La actriz nos atiende en su camerino de la sala La Paloma un rato antes de presentar a su amigo. El Gremi de Restauració de Barcelona ha celebrado por octava edición su fiesta en honor de santa Eulàlia, cuyo protagonista de este año ha sido Alberto San Juan. Melani Olivares (Badalona, 1973), que le hace de anfitriona, cuenta a La Vanguardia que se cruzaron por primera vez 30 años atrás en la escuela de interpretación Cristina Rota y pronto compartieron plató. Fue en la serie Este es mi barrio.
Lejos de romantizar empleos precarios, niega que la vida sea la mejor escuela: llegó a Madrid con 50.000 pesetas., se matriculó en Cristina Rota para formarse como actriz y salió adelante gracias a su esfuerzo y talento
La actriz nos atiende en su camerino de la sala La Paloma un rato antes de presentar a su amigo. El Gremi de Restauració de Barcelona ha celebrado por octava edición su fiesta en honor de santa Eulàlia, cuyo protagonista de este año ha sido Alberto San Juan. Melani Olivares (Badalona, 1973), que le hace de anfitriona, cuenta a La Vanguardia que se cruzaron por primera vez 30 años atrás en la escuela de interpretación Cristina Rota y pronto compartieron plató. Fue en la serie Este es mi barrio.
“Hacíamos de dos hermanos, hijos de Pepe Sacristán, y en un año nos dimos al incesto con la serie Más que amigos”, recuerda riendo. “La primera imagen que tengo de Alberto es entrando en la escuela con una bolsa del Pryca. Ahí llevaba su muda, su cepillo de dientes… Tenía un halo que todas iban detrás de él. Le regalé dos mochilas, pero no llegó a usarlas. Él prefería las bolsas del Pryca”.
La primera imagen que tengo de Alberto es entrando en la escuela con una bolsa del Pryca

La actriz estará siempre agradecida al personaje de Paz Bermejo en la histórica serie Aída, que Paco León devolvió a la vida hace muy poco con la taquillera película Aída y vuelta. “Fue maravilloso para mí disfrutar de una estabilidad dentro del trabajo e interpretar un personaje que además es queridísimo por el público. En realidad, lo son todos porque son perdedores, están al margen y eso siempre une mucho. Era teatro en formato serie, un entrenamiento que no veas. Yo solo tengo palabras de agradecimiento a la serie, al personaje y a mis compañeros”.
Antes de alcanzar esa estabilidad tuvo que confiar en sí misma y en que el sueño que abrazó al aterrizar en Madrid con 50.000 pesetas le saldría bien. A nadie en su entorno del barrio de Artigues le llamaba la interpretación. Se lanzó sola a la piscina. “Había trabajado como modelo en anuncios y fue por participar en el programa Leña al mono que es goma, donde había unos sketches; ahí me picó el bicho”.
Aquel dinero le dio para costearse el primer mes de escuela y el alquiler en piso compartido. Trabajó de camarera, dependienta, de lo que le salía. No es partidaria de romantizar un pasado de empleos precarios para mantenerse a flote, por más que digan que de la vida y de observar también se aprende: “Siempre preferiría aprender en un set de rodaje, no limpiando váteres, que es muy digno y también lo he hecho. A los tres meses de estar en la Rota, me cogieron en un casting y empecé la primera serie con Alberto. La siguiente fue también con él pero mientras tuve tres o cuatro meses de buscarme la vida”.
A los tres meses de estar en la Rota, me cogieron en un casting pero hasta la siguiente serie tuve tres o cuatro meses de buscarme la vida
La interpretación como oficio
Llegó de Badalona a Madrid con lo justo para comenzar teniendo claro desde el principio que debía formarse. “Esto es un oficio, esto se aprende; la formación para un actor es la base si quieres tener una continuidad, que sea una carrera de fondo y que sea tu profesión”. Por eso, dobló el lomo para continuar pagándose las clases en una de las dos mejores escuelas de interpretación del país. Alcanzó la estabilidad pero, como tantos compañeros de oficio, sabe lo que es haber pasado estrecheces. Melani habla muy claro, sin dobleces. No pretende caer bien ni mal; es genuina. Así, no comulga con eso de poner la sonrisa si la procesión va por dentro: “Como tú ahora, por ejemplo, haciendo la entrevista; igual tienes una vida personal que te va regular y delante de mí tienes que hacer como que todo va bien. Pues igual que yo si estoy en una alfombra roja y la cosa no va como yo quiero. A mí es que se me nota”. Olivares es actriz profesional: finge si se trata de un contrato, al margen de eso, es persona.
A diferencia de algunos grandes nombres de nuestro teatro, no daría una función si horas antes ha sufrido una desgracia severa. “Si te viene bien para combatir el dolor, adelante, pero yo eso de que estás mal y tienes que salir a escena… Lo siento. Mira, quienes tiene ahí un problema es el productor que deja de ganar dinero ese día. Es simplemente eso. Hace muy poco estaba haciendo una función en Madrid y me puse malísima, pero malísima al punto de que era la segunda vez en mi vida que me veo obligada a suspender algo trabajo; la otra fue en Aída por una ciática que no me podía mover. En esta ocasión estaba agarrada a la tapa del váter vomitando. No me había sentido peor jamás. Pues el machaque que recibí… Cosas inhumanas sin ninguna empatía y todo por dejar de ganar dinero. No era por el público, a quienes se les puede reubicar otro día. No. Era por el dinero. Después de esa no voy a pasar nunca más por ello”.

Después de aquellas dos series con Alberto San Juan llegarían Robles, investigador, Policías, en el corazón de la calle,De moda y otras hasta encarnar a Paz Bermejo en Aída. Más recientemente, la hemos visto en La embajada, Perdida, Benvinguts a la familia, Amar es para siempre, Beguinas y Atasco, entre otras producciones.
No me gusta etiquetarme a mí ni a los demás. Tengo una ideología, tengo una sexualidad y soy una individua independiente
A Melani Olivares, madre de tres hijos –la mayor, adoptada en Etiopía– le molestan dos cosas. La primera es que la encasillen, particularmente tras comentar en el plató de Sálvame su bisexualidad: “No me gusta etiquetarme a mí ni a los demás. Tampoco sé mostrarme de otra forma y no voy a censurarme: tengo una ideología, tengo una sexualidad y soy una individua independiente. No voy a fingir que soy otra persona para satisfacerte a ti o a quien sea”.
Me asusta la mediocridad, la ignorancia, esa gente no ve alrededor, sino solo en línea recta. Eso, al fin y al cabo, es la ola reaccionaria
La segunda es la ola ultra que amenaza con arrasar la cultura. El último ejemplo es la desafortunada interrupción de un monólogo por parte de una concejala popular en Collado Villalba: “Cuando lo vi me dije ‘Me alegro, porque les van a salir mogollón de bolos a esta gente’. Porque cuanta más censura hay, la gente más ganas tiene de verlo. Aunque en el momento, hostias… Me asusta la mediocridad, la ignorancia, esa gente no ve alrededor, sino solo en línea recta. Eso, al fin y al cabo, es la ola reaccionaria”.
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