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Los 49 días que Liz Truss gobernó el Reino Unido, entre septiembre y octubre de 2022, sirvieron para escribir en la historia británica el capítulo de una calamidad fiscal y monetaria. Truss, sucesora de Boris Johnson, era al igual que él un ejemplar del populismo conservador británico que encumbró el Brexit. Le dio por anunciar un drástico recorte de impuestos sin cuadrarlo con un tajo proporcional, por lo que el interés del bono británico se puso por las nubes, la libra esterlina se fue por los suelos, el Banco de Inglaterra tuvo que intervenir para estabilizarla y Truss hizo las maletas en Downing Street cuando casi no las había deshecho. Fue bautizada como calamity, un vocablo que no necesita demasiada traducción.
La breve historia de Truss constituyó la enésima lección de que un gobernante puede desafiar a todo y a todos en esta vida excepto al mercado de deuda. Una lección que los populistas se niegan a aprender. A Truss le ha salido una imitadora en Japón, el lugar menos pensado. Su primera ministra, Sanae Takaichi, trumpista de pro, ha convocado elecciones con el objetivo declarado de rebajar los impuestos sobre los alimentos sin explicar cómo va a contener el déficit por el otro lado de la balanza. El yen se ha hundido y el interés de los bonos nipones se han disparado con un efecto añadido: sus problemas de deuda también son nuestros problemas de deuda.
El gigantesco pasivo japonés paga desde hace décadas rendimientos muy bajos y sus ciudadanos invierten masivamente en bonos de otros países que los remuneran mejor. Como la (anti) política fiscal de Takaichi ha incrementado el tipo de interés de sus emisiones, los inversores japoneses estarán tentados de vender su deuda extranjera para comprar la nacional, con lo que el riesgo se transmite a otros mercados. A ello se añade que puedan perder a la camisa muchos inversores que practican trady trade, es decir los que se endeudan en yenes para comprar otras divisas y quedarse con el margen.
Todo este enredo debería haber sido suficiente para que la primera mujer que preside Japón tuviese una corta historia en el cargo. Sin embargo, se ha encontrado con Trump de aliado. El presidente de Estados Unidos quiere asaltar la Reserva Federal para dictar desde el salón de su casa una bajada de los tipos. Entre que lo logra o no, intenta reactivar su economía con un recorte de impuestos descomunal. El dólar se ha depreciado a toda pastilla, por ejemplo, frente al yen, que se ha estabilizado.
Son dos maniobras de corto plazo, cuyos efectos a largo ya están escritos con un vocablo anglosajón: calamity.
Actualidad Económica // elmundo
