La fama tiene la capacidad de transformar vidas, pero no está hecha para todo el mundo. Lleva implícita una exposición mediática que muchos aceptan como el peaje necesario para cumplir su vocación. Sin embargo, ese brillo no solo ilumina a los protagonistas, sino que condiciona de forma directa el camino de sus hijos. Para muchos de estos herederos, el apellido no representa un privilegio, sino una carga de la que deciden desprenderse para encontrar su propia identidad o para recuperar su anonimato robado.
El fenómeno de los descendientes de rostros conocidos a nivel nacional e internacional que deciden buscar su propio camino, muchos de ellos en el anonimato
La fama tiene la capacidad de transformar vidas, pero no está hecha para todo el mundo. Lleva implícita una exposición mediática que muchos aceptan como el peaje necesario para cumplir su vocación. Sin embargo, ese brillo no solo ilumina a los protagonistas, sino que condiciona de forma directa el camino de sus hijos. Para muchos de estos herederos, el apellido no representa un privilegio, sino una carga de la que deciden desprenderse para encontrar su propia identidad o para recuperar su anonimato robado.
Un ejemplo claro es el de Shiloh Jolie quien, tras cumplir la mayoría de edad, decidió erradicar la presencia de su padre, Brad Pitt, de su nombre debido a los problemas que este mantuvo con Angelina Jolie. Pero su voluntad de independencia va más allá de lo personal: parece dispuesta a desligarse también de la sombra profesional de su madre. Por ello, en su debut como actriz de videoclip, mantuvo sus raíces bajo estricto secreto. La sorpresa de los productores de What’s a girl to do, de la cantante de K-Pop Dayoung, fue mayúscula al descubrir que la primera hija natural de las estrellas de Hollywood formaba parte del proyecto. Tras superar el proceso de casting y completar el rodaje como una desconocida, la verdad salió a la luz, confirmando que su prioridad era ser valorada únicamente por su trabajo.

Esa búsqueda de una vida auténtica la comparte Benjamin Ford. El hijo de Harrison Ford prefirió seguir los pasos de su madre, Mary Marquardt, y convertirse en chef. Lo mismo hizo el resto de sus hijos, quienes han terminado trabajando en ámbitos tan dispares como la música o la conservación ambiental. Un camino alejado de la gran pantalla que han seguido también Isabella y Connor Cruise, hijos de Tom Cruise y Nicole Kidman; ambos quisieron dejar atrás los focos para dedicarse al arte y a la pesca respectivamente. Lo mismo ha hecho Jack Depp, hijo de Johnny Depp, quien hasta hace unos meses trabajaba como camarero en un restaurante libanés.
Pero hay otros rostros que sí quisieron darle una oportunidad al trabajo de sus padres, aunque se dieron cuenta rápidamente de que no era lo suyo. Raphael De Niro, hijo de Robert De Niro, se ha centrado en su papel como reconocido agente inmobiliario de lujo y empresario, después de haber probado suerte con pequeños papeles en el cine. Una decisión similar a la de Truman Hanks, quien tras debutar en la gran pantalla junto a su padre, Tom Hanks, prefirió refugiarse en el equipo técnico y de producción, demostrando que prefiere forjar su propia carrera desde la retaguardia.

Aunque también existen ejemplos de hijos de famosos que quieren erradicar por completo su origen. Vivian Jenna Wilson, la hija de Elon Musk, se desligó del magnate tecnológico por la falta de apoyo recibido hacia su identidad transgénero. Esta situación la ha llevado a mantenerse alejada del imperio empresarial de su progenitor.
Esta necesidad de marcar diferencia también se ve reflejada en rostros españoles. Rocío Crusset es una de ellas. Pese a querer formar parte del panorama mediático como modelo, tomó la decisión de apartarse de la marca de sus padres, Mariló Montero y Carlos Herrera, para poder brillar con luz propia.
La hija de Belén Estaban o varios hijos de Mar Flores siguen el mismo camino
Pero uno de los casos nacionales más sonados es el de Andrea Janeiro. Tras salir su nombre a relucir en innumerables ocasiones, en cuanto la hija de Belén Esteban y Jesulín de Ubrique cumplió los 18 años, batalló legalmente para ser reconocida como ciudadana anónima.

A ella se unen otros hijos de famosos como los de Mar Flores. A diferencia de Carlo Costanzia, y hasta el momento, Mauro y Beltrán —los únicos con mayoría de edad— se mantienen fuera de los platós de televisión. Y en cuanto al mundo de la música, está el ejemplo de la hija mayor de Alejandro Sanz, Manuela, que se dedica al mundo empresarial y de la moda. Son caminos muy dispares que ponen sobre la mesa una realidad común: la necesidad vital de construir una identidad propia cuando la sombra de la fama de los padres es demasiado alargada.
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