Sueño y felicidad, las dos palabras más manoseadas de los dichosos libros de autoayuda, llevan tiempo llamando a las puertas del periodismo deportivo, que obviamente las ha abierto de par en par con previsible deleite. ‘El sueño de Julián Álvarez’ y ‘la tristeza de Lamine Yamal’, de eso se han alimentado una gran cantidad de seres vivos durante las últimas semanas.
Sueño y felicidad, las dos palabras más manoseadas de los dichosos libros de autoayuda, llevan tiempo llamando a las puertas del periodismo deportivo, que obviamente las ha abierto de par en par con previsible deleite. ‘El sueño de Julián Álvarez’ y ‘la tristeza de Lamine Yamal’, de eso se han alimentado una gran cantidad de seres vivos durante las últimas semanas.Seguir leyendo…
Sueño y felicidad, las dos palabras más manoseadas de los dichosos libros de autoayuda, llevan tiempo llamando a las puertas del periodismo deportivo, que obviamente las ha abierto de par en par con previsible deleite. ‘El sueño de Julián Álvarez’ y ‘la tristeza de Lamine Yamal’, de eso se han alimentado una gran cantidad de seres vivos durante las últimas semanas.
Pues bien, de momento se ha desactivado la presunta melancolía de Lamine Yamal, que con 19 años y todo lo que le ha pasado en la vida (infancia de escasez, adolescencia de súper estrella) tiene derecho a no reír y a escondernos su ortodoncia un par de días sin que se le dé la murga como si estuviera viviendo un drama inventado. No había caso: Lamine hizo un partido de película ante el Rayo (como el día del Athletic), marcó un golazo, se alegró un montón, corrió a celebrarlo, se lanzó de rodillas, se besó el escudo y se abrazó a todo quisque. Al final metió otro. Primera crisis de pacotilla abatida. Música de violines afligidos al cajón hasta el próximo reportaje capcioso. No estaba triste, estaba tomando cañas.
Costará encontrarle a este Barça grietas por donde entrarle. Su apariencia es la de los equipos plenamente cocinados. Practica un fútbol de una modernidad abrumadora. Flick ya tiene lo que quería: una máquina en la que todas las piezas suman. Y qué piezas. Si no sabes con qué nombre quedarte de tantos que te vienen a la cabeza (Raphinha, Gordon, Xavi Espart…) es que el equipo sobresale. Excelencia, comunidad, entrenamientos mejores y competencia de unos con (que no contra) otros.

Primera crisis de pacotilla abatida; música de violines afligidos al cajón
También la “felicidad” de Julián Álvarez, comparado de forma bochornosa con una víctima injustamente encarcelada que ni el Conde de Montecristo, dejará de preocupar con el paso de los días. Hay gente (millones y millones de personas anónimas) que lo pasan peor. Saldrá adelante.
Deportes
