Han pasado siete partidos desde el 9 de enero, cuando Joan Laporta dimitió como presidente del FC Barcelona para presentarse a la reelección. El expresidente se despidió del palco del Spotify Camp Nou ante el Mallorca. También de su asiento presidencial azul, el único de ese color en todo el palco (el resto son rojos). Y también de la americana que guarda de repuesto en el armario presidencial por si, como sucedió contra el Oviedo tras el chaparrón, necesita cambiarse. Ahora la custodia Rafa Yuste, presidente en funciones hasta el 30 de junio.
El expresidente estuvo en su domicilio familiar acompañado de amigos y familia
Han pasado siete partidos desde el 9 de enero, cuando Joan Laporta dimitió como presidente del FC Barcelona para presentarse a la reelección. El expresidente se despidió del palco del Spotify Camp Nou ante el Mallorca. También de su asiento presidencial azul, el único de ese color en todo el palco (el resto son rojos). Y también de la americana que guarda de repuesto en el armario presidencial por si, como sucedió contra el Oviedo tras el chaparrón, necesita cambiarse. Ahora la custodia Rafa Yuste, presidente en funciones hasta el 30 de junio.
Mientras dura la campaña, el palco de Laporta se ha trasladado a su ático de la Diagonal de Barcelona para seguir los cuatro partidos que el Barça de Flick juega fuera de casa durante el periodo electoral. “En los partidos del Camp Nou va. Pero no tiene asiento fijo. Igual que el resto de socios, va cambiando”, cuenta su entorno.
El expresidente prefiere su casa a la sede electoral: vive los encuentros como aficionado con muchos nervios y emoción
La rutina de los partidos es sagrada. Y la ida de los octavos de final de la Champions en Newcastle no fue una excepción. Laporta dejó claro desde el primer momento a los suyos que no viajaría para ver a los de Flick a domicilio. También pactó con su equipo de campaña que, aunque tiene una agenda de actos y entrevistas muy apretada, le liberaran las tardes de partido para poder descansar después de comer y relajarse antes de que empiece a rodar el balón.
Ayer el expresidente regresó de las entrevistas de la mañana, comió, se echó una siesta y se preparó para seguir el partido con corbata y camisa. Fueron ocho personas quienes le acompañaron: dos de sus tres hijos (uno de ellos vive ahora con el expresidente porque acaba de volver de Dubái tras el estallido del conflicto bélico). También estuvieron su sobrino y su amigo y vecino Fermín, un amante de la cocina que suele ayudarle con sus platos, aunque ayer pidieron sushi por ser un día especial. Montaron la mesa antes de que empezara el partido y algunos -no Laporta- tomaron cerveza.
Al terminar el partido, como siempre, Laporta se mensajeó con Deco y Flick.
Completaron la reunión familiar tres Xavis: su hermano, Xavi Laporta; Xavi Arbós, jurista y socio del despacho Laporta & Arbós; además del exdirectivo responsable del femenino y amigo íntimo de Laporta, Xavi Puig. El expresidente tiene sus manías. Solo ve el partido sentado en alguno de los dos sillones de su salón. Aunque ha sopesado ver partidos en su sede, su entorno asegura que allí el Laporta aficionado y pasional “se pone muy nervioso”. Ayer sufrió. Y celebró como nadie el penalti que transformó Lamine en el último suspiro-
Al terminar el partido, como siempre, Laporta se mensajeó con Deco y Flick.
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