio de poder en Oriente Próximo y la capacidad de mantener una disuasión para evitar guerras futuras por parte de Washington. La onda expansiva de la errática operación Epic Fury se sufrirá en Occidente durante años, incluso décadas.
La derrota estratégica de EEUU en una guerra asimétrica en la que el régimen de Teherán ha sufrido pero ha estado muy lejos de quebrarse ha vaciado los arsenales de la mayor potencia militar del planeta, lo que tiene enormes implicaciones a nivel global. Con la respuesta iraní a los ataques estadounidenses e israelíes, Washington ha consumido cerca de cuatro quintas partes de su inventario de misiles antiaéreos Thaad y el 60% de los misiles Patriot según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Antes del conflicto EEUU contaba con unos 2.200 Patriot y 452 Thaad, mientras que hoy las estimaciones son de 827 Patriot y 278 proyectiles Thaad.
¿Cómo es posible que todos estos misiles antiaéreos se usaran en unas pocas semanas de ataques? Irán respondió a los bombardeos de una forma inédita para Estados Unidos: con enjambres de drones y lanzamientos masivos de misiles balísticos de diferentes capacidades contra sus bases en Oriente Próximo. La saturación de proyectiles en el cielo obligó a Washington a disparar todo el arsenal disponible, lo que tampoco evitó que, en los 40 días que duró Epic Fury, 22 militares de EEUU murieran y 624 resultaran heridos, según cifras del Mando Central de EEUU. Los ataques documentados afectaron a las bases de Kuwait, Arabia Saudí, Bahrein y Qatar, con grandes desperfectos en las instalaciones militares y pérdida de activos de valor, como un avión centinela E-3 Sentry y varios aviones cisterna de EEUU, además de varios cazabombarderos F-15 de la Fuerza Aérea de EEUU.
Pero los proyectiles antiaéreos no son los únicos cuyas reservas han quedado raquíticas después de esta aventura militar de Trump y Netanhayu. Los misiles de crucero Tomahawk, que son el arma ofensiva más utilizada por los Estados Unidos durante sus últimas intervenciones armadas, también han caído en los arsenales entre un 30% y un 50%. Durante la operación Epic Fury se dispararon más de 1.000, el mayor uso de este armamento en su historia. Los analistas creen que aún quedan unos 2.000 ejemplares en los arsenales.
¿Cuáles son las consecuencias sobre las capacidades de disuasión de EEUU ante rivales geopolíticos como China o Rusia? El análisis que emerge de las consecuencias de este error estratégico supone una de las situaciones más preocupantes de seguridad desde la Guerra Fría. La primera razón es que los enemigos geopolíticos de EEUU (y por extensión, la OTAN) están observando y contando municiones. En circunstancias normales, tanto China, Irán, Rusia o Corea del Norte no se plantean atacar ni a EEUU ni a sus aliados o intereses por miedo a sus enormes arsenales, pero esos mismos polvorines están en su momento más bajo en décadas. Esa es la razón por la que Donald Trump no desea seguir con la guerra de Irán por muchas amenazas que lance, aunque Teherán haya tomado como rehén el Estrecho de Ormuz y siga trabajando en su programa nuclear.
En este contexto, el Indo-Pacífico es la región más amenazada por esa caída de los arsenales estadounidenses. Taiwán tiene pedidos de armamento a EEUU por valor de 20.000 millones de dólares, pero ahora mismo Washington no puede abastecer a la isla de ese material. Esos antiaéreos (Patriot y Thaad) son críticos para contrarrestar el poder aéreo chino, pero pueden tardar años en llegar y Pekín lo sabe.
Rusia es el otro gran beneficiado de la victoria iraní en la guerra, en la que ha participado suministrando inteligencia de satélite a Teherán.
Ucrania necesita para este invierno unos 300 misiles antiaéreos Patriot para defender sus ciudades de los misiles balísticos rusos que tratarán de matar a los ucranianos de frío, pero será difícil que pueda contar con ellos. Kiev tiene el dinero y la disposición a comprarlos, pero esos arsenales ya no existen, porque se agotaron en el Golfo Pérsico. Donald Trump prometió darle una licencia de construcción de estos misiles a Kiev para que los fabricara por su cuenta, pero luego se echó atrás. Sus aliados europeos también están al límite de existencias, igual que Israel (que también recibió ataques con decenas de misiles balísticos iraníes que tuvo que derribar), o los países del Golfo Pérsico, como Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait, Arabia Saudí o Bahrein, todos ellos con dinero en el banco para hacer las compras necesarias, pero sin poder hacerlas por falta de existencias.
Ante esta circunstancia, el autócrata ruso Vladimir Putin está escalando en sus bombardeos a las ciudades ucranianas, mientras que la inteligencia de EEUU y de varios aliados europeos ya advierten de que podría intentar algún movimiento bélico contra un país de la OTAN incluso aunque no haya puesto fin a su invasión de Ucrania, ya que en Moscú saben que EEUU tiene los arsenales casi agotados.
La producción anual es misiles Pac3 de Patriot es de 650 ejemplares al año. Sólo Ucrania calcula que necesitaría esa cantidad cada dos o tres meses. Es significa que pasarán años, tal vez una década, en recargar todos sus polvorines de este tipo de armamento, una ventana de oportunidad para los rivales geopolíticos de Occidente, que sólo tienen que sacar la calculadora para comprobar el enorme descalabro que supone el fracaso de Trump en Irán.
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