Kim Jong-un inaugura el nuevo barrio en Pyongyang acompañado de su hija Kim Ju Ae. El líder promete honrar a los «jóvenes mártires» que «sacrificaron todo por su patria» Leer Kim Jong-un inaugura el nuevo barrio en Pyongyang acompañado de su hija Kim Ju Ae. El líder promete honrar a los «jóvenes mártires» que «sacrificaron todo por su patria» Leer
Kim Jong-un pasea por un nuevo barrio en Pyongyang, inspeccionando cada vivienda recién construida y deteniéndose frente a familias que han perdido hijos y maridos en la guerra de Ucrania. A su lado, su hija Kim Ju Ae lo acompaña en un acto cuidadosamente coreografiado. Kim promete honrar a los «jóvenes mártires» que «sacrificaron todo por su patria».
Con estas imágenes, Corea del Norte ha anunciado la finalización de un nuevo distrito residencial en la capital que está destinado a las familias de soldados norcoreanos muertos mientras combatían junto a las fuerzas rusas en Ucrania. El proyecto fue presentado por el régimen como un homenaje a los caídos en un conflicto que a los norcoreanos pilla muy lejos.
Kim aseguró que el nuevo barrio, situado en el área de Hawasong, simboliza el «espíritu y el sacrificio» de las tropas. El dictador afirmó que el objetivo es permitir que las familias en duelo «se sientan orgullosas» y puedan «vivir felices». Incluso subrayó que había presionado para terminar el proyecto con urgencia, con la esperanza de ofrecer «algún pequeño consuelo».
Este tipo de gestos encaja en la tradición propagandística norcoreana, que convierte la construcción de viviendas o monumentos en actos políticos destinados a reforzar la legitimidad del liderazgo y a proyectar la imagen de un Estado que protege a quienes sirven a la nación. En los últimos meses, Kim ha presidido otros actos en los que se han presentado esculturas y un muro conmemorativo dedicado a los soldados caídos.
Según estimaciones de fuentes de inteligencia de la vecina Corea del Sur, unos 14.000 soldados norcoreanos habrían sido desplegados en virtud de un pacto de defensa mutua firmado entre Kim y Vladimir Putin en 2024, con más de 6.000 bajas en las filas norcoreanas. El año pasado, la agencia surcoreana afirmó que creía que aproximadamente 600 habían muerto.
Según aseguraron los espías surcoreanos la semana pasada, actualmente hay unos 10.000 soldados de combate norcoreanos y 1.000 soldados de ingenieros estacionados en primera línea en la región rusa de Kursk. «Alrededor de 1.100 soldados que regresaron a Corea del Norte desde el frente en diciembre de 2025 podrían ser enviados de nuevo a Rusia para participar en la guerra», señala un informe.
Los observadores de Seúl aseguran que, en los últimos meses, Pyongyang ha continuado enviando soldados y grandes cantidades de armamento -incluida artillería y misiles- para apoyar a Rusia.
«El ejército y el pueblo de Corea del Norte apoyarán y alentarán invariablemente la causa justa del ejército y el pueblo rusos para defender su soberanía, seguridad e integridad territorial», ha manifestado en varias ocasiones el líder norcoreano.
El año pasado, los medios estatales difundieron imágenes de un compungido Kim de cuclillas abrazando a una niña huérfana de padre, un soldado que había muerto luchando en el frente de Kursk. La propaganda retrató este gesto como una prueba de la cercanía y el compromiso del líder con quienes sacrificaron sus vidas por la patria. Kim participó además en una ceremonia en la que colocó insignias sobre las fotos y uniformes de los militares fallecidos, tras lo cual se celebró un concierto y un banquete en homenaje a las tropas.
Las imágenes recientes del paseo de Kim por el nuevo barrio de Pyongyang para las familias de los soldados muertos llegan antes de que el régimen celebre un importante congreso del gobernante Partido de los Trabajadores, donde se espera que Kim anuncie sus principales objetivos políticos, económicos y militares para los próximos cinco años.
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