La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Brasil, donde se ha impuesto a Flávio Bolsonaro con el 51,79% de los votos, permitirá al veterano dirigente del Partido de los Trabajadores afrontar su cuarto mandato al frente del país. A su lado continuará Rosângela da Silva, conocida popularmente como Janja, su tercera esposa y una de las figuras más influyentes de su entorno. Socióloga, militante de izquierdas y defensora de numerosas causas sociales, la primera dama brasileña, de 60 años, ha adquirido un notable protagonismo político y mediático desde su matrimonio con Lula en 2022.
La socióloga, de 60 años, afronta un nuevo mandato junto al presidente tras consolidarse como una de las figuras con mayor protagonismo de su entorno
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Brasil, donde se ha impuesto a Flávio Bolsonaro con el 51,79% de los votos, permitirá al veterano dirigente del Partido de los Trabajadores afrontar su cuarto mandato al frente del país. A su lado continuará Rosângela da Silva, conocida popularmente como Janja, su tercera esposa y una de las figuras más influyentes de su entorno. Socióloga, militante de izquierdas y defensora de numerosas causas sociales, la primera dama brasileña, de 60 años, ha adquirido un notable protagonismo político y mediático desde su matrimonio con Lula en 2022.
Nacida en 1966 en el estado de Paraná, Janja comenzó a interesarse por la política mucho antes de convertirse en la pareja del presidente. Se afilió al Partido de los Trabajadores en 1983, cuando apenas tenía 17 años, y estudió Ciencias Sociales en la Universidad Federal de Paraná. Posteriormente amplió su formación en Historia y gestión social y desarrollo sostenible. Buena parte de su trayectoria profesional transcurrió en el sector energético, especialmente en empresas públicas como Itaipú Binacional y Eletrobras, donde desempeñó funciones relacionadas con la responsabilidad social y los programas de desarrollo.

Aunque ambos se conocían desde hacía años por su vinculación política, su historia sentimental comenzó a finales de 2017, en unas circunstancias especialmente delicadas para el dirigente brasileño. En febrero de aquel año había fallecido Marisa Letícia, su segunda esposa, con quien había compartido más de cuatro décadas de matrimonio. Según publicó la revista Istoé, el acercamiento definitivo entre Lula y Janja se produjo durante un partido de fútbol al que también asistió el célebre cantautor Chico Buarque. Aquella complicidad acabaría transformándose en una relación que durante algún tiempo permaneció alejada de los focos.
El romance tuvo que superar pronto una prueba poco habitual. En abril de 2018, Lula ingresó en prisión tras ser condenado por corrupción en el marco de la operación Lava Jato, unas sentencias que posteriormente serían anuladas. Durante los 580 días que permaneció encarcelado en Curitiba, Janja se convirtió en uno de sus principales apoyos emocionales. Lo visitó siempre que pudo y ambos mantuvieron una intensa correspondencia. Fue precisamente durante su estancia entre rejas cuando decidieron comprometerse, aunque su relación sentimental no se hizo pública hasta 2019, poco antes de que el expresidente recuperara la libertad.

El 8 de noviembre de aquel año, Lula abandonó la prisión y Janja estaba allí para recibirlo. Tres años después, el 18 de mayo de 2022, la pareja contrajo matrimonio en São Paulo durante una ceremonia privada a la que asistieron familiares, amigos y destacadas personalidades de la política y la cultura brasileñas. Él tenía 76 años y ella, 55. “¡El amor venció!”, proclamó entonces el político en sus redes sociales junto a una fotografía del momento en el que intercambiaban los anillos. Para Lula suponía su tercer matrimonio después de haber enviudado en dos ocasiones.
La primera esposa del dirigente, Maria de Lourdes da Silva, falleció en 1971, cuando estaba embarazada de siete meses. El bebé tampoco sobrevivió. Tres años después se casó con Marisa Letícia, con quien tuvo tres hijos, Fábio Luís, Sandro Luís y Luís Cláudio, además de adoptar a Marcos Cláudio, nacido de una relación anterior de ella. Lula también es padre de Lurian, fruto de otra relación. La muerte de Marisa en 2017, después de sufrir un accidente cerebrovascular, dejó al político nuevamente viudo. La llegada de Janja representó así una nueva oportunidad sentimental después de una biografía marcada por dolorosas pérdidas familiares.

Pero la socióloga nunca ha querido limitarse a su condición de esposa del presidente. Desde el regreso de Lula al Palacio de Planalto en enero de 2023, ha defendido una interpretación mucho más activa de su papel institucional. Participa en actos públicos, interviene en cuestiones sociales y ha situado entre sus prioridades la igualdad de género, la lucha contra el hambre, el combate al racismo y la protección del medioambiente. Su presencia en determinadas reuniones y viajes oficiales, así como su influencia en el círculo presidencial, han despertado críticas entre quienes consideran que ejerce un protagonismo excesivo sin ocupar un cargo electo.
Con la nueva victoria electoral de su marido, Janja se prepara para continuar desempeñando un papel destacado en la vida pública brasileña. Sus defensores celebran su compromiso social y su voluntad de modernizar una institución tradicionalmente relegada al protocolo, mientras sus detractores cuestionan los límites de su influencia. A sus 60 años, la tercera esposa de Lula ha demostrado que no está dispuesta a conformarse con una presencia meramente testimonial. Su intención es seguir ejerciendo como una primera dama con voz propia, aunque eso signifique continuar en el centro de la controversia.
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