Las princesas Beatriz y Eugenia enfrentan un futuro incierto tras la caída en picado de sus padres, el expríncipe Andrés de York y Sarah Ferguson, por sus contactos con el difunto Jeffrey Epstein y por un posible vínculo propio con el pedófilo. Retratadas durante años como inglesas mimadas con serios conflictos con la moda —se ganaron el apodo de hermanastras de Cenicienta por sus conjuntos en la boda de los príncipes de Gales en el 2011—, las sobrinas de Carlos III vivieron su particular redención de imagen pública con sus bodas en el 2020 y el 2018. Pero en las últimas semanas se ha puesto en duda su posición, no solo por los contactos de sus padres, sino porque sus nombres aparecen también varias veces en los archivos de Epstein.
Las sobrinas más visibles de Carlos III enfrentan la caída de sus padres y las dudas sobre su posible relación con el pedófilo
Las princesas Beatriz y Eugenia enfrentan un futuro incierto tras la caída en picado de sus padres, el expríncipe Andrés de York y Sarah Ferguson, por sus contactos con el difunto Jeffrey Epstein y por un posible vínculo propio con el pedófilo. Retratadas durante años como inglesas mimadas con serios conflictos con la moda —se ganaron el apodo de hermanastras de Cenicienta por sus conjuntos en la boda de los príncipes de Gales en el 2011—, las sobrinas de Carlos III vivieron su particular redención de imagen pública con sus bodas en el 2020 y el 2018. Pero en las últimas semanas se ha puesto en duda su posición, no solo por los contactos de sus padres, sino porque sus nombres aparecen también varias veces en los archivos de Epstein.
En las últimas semanas se les ha prohibido acudir a actos relacionados con la familia real británica, como el Royal Ascot el próximo junio, una decisión que dicen las ha cogido por sorpresa, pero que podría significar el fin de sus vidas públicas como miembros de los Windsor. Mientras siguen las dudas sobre el alcance de su relación con el pedófilo, incluyendo vínculos financieros, algunos tabloides británicos ya hablan de la brecha entre las hermanas y los príncipes de Gales, quienes, al parecer, quieren mantener distancia hasta que se aclaren los detalles de cualquier vínculo.

Andrew Mountbatten-Windsor fue arrestado bajo sospecha de mala conducta en un cargo público el 19 de febrero, mientras las autoridades investigan si compartió información confidencial con Epstein mientras se desempeñaba como enviado comercial para el Reino Unido. Por su parte, según la última tanda de revelaciones de los archivos de Epstein, Sarah Ferguson se esforzó en mantener contacto con el delincuente sexual convicto después de su liberación de prisión en el 2009 en medio de dificultades económicas.
Al igual que el de sus padres, el nombre de las hermanas también aparece en los archivos, incluyendo una referencia a un almuerzo con Epstein y su madre en su mansión de Palm Beach, en Florida, tras la liberación del pedófilo en el 2009. Y otros correos electrónicos posteriores alegan que Epstein solicitó a las hermanas visitas al palacio para sus conocidos que estaban de visita en Londres, lo que plantea interrogantes sobre cómo gestionaba la familia York las entradas y salidas de invitados a residencias reales de los Windsor.

Los títulos de Beatriz y Eugenia no se vieron afectados cuando se retiraron los honores a su padre en otoño del 2025, pero existen dudas sobre su posición actual en la familia real británica tras prohibírseles la asistencia al Royal Ascot, considerado uno de los actos más familiares y alcanzables a los que asiste la familia real británica anualmente. Ellas son las únicas nietas de Isabel II, sin contar los hijos de Carlos III, que tienen título de princesas, pues los otros hermanos del actual monarca, los príncipes Ana y Eduardo, no quisieron para sus hijos esa distinción.
Las críticas de que las hermanas York trabajaban muy poco y disfrutaban demasiadas vacaciones durante su juventud fueron a menudo desestimadas como injustas pese a evidenciarse su vida de lujos mucho más vistosa que la de sus primos Guillermo y Enrique. Tanto Beatriz como Eugenia asistieron a la universidad y desarrollaron carreras profesionales, aunque su estatus real inevitablemente influyó en las oportunidades que se les ofrecían, y poco se habla de que sus trabajos actuales y relaciones con clientes se basan en ser princesas del Reino Unido. Beatriz se forjó una carrera en colaboraciones tecnológicas internacionales; y Eugenia ha trabajado en el mundo del arte y colaborado con el Colectivo Antiesclavista, cuyas misiones incluyen acabar con la explotación sexual.

Actualmente mantienen residencias bajo el paraguas de la familia real británica en el palacio de Kensington y el palacio de St. James a pesar de no ejercer funciones reales, un acuerdo que, según se dice, su padre presionó para conseguir.
Andrés también presionó para que su hija Eugenia tuviera una boda de cuento en el castillo de Windsor, equiparable a la del príncipe Enrique, cuando su propio escándalo Epstein eran solo rumores sin confirmar. Y para la boda de su primogénita, Beatriz, cuando el escándalo ya era manifiesto, pudieron culpar al coronavirus y celebrarla en la más estricta intimidad en el castillo de Windsor con la presencia de sus abuelos, la reina Isabel II y el duque de Edimburgo, junto a un pequeño grupo de invitados. Más que un cuento de hadas, los preparativos de la boda fueron una película de terror, llegando a cancelarse todo lo planeado y anunciándose a posteriori.

Beatriz, de 37 años, y Eugenia, de 35, vivieron una infancia lujosa incluso para los estándares de la realeza y fueron criadas con la premisa de que ese estatus real les perduraría. Un amigo de la familia declaró a la revista People para el artículo de su portada de esta semana que ambas “quieren conservar su estatus real. Es su identidad”. Es algo intrínseco a la realeza aferrarse al estatus cuando todo se desmorona, pero lo cierto es que a Beatriz y Eugenia les queda mucho camino todavía para perderlo todo como les ha ocurrido a sus padres.
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