Teherán advierte que cualquier ataque que intente derrocar al régimen o reabrir el Estrecho de Ormuz será «una tumba» para Washington y Tel Aviv Leer Teherán advierte que cualquier ataque que intente derrocar al régimen o reabrir el Estrecho de Ormuz será «una tumba» para Washington y Tel Aviv Leer
Estados Unidos ha elevado la tensión con Irán este martes, con un ataque aéreo en la ciudad central de Isfahán, al oeste de Teherán, centro neurálgico de la industria de Defensa del país. Mientras la región contiene la respiración esperando un acuerdo in extremis entre Washington y Teherán que ponga fin a la guerra, la Administración de Donald Trump ordenó el lanzamiento de bombas antibúnker de 900 kilos en varios puntos de la ciudad, que causaron columnas de humo que fueron detectadas incluso por los satélites de seguimiento de la NASA.
La agencia espacial estadounidense analizó las imágenes de los ataques y sugirió que los bombardeos podrían haber afectado una zona cercana al monte de Soffeh, que alberga bases militares. «Las investigaciones iniciales indican que algunos emplazamientos militares en Isfahán fueron el objetivo», admitió después Akbar Salehi, un funcionario de seguridad provincial, que no dio detalles sobre el alcance de los daños en las instalaciones de defensa del país.
Isfahán es el corazón de la industria armamentística del país y alberga además, una de las tres principales instalaciones de enriquecimiento de uranio, que fue bombardeada por Washington durante la Guerra de 12 días entre Irán e Israel en junio del año pasado. En aquel momento, anticipándose a una posible agresión militar, Irán trasladó los 400 kilos de uranio enriquecido que posee a un lugar más seguro. Sin embargo, varios expertos apuntan que parte del uranio enriquecido se encuentra en una instalación subterránea en Isfahán. La Casa Blanca sopesa llevar a cabo una incursión terrestre para incautar el material, según revelaron varios funcionarios al medio Axios. Poco después del ataque, Teherán aseguró haber derribado un dron estadounidense cerca de Isfahán.
El ataque en Isfahán podría tratarse de una advertencia al régimen para que acepte las condiciones impuestas por Trump para poner fin a la guerra, ya que se produjo horas después de que el presidente estadounidense amenazara golpear la infraestructura energética, militar y otros recursos vitales del país si no se alcanza una salida diplomática «en breve».
Por otro lado, la Guardia Revolucionaria iraní ha anunciado que atacará a empresas estadounidenses en la región a partir del 1 de abril en represalia por los ataques contra Irán, según informaron medios estatales. Las 18 empresas incluidas en la amenaza de la Guardia Revolucionaria son Microsoft, Google, Apple, Intel, IBM, Tesla y Boeing, informa Reuters.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha declarado que su país está «dispuesto a negociar con bombas» si no se alcanza un acuerdo pronto y no descartó llevar a cabo una incursión terrestre en Irán, tras la especulación de una posible invasión con el envío de miles de tropas a Oriente Próximo. «Si fuera necesario, podríamos poner en práctica esas opciones… o tal vez no tengamos que usarlas en absoluto», ha asegurado. «La clave está en ser impredecibles en ese sentido», aseguró. Trump por su parte, ha afirmado este martes que podría no intervenir en el país para reabrir el Estrecho de Ormuz y animó a los países que no pueden acceder al petróleo a «aprender a luchar por sí mismos».
El portavoz del ejército iraní, Ebrahim Zolfaghari, advirtió a Washington que los intentos de «subyugar a Irán» pueden provocar «errores de cálculo estratégicos» y aseguró que si Washington o Tel Aviv intentan derrocar al régimen o hacerse con el control del Estrecho de Ormuz, estas operaciones «les llevarán a la tumba». En medio de la escalada de amenazas, la Guardia Revolucionaria confirmó la muerte del general Jamshid Eshaghi y su familia en un ataque aéreo, aunque no dio detalles sobre las circunstancias de la agresión. Esta semana también admitió la muerte del jefe de la unidad naval de la Guardia Revolucionaria, el almirante Alireza Tangsiri, días después de que Israel reivindicara el éxito de un ataque aéreo contra el militar.
La comunicación entre Teherán y Washington a través de países mediadores -Turquía, Pakistán y Egipto- parece estancada tras una semana de esfuerzos diplomáticos para lograr avances. El martes, Islamabad y Beijing publicaron una propuesta conjunta para poner fin al conflicto, en la que urge el cese inmediato de los ataques, la protección de civiles en la región y la reapertura total del tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, negó que haya avances en las conversaciones y desmintió que su país haya lanzado misiles contra Turquía, uno de los actores mediadores en el conflicto, después de que Ankara anunciara que los sistemas de defensa de la OTAN derribaron un cuarto misil balístico que entró en el espacio aéreo del país. En una conversación con el gobierno turco, Araghchi aseguró que el ataque se trata de «una operación de falsa bandera de los enemigos», apuntando a un ataque israelí-estadounidense para culpar a Teherán. El régimen insiste en desmentir la autoría de los ataques y ha ofrecido a Turquía la apertura de una investigación conjunta para esclarecer los incidentes.
Los ataques estadounidenses no se limitaron a las estructuras energéticas y de Defensa iraníes. Este martes también ha sido bombardeado uno de los principales centros de investigación farmacéutica del país en Teherán, donde se producen medicamentos contra el cáncer. Los ataques contra la capital afectaron a zonas densamente pobladas, causando al menos una decena de muertos y más de un centenar de heridos. La Media Luna Roja iraní llevó a cabo operaciones de rescate en la capital y en la ciudad noroccidental de Zanjan, donde un bombardeo derrumbó casi por completo un edificio residencial. Desde el inicio de la guerra, los ataques israelí-estadounidenses han causado 1.900 muertos y millones de desplazados internos en el país.
Los bombardeos también han afectado lugares patrimoniales protegidos por la Unesco, principalmente en Teherán y la ciudad de Isfahán. En el primer mes de conflicto, 54 de los 114 lugares históricos catalogados por la institución de Naciones Unidas han resultado dañados por los ataques, entre ellos el palacio de Golestán en Teherán, una estructura con 400 años de antigüedad. Este martes, el secretario general iraní para la Unesco, declaró que los daños en la capital e Isfahán han sido «enormes».
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