Quizá el Espanyol pensó que el partido se jugaba en Vallecas. Porque solo así se entiende que su fútbol apareciera con 45 minutos de retraso en Butarque. El conjunto perico firmó la peor primera parte de la temporada, mecido por un Rayo mucho más intenso que se fue al descanso con dos goles de ventaja, y tras la reanudación reaccionó de manera honrosa con una versión muy mejorada pero insuficiente, pese a otro gol de Roberto, para evitar la derrota (2-1).
Los pericos empezaron muy mal el encuentro, superaros en todo momento por los madrileños, pero en la segunda parte mejoraron y estuvieron cerca del empate tras el sexto gol de Roberto
Quizá el Espanyol pensó que el partido se jugaba en Vallecas. Porque solo así se entiende que su fútbol apareciera con 45 minutos de retraso en Butarque. El conjunto perico firmó la peor primera parte de la temporada, mecido por un Rayo mucho más intenso que se fue al descanso con dos goles de ventaja, y tras la reanudación reaccionó de manera honrosa con una versión muy mejorada pero insuficiente, pese a otro gol de Roberto, para evitar la derrota (2-1).
Manolo González, poco amante de las rotaciones, dio la primera titularidad al fichaje Hartman y a Bauza en detrimento de jugadores fijos en el once como Expósito y Dolan. También dio otra oportunidad a Moscardo, que no correspondió esa confianza. El brasileño, muy perdido, dio un pase atrás bombeado sin ningún sentido, un caramelo envenenado para la zaga blanquiazul que recogió con gusto el Rayo en la primera acción de ataque. Camello centró al área para un Pedro Díaz que vio como El Hilali le negaba el remate a bocajarro. Pero Álvaro García, más espabilado que unos contemplativos Hinojo y Urko, remató a la red el balón muerto para regocijo de una grada desangelada, mermada por el boicot al exilio, ya con fecha final, en Leganés.
Moscardo facilitó el primer gol del Rayo y el exespañolista Pedrosa marcó el segundo ante la pasividad defensiva
La reducida afición rayista disfrutaba con el eléctrico desempeño de los suyos, mientras Manolo Gonzaléz no lo veía claro desde la banda, con la mano a modo de visera para protegerse del sol. El técnico había avisado del alto ritmo de los madrileños y, sin embargo, los blanquiazules comparecieron en el césped pepinero sin intensidad, totalmente superados por la presión del adversario. El Espanyol, con dificultades incluso para cruzar la medular hasta el entreacto, con apenas dos remates de Roberto y Bauza, fue una máquina de perder balones a merced de un Rayo en constante búsqueda de los tres palos rivales. Y si el primer gol local llegó por la derecha, pese al doble lateral formado por Hinojo y Hartman, el segundo llegó por la izquierda, con otra combinación que desnudó con facilidad la defensa blanquiazul. Dmitrovic, además, erró al tapar el chut con poco ángulo del exespañolista Pedrosa, que no celebró el tanto.
Más que para corregir aspectos tácticos, que también, la pausa de hidratación sirvió para que Manolo González les leyera la cartilla a sus pupilos. La palabras del técnico no eran propias del horario infantil. Pero ni así mejoró en la primera parte la actitud del Espanyol, que se libró de irse al descanso con más desventaja: Camello, de dulce en este inicio de Liga con seis goles, chutó demasiado cruzado en una primera ocasión y después remató al larguero.
Roberto anotó su sexto tanto del curso en una segunda parte donde el Espanyol fue superior y rondó el empate
La entrada de Bryan Zaragoza, Marcos Fernández y Expósito tras la reanudación cambió la cara a un Espanyol más ofensivo y reconocible. El partido se rompió, un correcalles sin centro del campo, y en ese escenario pescó un enrachado Roberto. Javi Hernández puso un milimétrico pase para el desmarque del de Puente Genil, que tras recortar a Mujaid marcó su sexto gol del curso.
Los pericos insistieron en busca del empate, con disparos de Javi Hernández, Bryan, Expósito y Riedel, y la amenaza del Rayo menguó. El tramo final fue blanquiazul. Alemão, recambio de Camello, ganaba segundos protegiendo el balón ante el empuje de un conjunto catalán que encerró a los rayistas en su área. Pero toda esperanza se desvaneció cuando El Hilali, prácticamente en la última jugada, vio la roja al cortar el balón con la mano siendo el último hombre. El pitido final cogió a Manolo González serio y seguramente aún preguntándose por qué el Espanyol llegó tan tarde a Butarque.
Rayo Vallecano, 2 – Espanyol, 1
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