Comenzó su trayectoria televisiva de la mano de Ana Rosa Quintana y, 15 años después, sigue ligada a la periodista como uno de los rostros estrella de su productora. Ana Terradillos ha consolidado su posición en la parrilla con La mirada crítica, espacio que la ha catapultado a la terna de mejores presentadoras de actualidad para la Academia de Televisión. Su nominación a los Premios Iris 2025, cuya gala se celebrará el próximo 16 de febrero en el Teatro Real, supone el reconocimiento institucional a una carrera forjada entre los micrófonos de la Cadena SER y el asfalto de las zonas de conflicto.
Convertida en baluarte de las mañanas de Mediaset y recientemente nominada a los Premios Iris, la periodista donostiarra compagina su rigor informativo frente a las cámaras con una discreta rutina marcada por el arte y su refugio en el norte
Comenzó su trayectoria televisiva de la mano de Ana Rosa Quintana y, 15 años después, sigue ligada a la periodista como uno de los rostros estrella de su productora. Ana Terradillos ha consolidado su posición en la parrilla con La mirada crítica, espacio que la ha catapultado a la terna de mejores presentadoras de actualidad para la Academia de Televisión. Su nominación a los Premios Iris 2025, cuya gala se celebrará el próximo 16 de febrero en el Teatro Real, supone el reconocimiento institucional a una carrera forjada entre los micrófonos de la Cadena SER y el asfalto de las zonas de conflicto.
Sin embargo, tras la imagen de analista imperturbable que proyecta cada mañana desde las ocho, se esconde una mujer de contrastes que huye de los artificios. Licenciada en Periodismo y Ciencias Políticas, Terradillos ha sabido transmutar su perfil de especialista en terrorismo en el de una comunicadora todoterreno. Aunque hoy es apodada por algunos como la “princesa de las mañanas”, su ADN profesional se gestó lejos del maquillaje y los focos, en escenarios donde el riesgo era la única constante y la seguridad un lujo inexistente.
“Era una kamikaze”
De la guerra de Irak a su especialización en terrorismo internacional
Antes de liderar los debates políticos de Telecinco, la periodista se curtió como corresponsal en Oriente Próximo. En 2003 no dudó en viajar a Irak, una decisión que ella misma calificaría años después como “kamikaze” al admitir que aceptó el reto sin evaluar el peligro real. “Quizás ahora soy más miedosa; siempre me he enfrentado a estas situaciones con respeto y sentido común”, confesaba en una entrevista a Diez Minutos. Esa etapa la llevó a Gaza, Líbano y Siria, cubriendo los movimientos de grupos como Hamás o Hezbolá bajo una premisa de riesgo permanente.

Este bagaje internacional derivó en una especialización profunda en terrorismo, centrada especialmente en ETA. Para la comunicadora, anunciar el fin de la banda fue “la noticia más bonita” de su vida. Su compromiso con el relato de las víctimas quedó plasmado en su libro Vivir después de matar. Esta labor de investigación y memoria le valió la Cruz de la Dignidad de la AVT, un reconocimiento que subraya la seriedad de una trayectoria que, en ocasiones, se ha visto salpicada por la polémica debido a sus conversaciones con el excomisario Villarejo.
Inseparables
Su sólido compromiso con Jorge Alcolea y su vida familiar sin hijos
En el plano sentimental, Terradillos disfruta de una estabilidad que dura ya años junto al galerista catalán Jorge Alcolea. Aunque no han pasado por el altar, ella se refiere a él cariñosamente como su “marido” y lo define como un pilar fundamental que se siente “muy orgulloso” de su carrera. La pareja comparte su vida en Madrid con Trufa, una perra adoptada que protagoniza anécdotas domésticas. “Mi chico está todo el día con el robot limpiador y me tiene frita porque a mi perrita le da mucho miedo”, comentaba con naturalidad en pleno directo.

La presentadora ha optado por no tener descendencia, una circunstancia que comparte con su única hermana. “Somos cuatro gatos: mis padres, ella y yo”, explica sobre su núcleo familiar. Fuera de los estudios de Fuencarral, sus pasiones son sencillas: el mar, el arte contemporáneo que gestiona su pareja en sus galerías de Madrid y Barcelona, y su lealtad inquebrantable a la Real Sociedad. Siempre que puede, escapa a su San Sebastián natal para disfrutar de unos pintxos en La Concha, reivindicando una vida sin filtros ni artificios digitales.
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