Hay que ser un escritor como Shakespeare para tratar con éxito el monumental enredo que teje y no menos para hacer una ópera sobre él Leer Hay que ser un escritor como Shakespeare para tratar con éxito el monumental enredo que teje y no menos para hacer una ópera sobre él Leer
El sueño de una noche de verano de Shakespeare es una comedia genial que sabe conjugar el mundo imaginario de las hadas, el realismo popular de los artesanos y los disparates de la pasión amorosa. Magia y realidad con ironía y poética. Hay que ser un escritor como Shakespeare para tratar con éxito el monumental enredo que teje y no menos para hacer una ópera sobre él. Benjamin Britten lo intentó con pleno éxito condensando el texto con un libreto propio y de su compañero Peter Pears en 1960 y obteniendo un rotundo resultado con una ópera fantasiosa y psicológica. Pese a su amplio elenco, es en prácticamente una ópera de cámara con una orquesta nada grande, pero con un instrumental específico capaz de evocar a la vez la etérea irrealidad de las hadas, la intensidad irracional del amor y el realismo tosco de lo popular. Tiene pasajes vocales hermosos y hallazgos musicales de primera categoría pues no en vano se considera que es la primera ópera de madurez del compositor británico.
Muy importante es aquí la puesta en escena que se confió a alguien tan solvente como Deborah Warner, triunfadora en el Real con otros montajes de Britten, singularmente un espectacular Billy Budd. Aquí logra casi siempre fundir los mundos tan diversos que se entrecruzan y cuenta con el apoyo de la escenografía práctica y aireada de Christoph Hertzen, el vestuario múltiple e imaginativo de Luis Carvalho y la iluminación de Urs Schönebaum. Teatralmente la obra funciona con mucha fortuna y eso permite que la música pueda también ir por caminos adecuados.
Desde el punto de vista musical se cuenta con un amplio elenco de voces muy adecuadas como el contratenor Iestyn Davies convincente y bien modulado como Oberón y el nada fácil papel de Titania encarnado por Lid Redpath, una soprano ligera de buena agilidad o el siempre problemático papel de Puck que se dobla con la voz de Daniel Abelson y el equilibrista y bailarín Juan Leiba Juan Leiba. Pero todos y a cada uno de los demás personajes están no solo bien escogidos y dirigidos, sino que tienen una positiva presencia vocal . En el grupo popular destaca el papel que hace de Bottom Clive Bayley y son de calidad los cuatro enamorados (Sam Furness, Jacques Imbrailo, Simone McIntosh y Jacqueline Wagner). Aunque la orquesta no sea enorme, sí es delicada y la Sinfónica de Madrid, titular del Teatro, supo lucir su calidad y flexibilidad. Regresaba como director Ivor Bolton, que fuera titular del teatro unos cuantos años, siendo acogido triunfalmente. No le vamos a negar su seguridad ni su conocimiento de Britten, aunque creo que los aspectos más realistas le van mejor que los más etéreos
pero el conjunto fue muy sobresaliente. Y sin duda la gran prestación musical fue la del coro, que no era en este caso el del Real sino un coro de niños que es lo que Britten eligió con riesgo y con una escritura nada fácil. El verdadero milagro estuvo en las voces de los Pequeños Cantores de la ORCAM, una agrupación absolutamente modélica que ha alcanzado una enorme categoría con la dirección de Ana González que ha logrado el milagro de tener un coro infantil modélico a nivel internacional. Con ellos, el Coro y Chiqicoro de Algadir y numerosos bailarines, solistas y actores tanto infantiles como adultos.
Y como la puesta en escena funcionaba y musicalmente todo estaba en su sitio, la representación transcurrió muy bien, supo llegar al público, que la acogió calurosamente, y constituyó una de las mejores realidades de la presente temporada operística. Un espectáculo que merece la pena.
Lugar: Teatro Real
Obra: ‘El sueño de una noche de verano’
Texto: de Benjamin Britten y Peter Pears sobre Shakespeare
Solistas: Pequeños Cantores de la ORCAM, Orquesta Titular del Teatro Real
Dirección de escena: Debirah Warner
Dirección musical: Ivor Bolton
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