Cada regreso del Tour de Francia a Orcières-Merlette devuelve la memoria a aquella tarde de 1971 en la que Luis Ocaña hizo historia. Para muchos, aquella sigue siendo la gesta más importante del ciclismo moderno. Por la envergadura del escenario, por las diferencias generadas y, sobre todo, por los rivales derrotados, fundamentalmente el inabarcable Eddie Merckx. Se marchó Ocaña cuando todavía quedaba una eternidad por delante (60 km) y los minutos fueron cayendo uno tras otro hasta los 8m40s definitivos. Ni siquiera cuando desde el coche le insinuaron que ya era suficiente para vestirse de amarillo renunció a seguir aumentando la ventaja. Demostró el campeón español, un genio con sus propios fantasmas, que incluso el corredor más dominante podía ser derrotado, hasta humillado. “Luis Ocaña nos ha matado a todos hoy, como el Cordobés mata a sus toros”, reconoció Eddy Merckx después de la etapa, en una frase recogida al día siguiente por La Vanguardia y que quizá siga siendo la mejor manera de explicar lo que ocurrió en Orcières-Merlette. “Una señora hombrada, de la que estaba muy necesitado el ciclismo español”, dijo Federico Martín Bahamontes para este diario ese mismo día.
Nadie ataca a Pogacar en el día en que McNulty abandonó y Wellens también evidenció nuevos síntomas de enfermedad
Cada regreso del Tour de Francia a Orcières-Merlette devuelve la memoria a aquella tarde de 1971 en la que Luis Ocaña hizo historia. Para muchos, aquella sigue siendo la gesta más importante del ciclismo moderno. Por la envergadura del escenario, por las diferencias generadas y, sobre todo, por los rivales derrotados, fundamentalmente el inabarcable Eddie Merckx. Se marchó Ocaña cuando todavía quedaba una eternidad por delante (60 km) y los minutos fueron cayendo uno tras otro hasta los 8m40s definitivos. Ni siquiera cuando desde el coche le insinuaron que ya era suficiente para vestirse de amarillo renunció a seguir aumentando la ventaja. Demostró el campeón español, un genio con sus propios fantasmas, que incluso el corredor más dominante podía ser derrotado, hasta humillado. “Luis Ocaña nos ha matado a todos hoy, como el Cordobés mata a sus toros”, reconoció Eddy Merckx después de la etapa, en una frase recogida al día siguiente por La Vanguardia y que quizá siga siendo la mejor manera de explicar lo que ocurrió en Orcières-Merlette. “Una señora hombrada, de la que estaba muy necesitado el ciclismo español”, dijo Federico Martín Bahamontes para este diario ese mismo día.
La hazaña de Ocaña no se ha repetido nunca. Y difícilmente volverá a suceder en la actualidad, porque al Merckx moderno que personifica Pogacar no existe respuesta alguna. Para muestra, lo sucedido en la decimoctava de este Tour, en la que con el esloveno claramente expuesto por tener a medio equipo en boxes por cuestiones médicas poco claras, nadie fue capaz de ponerle en aprietos. A la gastroenteritis de Adam Yates, que tuvo que pedir varias coca-colas durante la etapa, y el misterioso descuelgue de Del Toro se unieron ayer los desfallecimientos de Brandon McNulty, que terminó abandonando, y de Tim Wellens en las primeras rampas serias de la etapa. No defraudó la identidad del ganador de la jornada, el ecuatoriano Richard Carapaz, confirmando que en este Tour no ganan los don nadie.
El tríptico alpino comenzó por su vertiente más suave y de resistencia, 185,2 kilómetros entre Voiron y Orcières-Merlette. Antes de los dos finales en el Alpe d’Huez, el pelotón se enfrentó a cinco puertos y una subida final de 7,1 kilómetros al 6,7% de desnivel medio. Una jornada que ofrecía terreno para las escapadas, con el ascenso de entrada a la Cota de Engins (11,4 kilómetros al 5,4%). Fue ahí cuando comenzaron las primeras escaramuzas. Un grupo de 15 y un pelotón de 25 se marcharon por delante. El reguero de corredores distribuido entre grupos fue incontrolable.
Gobernó la etapa Richard Carapaz (EF), el corredor más combativo de este Tour, que llegó junto a Jorgenson (Visma), Paret-Peintre (Soudal), Schmid (Jayco), Johannessen (Uno-X) y Raúl García Pierna (Movistar) al pie del último puerto. Por detrás el pelotón circulaba a más de 6 minutos.
Atacó el ganador del Giro de Italia de 2019, también campeón olímpico, a falta de 4 kilómetros. Respondió a su rueda el francés Paret-Peintre, que se hundió a la segunda vez que la locomotora del Carchi abrió gas en busca de un premio más que merecido. Segunda victoria para él en el Tour, cuatro tiene en el Giro y tres en la Vuelta. Ningún hispanoamericano ha sumado más triunfos de etapa que él en las grandes vueltas.
Por detrás, las alarmas habían saltado en el UAE nada más comenzar la etapa. Y eso que tanto Gianetti como Matxín presumían tranquilos en la salida de la recuperación de Adam Yates. Estaba desnudo el líder en realidad. Contexto ideal para provocar un zafarrancho. O al menos para intentarlo Pero ni Evenepoel, que ve el segundo puesto como un triunfo, ni Seixas, seguramente por tener Alpe d’Huez tan cerca, quisieron plantar batalla. Pogacar vivió su jornada más tranquilo y, si realmente existía algún problema de fuerzas en su equipo, ganó tiempo para recuperar soldados. El Tour vivirá ahora dos jornadas superlativas para el ciclismo, con protagonismo para ese puerto en el que ganar es, casi siempre, hacer historia.
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