China lo describió como un «ejercicio rutinario» pero sus vecinos, en cambio, lo interpretaron como una nueva demostración de fuerza de un gigante militar que ya no se conforma con defender sus costas, sino que quiere dejar claro que puede proyectar su poder miles de kilómetros mar adentro Leer China lo describió como un «ejercicio rutinario» pero sus vecinos, en cambio, lo interpretaron como una nueva demostración de fuerza de un gigante militar que ya no se conforma con defender sus costas, sino que quiere dejar claro que puede proyectar su poder miles de kilómetros mar adentro Leer
Durante décadas, los misiles nucleares chinos permanecieron envueltos en un hermetismo casi absoluto. Pekín prefería que su capacidad de disuasión existiera más como una incógnita que como un espectáculo. Pero esa estrategia está cambiando. Este lunes, un submarino nuclear del Ejército Popular de Liberación (EPL) emergió en algún punto del Pacífico para lanzar un misil estratégico de largo alcance equipado con una ojiva simulada.
China lo describió como un «ejercicio rutinario». Sus vecinos, en cambio, lo interpretaron como una nueva demostración de fuerza de un gigante militar que ya no se conforma con defender sus costas, sino que quiere dejar claro que puede proyectar su poder miles de kilómetros mar adentro.
El lanzamiento marca un hito para las Fuerzas Armadas chinas. Es la primera prueba de un misil disparado desde un submarino que el Ejército Popular de Liberación (EPL) realiza desde 1982 y, además, la primera vez que Pekín reconoce públicamente un ensayo de estas características efectuado desde un submarino de propulsión nuclear.
Fue la agencia oficial Xinhua quien informó de que un submarino disparó un misil equipado con una ojiva simulada que impactó «con precisión» en una zona previamente designada del Pacífico. Las autoridades chinas insistieron en un comunicado oficial en que el ensayo se ajustó al derecho internacional, que los países afectados fueron informados con antelación y que el lanzamiento «no iba dirigido contra ningún Estado u objetivo específico».
Sin embargo, Pekín evitó revelar el punto exacto donde cayó el proyectil o el modelo de misil utilizado, un silencio habitual cuando se trata de ensayos relacionados con su fuerza de disuasión nuclear.
Aunque el Gobierno chino presenta la prueba como un ejercicio técnico, el simbolismo es mucho mayor. No es habitual que la superpotencia asiática realice lanzamientos de este tipo en mar abierto. La inmensa mayoría de sus pruebas balísticas se desarrollan dentro del territorio continental, en áreas muy próximas a sus costas o en el desierto de Gobi.
Sacar un submarino estratégico al Pacífico y demostrar que puede lanzar con éxito un misil de largo alcance forma parte del mensaje que China lleva años enviando: su capacidad de respuesta nuclear ya no se limita a la defensa costera, sino que aspira a operar con alcance global.
El ensayo recuerda al último lanzamiento de este tipo realizado en septiembre de 2024, cuando China disparó por primera vez en décadas un misil balístico intercontinental hacia el Pacífico con una ojiva de pruebas. Aquel movimiento sorprendió incluso a muchos países porque rompía con la tradicional discreción de Pekín respecto a sus fuerzas nucleares.
Desde entonces, los expertos interpretan este tipo de ejercicios como parte del proceso de modernización acelerada del arsenal estratégico chino, que incluye la construcción de cientos de nuevos silos para misiles, la incorporación de submarinos nucleares de nueva generación y el despliegue de misiles capaces de alcanzar prácticamente cualquier punto del planeta.
El lanzamiento de este lunes encaja precisamente en esa transformación. China está desarrollando una auténtica tríada nuclear (misiles terrestres, bombarderos estratégicos y submarinos nucleares) similar a la que posee Estados Unidos. Para Pekín, disponer de una fuerza submarina capaz de patrullar el Pacífico incrementa la credibilidad de su capacidad de represalia en caso de un conflicto, especialmente en un escenario de creciente tensión por Taiwan y las islas en disputa en el Mar de China Meridional.
Tras el lanzamiento del misil, Australia fue el primer país en reaccionar con dureza. «Nos preocupa mucho cualquier medida que socave la estabilidad, la paz y la seguridad del Pacífico», afirmó el viceprimer ministro, Richard Marles, tras confirmar que Canberra había sido avisada pocas horas antes del lanzamiento.
La ministra de Exteriores australiana, Penny Wong, fue aún más explícita al relacionar el ensayo con el rápido rearme chino. Según sostuvo desde Fiyi, el problema no es únicamente el lanzamiento en sí, sino la falta de transparencia que rodea la expansión militar de China. Apenas unas horas antes del lanzamiento, Australia y Fiyi habían firmado una nueva alianza de defensa destinada a reforzar la cooperación militar y la seguridad regional frente al creciente peso de Pekín entre los pequeños estados insulares.
El Gobierno de Xi Jinping lleva más de una década ampliando su influencia diplomática, económica y policial en el Pacífico Sur mediante inversiones, préstamos e importantes acuerdos de seguridad, una estrategia que preocupa tanto a Canberra como a Washington, tradicionalmente los principales garantes de la seguridad de la zona.
Japón criticó el lanzamiento del misil chino. Tokio dice que recibió notificación formal apenas 90 minutos antes del ensayo y que instó a Pekín a reconsiderar la prueba para evitar riesgos para la navegación y para la seguridad regional. Datos de la empresa neozelandesa Starboard Maritime Intelligence detectaron al menos tres buques chinos de seguimiento espacial distribuidos por distintos puntos del Pacífico. Estas embarcaciones, equipadas con enormes antenas parabólicas capaces de rastrear lanzamientos balísticos y recopilar datos de telemetría, habían zarpado de China semanas antes, lo que indica que la operación llevaba mucho tiempo planificándose.
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