Trump estudia una operación para capturar media tonelada de este material imprescindible para producir un arma atómica Leer Trump estudia una operación para capturar media tonelada de este material imprescindible para producir un arma atómica Leer
En Washington se ha discutido la posibilidad de una operación de fuerzas especiales para localizar y asegurar el uranio altamente enriquecido de Irán. Donald Trump, según publica The Wall Street Journal, estudia una posible operación para capturar y sacar del país media tonelada de este mineral necesario para hacer una bomba atómica. Axios también publicó que Estados Unidos e Israel habían hablado de enviar fuerzas especiales para asegurar el stock iraní, que situaban en torno a 450 kilos de uranio enriquecido al 60%. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo hace unas semanas: «Si no entregan el uranio, iremos a por él».
La idea existe, pero no significa que sea una opción sencilla. Una misión así, posiblemente con fuerzas especiales del tipo Navy SEALs o Rangers, ya desplegados en Oriente Próximo, enfrenta dos grandes desafíos: primero, encontrar el uranio; y segundo, entrar, proteger y extraer ese uranio, que permanece oculto en uno o varios búnkers. Las fuerzas especiales estadounidenses llevan años entrenándose para misiones de este tipo, pero esta podría ser una de las más arriesgadas que pueden realizarse en la actualidad.
El uranio enriquecido no es altamente radiactivo ni provoca una contaminación nuclear masiva como una bomba o un reactor accidentado. No es plutonio ni combustible gastado. Sin embargo, sí entraña riesgos reales, de otro tipo. El uranio es un metal pesado y tóxico. Si se dispersa en forma de polvo o partículas finas, puede inhalarse, contaminar suelo o agua y afectar a riñones y tejidos. Es decir: es más peligroso como tóxico químico que como fuente intensa de radiación.
Además, varios informes recientes apuntan a que una misión así difícilmente sería una simple incursión quirúrgica más allá de las líneas enemigas, al estilo de la ejecución de Bin Laden o la detención de Nicolás Maduro. Equipos de las fuerzas estadounidenses tendrían que volar hasta los lugares afectados intentando pasar desapercibidos para evitar el fuego de misiles tierra-aire. Una vez que aterricen, las tropas de infiltración deben asegurar los perímetros y buscar minas o trampas explosivas. La extracción del material requiere la intervención de personal especializado y entrenado para retirar material radiactivo de una zona de conflicto. El uranio altamente enriquecido suele guardarse en cilindros similares a tanques de buceo. Estos cilindros deberían colocarse en contenedores de transporte para protegerlos de posibles accidentes, lo que podría llenar varios camiones o varios helicópteros.
El diario The Guardian señala que Washington estudia la recuperación del material con apoyo de unidades aerotransportadas o marines, y subraya que sería una misión de semanas, sobre múltiples emplazamientos, con riesgo elevado de bajas estadounidenses. Ese mismo análisis remarca que el despliegue actual de tropas en la región (unos 8.000 militares sobre el terreno y otros 7.000 en camino) está lejos de la masa necesaria para una campaña terrestre prolongada.
La clave estratégica es esta: si el objetivo es impedir que Irán conserve una opción nuclear, entonces asegurar el uranio es muy importante. Además, una misión exitosa en la que Washington pueda presentar el uranio como premio final daría a Trump la posibilidad de cantar victoria en un contexto que se le complica día a día. El analista David Albright sostiene que, si Estados Unidos e Israel no logran hacerse con ese material, Irán podría volver a avanzar hacia la carrera atómica de nuevo con relativa rapidez. Pero si hablamos de la opción militar concreta de «arrebatárselo» con fuerzas especiales, hoy parece más una posibilidad estudiada como último recurso que un plan limpio, maduro y de ejecución fácil. En otras palabras: la idea es real; la operación, si llegara a intentarse, sería extraordinariamente peligrosa.
John J. Mearsheimer, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago, asegura que «Trump se ha dejado atrapar en el laberinto de Irán. Entró en una guerra que no puede ganar, y desde el principio fue casi obvio que este enfrentamiento era un resultado inevitable. La realidad es que tendrá que hacer concesiones importantes a la parte iraní, y, cuando se hagan esas concesiones, quedará absolutamente claro que Irán ha logrado una victoria convincente, y para Estados Unidos será una derrota humillante».
El uranio enriquecido es necesario para fabricar una bomba atómica porque sólo al aumentar la proporción del isótopo fisible (uranio-235) se puede sostener una reacción nuclear en cadena suficientemente rápida y descontrolada. El uranio natural contiene apenas un 0,7% de ese material, demasiado poco para que los neutrones liberados al fisionarse un átomo provoquen una reacción explosiva. Al enriquecerlo hasta niveles altos, se concentra el U-235 hasta el punto de que, al reunirse una masa crítica, los neutrones desencadenan una cascada de fisiones casi instantánea que libera una enorme cantidad de energía en forma de explosión. Es el corazón de una bomba atómica.
Los servicios de Inteligencia (sobre todo el Mossad y la CIA) saben en qué tipo de instalaciones se guarda este uranio enriquecido iraní, pero no se conoce con total certeza su ubicación exacta ni su distribución actual. Varios satélites han fotografiado camiones con contenedores azules preparados para transportar este tipo de material, pero nadie sabe si llevan el uranio o son movimientos de distracción.
Isfahán es el principal centro de conversión y almacenamiento. Natanz es la gran planta de enriquecimiento, con instalaciones subterráneas. Fordow es una instalación profundamente enterrada dentro de una montaña. Las tres han sido bombardeadas, aunque poseen instalaciones secretas en las que podría estar repartido este material. Si el mineral está en una sola localización, podría contar con el factor sorpresa, pero, si está repartido en varias, esa ventaja se pierde.
Mientras, Donald Trump ha seguido amenazando a Irán para que abra el Estrecho de Ormuz: «Si no se abre inmediatamente al tráfico marítimo, concluiremos nuestra estancia en Irán destruyendo por completo todas sus centrales eléctricas, pozos petrolíferos y la isla de Jark». La realidad es que el Estrecho se abre, pero no para los barcos occidentales, sino para sus propios petroleros y los de China. Varios buques de la naviera Cosco que intentaron pasar el bloqueo hace unos días al fin recibieron ayer el visto bueno de Teherán y ya navegan hacia sus puertos. Fuentes en Irán aseguran que el Gobierno ya está cobrando una tasa de dos millones de dólares en yuanes y que ha convertido la isla de Larak en una especie de aduana. Es decir, que el régimen de los ayatolás vende más petróleo que antes, más caro y, además, tiene más ingresos que antes gracias al levantamiento de las sanciones por parte de Washington.
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