De Barcelona a París. Históricamente ha sido al revés en cuanto a influencias y tendencias. Pero esta vez ha sido de Barcelona a París. Del Fòrum, la Sagrada Família, el paseo de Gràcia y Montjuïc a Montmatre, la plaza de la Concorde y el Arco de Triunfo. Un genio mostró su prurito por estos sitios y muchísimos más para regalarnos una victoria de póster, de postal y de posteridad.
De Barcelona a París. Históricamente ha sido al revés en cuanto a influencias y tendencias. Pero esta vez ha sido de Barcelona a París. Del Fòrum, la Sagrada Família, el paseo de Gràcia y Montjuïc a Montmatre, la plaza de la Concorde y el Arco de Triunfo. Un genio mostró su prurito por estos sitios y muchísimos más para regalarnos una victoria de póster, de postal y de posteridad.Seguir leyendo…
De Barcelona a París. Históricamente ha sido al revés en cuanto a influencias y tendencias. Pero esta vez ha sido de Barcelona a París. Del Fòrum, la Sagrada Família, el paseo de Gràcia y Montjuïc a Montmatre, la plaza de la Concorde y el Arco de Triunfo. Un genio mostró su prurito por estos sitios y muchísimos más para regalarnos una victoria de póster, de postal y de posteridad.
Porque es el quinto, porque atrapa a los más grandes, porque no se le vislumbra un final y porque su manera de ganar engancha, martillea y emociona. Ya barruntas lo que va a pasar y pasa. Ya imaginas dónde va atacar y ataca. Ya sabes quién va a ganar y gana. Es Tadej Pogacar, el inabordable.
No hay emoción sobre el resultado final, pero la emoción es rebosante por la manera en la que escribe los acontecimientos. En este Tour se ha superado. No solo por su dominio abrumador y por su forma de gobernar el pelotón, de decidir qué tenía que pasar y cuándo, sino también por su fascinante ayuda a su compañero Isaac del Toro. Lo ha acunado para que ocupara con él una de las plazas del podio. Jamás otro campeón se comportó de la misma manera. Bernard Hinault, más allá de la imagen icónica entrando de la mano junto a su coequipier Greg Lemond en la cima del Alpe d’Huez en 1986, mantenía con el estadounidense una guerra sin cuartel.

El Tejón no solía dar ni los buenos días. Qué decir de Eddy Merckx, el Caníbal. Es verdad que Miguel Indurain era un campeón caballero al que solo le interesaban las clasificaciones generales y dejaba las etapas para los aventureros, pero jamás se le vio haciendo de gregario para un compañero una vez conquistó su primer Tour. Pero eso es lo que ha hecho en esta ocasión Pogacar. No solo ha mantenido su habitual voracidad para sumar etapas en su excelso historial, sino que le ha echado una mano (y qué mano) a su buen amigo Isaac del Toro, al que ha señalado como su heredero.
Ya se verá en el futuro si esta sintonía celestial se mantiene o llega un punto en el que se produce una bifurcación de intereses pero tanto en Montjuïc, cuando le dejó ganar la etapa, como en la segunda subida al Alpe d’Huez, el esloveno le puso la alfombra roja al mexicano para que el UAE fuera aún una formación más poderosa. Esos gestos hacen que este quinto triunfo en el Tour cobre todavía más lustre. Barcelona siempre podrá decir que, con un Grand Départ maravilloso, fue testigo del genio de la bicicleta. Un Tour icónico.
Deportes
