La residencia del DJ bosnio-alemán se convierte en una de las más longevas de Europa. «Lo que más me gusta es cómo mezcla los géneros, porque realmente puede combinar cinco distintos y que siga sonando muy bien» Leer La residencia del DJ bosnio-alemán se convierte en una de las más longevas de Europa. «Lo que más me gusta es cómo mezcla los géneros, porque realmente puede combinar cinco distintos y que siga sonando muy bien» Leer
«Pacha antes era como la casita que ves a mano izquierda». Quien habla es Alberto, conductor de una gran furgoneta propiedad de la compañía ibicenca de la cereza. La «casita» a la que se refiere es más bien un pequeño chalé adosado a las afueras de Ibiza. Nada que ver, por supuesto, con el gigante que se alza impertérrito unos cuantos metros más allá. «Sí, como ves Pacha ha cambiado mucho en muy poco tiempo», asegura. Ni que lo diga. Lejos queda aquel pequeño refugio de la música, sustituido hace años por una profusión exorbitante de lujos y una atmósfera de exclusividad que casi se puede respirar en toda la isla. Porque, además de la imponente discoteca que conquista la manzana al completo, también hay más de una tienda, un restaurante, un hotel y ¿una futura residencia multimillonaria? De todo. Y sigue creciendo.
En medio del bullicio, de esa evolución y esa vorágine de cambios constantes, sólo hay una única constante (además de esa cereza presente en la mayoría de rincones de la ciudad): los domingos. Porque sí, en la isla de la fiesta y de la vida nocturna, las discotecas abren todos los días de la semana. Pero no es eso lo que llama la atención. Desde mayo hasta octubre -la temporada alta en Ibiza- los domingos los controla una sola persona. El padre de la discoteca, si cabe. El que consigue llenar el recinto semana tras semana. Su nombre -o más bien su apellido- es conocido en todo el mundo. Mladen Solomun (Bosnia, 1975). DJ bosnio-alemán y protagonista de Solomun +1, una de las residencias más conocidas y longevas de Europa, con una trayectoria que ya supera la marca de los 13 años.
Su imagen no deja indiferente a nadie. Complexión robusta y una presencia que atrae miradas. Su figura, lejos de responder al estereotipo esbelto de la música electrónica, refleja una elegancia y naturalidad sin artificio que parece encajar a la perfección con los escenarios que domina. Escenarios que no pisa en solitario -al menos durante la mayor parte del tiempo-, pues su sesión no solo recoge siete horas de mezclas propias, sino que también deja paso a otros artistas invitados. Un nuevo DJ para cada noche. Único e irrepetible. Por su cabina, la que se sitúa en el altillo de Pacha y que ofrece una vista panorámica de lo que se cuece durante la noche ibicenca, han pasado algunos de los más grandes como Anyma, Peggy Gou o Dixon pero también algún que otro novato con muchas ganas y poca experiencia. Y Solomun se convierte en el jefe preocupado, el compañero comprensivo, mientras comparte sesiones desde las 23:00 horas hasta el amanecer del día siguiente.
Solomun +1, una cita que se repite uno, dos, 19 domingos al año. 18, siendo aún más precisos. Y es que la de la semana pasada no fue una sesión al uso. Ese «+1» de su título fue sustituido por un inusitado All Night Long. Su nombre lo aclara todo. El DJ y productor bosnio-alemán se apropió de la cabina durante toda la sesión. Toda la noche. ¿Disuasorio? Al contrario. El recinto, que alberga espacio para más de 3.000 personas, consiguió completar su aforo con creces mientras en su interior caras habituales y nuevas incorporaciones confluían bajo los ritmos electrónicos del artista veterano. Pum, pum, pum. Y otra vez. «Le hemos visto muchas, muchísimas veces», afirma uno de los asistentes. Santiago, de 30 años, asegura que le sigue a muchas de sus sesiones en Ibiza. «La música es muy buena, pero también lo son el ambiente y la fiesta», confirma, divertido. No es el único. La mayoría coincide en que lo que más les atrae es su característico show.
Porque las noches de Solomun +1 casi se han convertido en una suerte de ceremonia colectiva, donde miles de cuerpos parecen abandonarse al mismo pulso, a una melodía sin letra. Pacha se llena. Y los asistentes alzan las manos en lo que parece un vaivén coreografiado. Quizá lo esté, a juzgar por la cantidad de gente que imita este sencillo movimiento. Todos al ritmo de ese pum, pum, pum que no da tregua. Vestidos elegantes se suman a camisas y gafas de sol en el que se ha convertido en el conjunto por excelencia para este tipo de eventos. Una rave lo llaman. Con ese universal método B2B (back-to-back, o espalda contra espalda en castellano), el DJ combina su narrativa sonora con la de su invitado en un diálogo musical entre ambos.
De Solomun -DJ, productor y empresario, incluso- se dicen muchas cosas. Que su fiesta es única, que «la rompe», que no tiene límites. Puede parecer que no, que no los tiene. Encasillarle dentro del house o del tecno, dicen, se queda corto para definirle. «A mí lo que más me gusta es cómo mezcla los géneros, porque realmente puede combinar cinco distintos y que siga sonando muy bien», afirma Caterina, una joven de 22 años. Ella, junto a sus amigas -y al igual que la mayoría de asistentes- ya han visitado en más de una ocasión estas famosas sesiones. Esas que, se dice, se construyen como un viaje. Emocional, pero también temporal y… ¿astral? Aún con todo, quizá de lo que menos se habla es de sus álbumes de estudio, de su primer Do It Yourself (2006) a eso de Nobody is Not Loved (2021), su segundo gran disco y el que ahora se ha convertido en uno de los lemas de las sesiones. Tampoco de sus sencillos y remezclas que han definido el house contemporáneo.
Su residencia de más de 13 años en Ibiza no le impide moverse por el mundo en busca de otras cabinas, de otro público. Además de ese Solomun +1 y su All Night Long maratónico, el DJ apuesta por otros sets en grandes festivales como Tomorrowland, u otras ubicaciones históricas como el Castillo de Chambord. Varían las localizaciones, varían los asistentes, pero lo que se mantiene intacto es su esencia. Entre pasillos escondidos, iluminación estroboscópica y pantallas más decorativas que funcionales; entre terrazas, fotomatones, fosos y jardines, Pacha Ibiza se prepara un domingo más para recibir a Solomun. Esta vez, con un +1 sorpresa.
La música acelera las horas del reloj. De las 23:00 a las 06:00 horas. Ya es lunes cuando las luces se encienden y las puertas se abren de nuevo, esta vez para salir. La sesión dominical de Solomun ha terminado de nuevo. Lo que permanece es ese zumbido molesto en los oídos y esa clásica cereza de la compañía que persigue a los asistentes a cada paso que dan. «Verás la marca por todos lados», reflexiona Alberto, el conductor designado por la empresa ibicenca para transportar a artistas y trabajadores. Y añade: «Pacha ahora es un imperio». Sí, lo es. Y su emperador, un año más, responde al nombre de Solomun.
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