El partido ‘morado’ da un volantazo a su estrategia y, a cuatro días de la fecha límite, trata de unirse a la desesperada a la coalición levantando por primera vez el veto a Sumar, para no quedarse otra vez solo Leer El partido ‘morado’ da un volantazo a su estrategia y, a cuatro días de la fecha límite, trata de unirse a la desesperada a la coalición levantando por primera vez el veto a Sumar, para no quedarse otra vez solo Leer España // elmundo
Los «catastróficos» resultados en las elecciones de Aragón (0,9% de los votos) y de Castilla y León (0,7%), unido a una enorme presión interna, han derrumbado el último muro de Podemos por la unidad de la izquierda alternativa. El partido morado ha dado ahora un volantazo a su estrategia y, a cuatro días de la fecha límite, trata de subirse a la desesperada a la coalición que encabeza IU para las elecciones de Andalucía, levantando por primera vez en dos años el veto a Sumar, para no quedarse otra vez solo.
No está claro si este giro del rumbo puede consumarse en un acuerdo para que Podemos se reintegre en la coalición Por Andalucía, porque tras las oferta de «mano tendida» de ayer a IU, que ejerce de líder y motor de la candidatura, hay mucha tierra quemada que lo dificulta.
La tierra que está calcinada después de 18 meses en los que Podemos ha ido despreciando cada invitación a participar. Y es que, la construcción de la coalición Por Andalucía no comenzó ayer, ni hace una semana. Sino que arrancó en octubre de 2024. Desde entonces ha ido completando hitos, trenzando acuerdos, elaborando un programa, eligiendo candidatos por provincias y consagrando a Antonio Maíllo como su líder. Esto último ocurrió en noviembre. Hace cuatro meses.
El ninguneo a permanecer en la alianza Por Andalucía donde Podemos estuvo en las elecciones de 2022 y donde se ha mantenido, con sus tensiones, hasta el último día de la legislatura en el Parlamento, también ha generado tierra quemada en las propias filas de los morados. Por eso, ahora mismo, Podemos Andalucía es un partido roto, según afirman fuentes internas. Una parte de su Ejecutiva, elegida en diciembre de 2024, está casi fuera.
Su coordinadora, Raquel Martínez, se ha desgañitado pidiendo un pacto de unidad. Y su principal activo político, el diputado cordobés José Manuel Jurado, se hartó y dimitió de la dirección lamentando la estrategia dictada por Madrid. Ahora, por cierto, se hace fotos con Maíllo.
El pasado mes de agosto, cinco altos dirigentes de Podemos Andalucía, entre ellos Martínez y Jurado, desafiaron a su partido y firmaron un manifiesto por la unidad de la izquierda para las elecciones andaluzas, en referencia a IU y Sumar. También estaba Diego Cañamero. La reacción de otros cuadros de Podemos contra sus compañeros fue feroz. Se les hicieron reproches como estos:«no eres más que un vulgar individualista»;«te debes, te guste más o te guste menos, a ese partido [por Podemos]». Aunque seguro que uno de los más duro fue éste: «Son unos muertos de hambre que ven peligrar sus sillones».
En esta difícil situación está Podemos: presionado por el riesgo de sacar un resultado muy malo si va en solitario, que dinamite las esperanzas de Irene Montero en las elecciones generales, y condicionado a la vez por su desmoronamiento como organización en Andalucía.
Enfrente, hay un espacio que recela mucho de las intenciones de los morados y que sospecha que este movimiento se trata de una maniobra para ganar el relato de que si no ha habido unidad en Andalucía no ha sido por culpa de Podemos, sino de IU y los demás.
La rueda de prensa que ayer dio el portavoz nacional de los morados, Pablo Fernández, ofreciendo públicamente ese acuerdo a IU y declarando que su partido no sólo no pone condiciones, sino que acepta entrar en la candidatura de Por Andalucía, con Antonio Maíllo de candidato -o sea, sin celebrar primarias- y con Sumar dentro de la alianza, provocó el silencio de IU. Las fuentes consultadas tan sólo dijeron que rechazaban «alimentar un espectáculo» entrando a dialogar con ellos a través de los medios. Todo queda ahora, pues, en el terreno de la discreción y de los contactos que se puedan llevar a cabo.
La realidad es que Podemos no tiene tiempo que perder. El plazo límite para registrar las coaliciones electorales concluye a las 23.59 horas del 3 de abril, Viernes Santo. Por tanto la negociación se tiene que dar a toda velocidad. Pues, a discutir, hay aspectos cruciales como qué puesto de salida se le puede ofrecer a Podemos -con todos ellos ya adjudicados y negociados también con otros partidos- o cuál es el reparto de dinero y de asesores en el futuro grupo parlamentario andaluz.
Hay una máxima que repiten en público y en privado los dirigentes de IU: «Nosotros somos gente seria». Esta afirmación viene a clarificar que en ningún caso se va a repetir el sainete de 2022, cuando el registro de la coalición Por Andalucía con Podemos no llegó a tiempo a la Junta Electoral y el partido morado se quedó oficialmente fuera. Es cierto que IU respetó los términos de ese acuerdo a pesar de todo, pero la imagen fue tan negativa que nadie en los partidos se ha olvidado y, de ahí, que la conjura sea no repetir en ningún caso esa negociación in extremis. Lo que tenga que ser, se dice, no se hará a última hora.
En medio de todo esto, hay un cambio radical en la situación de Movimiento Sumar. El partido de Yolanda Díaz había sido vetado por Podemos en anteriores elecciones y por eso no hubo unidad en Aragón o Castilla y León. Ayer, la dirección celebraba el volantazo de los morados: «Es una buena noticia para el conjunto del espacio progresista». Si hubiera pacto, se abre la puerta a hacerlo en las generales.
