La startup propiedad de Legálitas ha resuelto desde su lanzamiento más de un millón de consultas y da paz al ciudadano enfrascado en un problema jurídico: cuando acude a un abogado, ya sabe de qué va la película gracias a este traductor gratuito. Leer La startup propiedad de Legálitas ha resuelto desde su lanzamiento más de un millón de consultas y da paz al ciudadano enfrascado en un problema jurídico: cuando acude a un abogado, ya sabe de qué va la película gracias a este traductor gratuito. Leer
Legálitas tiene pedigrí en la confluencia entre abogacía y tecnología. Fundada en 1999, esta legaltech superó en 2024, según Expansión, los 66 millones de euros de facturación, situándose entre los diez bufetes más relevantes de España. Dirigida por Luis del Pozo, la compañía, fiel a su naturaleza innovadora, lleva tiempo midiendo el extraordinario estirón de la inteligencia artificial y ha decidido mover ficha. El resultado es una suerte de spin-off de la matriz, o una startup que capitanea Josep Miret, ex CEO de LegalBrave, y se presentó en sociedad a mediados de mes. Álex, en realidad, existe desde mayo de 2025, pero sus rectores han preferido rodarla primero y desvelarla sólo cuando los números acreditasen de verdad su desempeño.
Lo que Legálitas desactiva a través de Álex es el miedo que suele atenazar al ciudadano de a pie cuando se enfrenta a un problema jurídico. La figura del abogado, admite Del Pozo, está mal vista porque sólo se recurre a ella «cuando hay un conflicto judicial. Nadie va a ver a un abogado para redactar un contrato de alquiler, sino cuando tiene un problema susceptible de acabar en los tribunales. Hay que pedir una cita, son servicios que obviamente acarrean un coste y es muy raro que se utilicen para la prevención. Sin embargo, esto es como pensar que al médico hay que acudir únicamente cuando se tiene cáncer, pero no para anticiparse a un susto». Álex rompe de algún modo esa desconfianza instintiva hacia el letrado mediante un chatbot que funciona de manera similar al sempiterno ChatGPT o al modo IA del buscador de Google: uno introduce su duda y el agente contesta, advirtiendo que puede cometer errores y que hará saber al usuario cuándo cree razonable o necesario que recurra a un abogado de carne y hueso.
Aporta otro dato Miret: «El 82% de la población considera que el lenguaje legal es complejo y difícil de entender. Álex permite digerir la información, actúa como una especie de traductor, explica la ley como un abogado se la explicaría a un niño o una abuela. Sabiendo que tradicionalmente la experiencia de visitar un despacho era pesada, hemos buscado un tono más cercano». Complementa Del Pozo: «Esta cultura existía ya en Legálitas. Insistimos mucho a nuestros abogados para que hablen claro. Por supuesto que esa llaneza o un emoticono son compatibles con el rigor jurídico». De hecho, se nota que Álex tiene muy en cuenta al usuario más joven, habituado a otra jerga y a un desenfado que no son normalmente seña de identidad en la esfera del Derecho. «Lo que pretendemos es cubrir ese vacío tan grande que se revela entre la comprensión del problema legal y la necesidad de contratar a un profesional. El 70% de los españoles acude a fuentes informales para recibir una asesoría preliminar. Álex es un puente fantástico entre aquellos dos estadios y aporta mucha más seguridad», remota el CEO de la startup.
El bagaje de Álex incluye, desde su debut hace diez meses, más de 550.000 usuarios, cerca de 300.000 descargas de la app (disponible tanto en Android como en iOS), más de un millón de consultas resueltas y alrededor de 15.000 consultas al día. El modelo, describen Del Pozo y Miret, es escalable y replicable en otros países. Probablemente dejará de ser gratis y evolucionará hacia un esquema freemium más adelante, quedando las consultas sencillas al alcance de todos y creándose suscripciones y pagos por uso cuando se recurra a herramientas más sofisticadas. «Estos números demuestran que la gente precisaba de una solución así», concluyen.
Legálitas posee el 100% del capital de Álex, pero le otorga libertad operativa. Miret dispone de un equipo de ocho personas más otras ocho de la división IT de la matriz. De momento, no se plantea la posibilidad de acudir a los inversores en busca de una ronda. La ventaja competitiva de esta IA, «agnóstica desde el punto de vista de los LLM (grandes modelos de lenguaje)», aunque más apalancada por ahora en Gemini, es que se beneficia de los recursos legales amasados por Legálitas durante sus más de 25 años de singladura. «Están, claro, la jurisprudencia, los convenios colectivos, la normativa. Y la plataforma ha tenido acceso a los más de cinco millones de casos resueltos por los 800 abogados de la empresa. Además, este conocimiento se alimenta y actualiza a diario. Álex bebe de ese abogado veterano que sabe interpretar la ley, conoce la jerga jurídica y resuelve la duda», dice Miret. «Lo que el LLM proporciona es la capacidad de hablar con un lenguaje natural, pero el valor añadido, frente a los modelos generalistas, cada vez está más en los datos propietarios. Esas bases de datos únicas son oro», añade Del Pozo.
Hay dos elementos que determinan si Álex es el copiloto ideal o no en el mundillo de las congojas y curiosidades jurídicas. Uno es la complejidad técnica de la consulta. Álex puede reclamar una multa de tráfico sin despeinarse, por ejemplo, pero no puede ponerse de acuerdo en un litigio con un contrario. Incluso si resuelve la cuestión que se le plantea, puede entrar en juego el segundo factor: la presencia humana se hace inexorable cuando la persona se disputa la custodia de un hijo o un desahucio. «Las consultas de menor impacto son cosa de Álex, las de mayor impacto se canalizan a través de un abogado», resumen los entrevistados. Álex alimenta así de negocio a Legálitas y su red de despachos más especializados y de nicho con una enorme ventaja, pues en ese proceso de consultoría internáutica el futuro cliente acudirá al bufete mucho más tranquilizado. Lo ininteligible ha sido desvestido y digerido y ahora el interesado sabe de qué va el asunto.
No observa Luis del Pozo, CEO de Legálitas, una amenaza de la IA hacia la abogacía. «Con cada revolución tecnológica aumenta la productividad y evolucionan las profesiones. El efecto de la IA es aún mayor que el que produjo el ordenador. Si bien el abogado que no se adapte estará muerto, quien sí lo haga estará mucho mejor rodeado de herramientas para hacer bien su trabajo. En este oficio no se va a destruir empleo».
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