Todos los años las mismas noticias, las mismas consecuencias. ¿Estamos haciendo algo para que nuestra sociedad adquiera la suficiente responsabilidad en la utilización del fuego en el territorio? Leer Todos los años las mismas noticias, las mismas consecuencias. ¿Estamos haciendo algo para que nuestra sociedad adquiera la suficiente responsabilidad en la utilización del fuego en el territorio? Leer España // elmundo
Haber comenzado la andadura y desarrollar mi trabajo en el entorno de los incendios forestales desde 1984 me ha servido para descubrir que los mensajes, los problemas y las capacidades de gestión en la problemática de los incendios forestales, no solo en España, son cada vez más relevantes, sociales, con mayor impacto y espectacularidad, y por supuesto, más trascendentes para nuestra sociedad.
Periodistas, técnicos de la profesión forestal, asociaciones y representantes políticos llenan estos días todos los medios de comunicación, de noticias, tertulias, artículos y de mensajes a través de las redes sociales.
Se buscan culpables, las fisuras en los dispositivos de emergencia, la noticia exclusiva y la visión de la tragedia que se lleva por delante vidas, infraestructuras, medio natural, paisaje e ilusiones.
En 1994 pude vivir en primera persona una tragedia tan nacional como la que probablemente veamos este año a lo largo de toda la campaña, o quizá mucho más. Se encoge el corazón, se resquebrajan las seguridades en las tareas realizadas y se siente una frustración sin precedentes.
Si el 95% de los incendios los provocamos nosotros (nuestra estadística es la mejor del mundo, que se sepa), me sorprende que cuando hablamos de prevención sólo salen las palabras de gestión forestal para realizar trabajos y tareas que contraigan el riesgo de los incendios forestales, pero dentro de la superficie forestal.
Sorprende que la gran víctima de los incendios forestales, que no es otra que nuestra naturaleza, deba extremar todos sus cuidados y realizar cuantas acciones sean precisas para que no se queme y no ponga en peligro nuestras vidas y bienes, convertida en este caso en la protagonista absoluta.
¿Y qué ocurre con los que ponemos permanentemente en peligro nuestros montes, afectando todo lo que les rodea?
Nuestro interés sobre los bosques y ecosistemas tan valiosos está claramente en segundo plano. ¿Cómo puede sentirse un profesional que ha dedicado toda su vida a intentar sensibilizar a la población de un problema de estas dimensiones? Todos los años el mismo mensaje, las mismas noticias, las mismas consecuencias. ¿Estamos haciendo algo para que nuestra sociedad adquiera la suficiente responsabilidad en la utilización del fuego en el territorio?
De las campañas escolares que se realizaron desde 1995 hasta 2013 ya solo queda el recuerdo para algunos. De las campañas de sensibilización social a través de los medios de comunicación con la emisión de mensajes tan potentes como Todos contra el fuego, tan solo queda la nostalgia. De las campañas rurales de acción directa, con aquellas obras de teatro tan oportunas, quedan tan solo los libretos y algunos actores que recordaran con cariño su apostolado a lo largo de nuestro país.
Nos hace falta volver la mirada a lo importante, a lo que realmente puede poner remedio o contener este problema. Mis compañeros insisten en que es necesaria una gestión integral del territorio para poner solución a muchas cosas que, cuando suceden, encomendamos su solución a nuestro Santo favorito cuando todo se sale de madre.
No se puede seguir urbanizando de la misma forma, no se pueden mantener algunos hábitos y costumbres en el territorio que no tengan en cuenta los riesgos y la seguridad mínima en viviendas, edificios, polígonos e infraestructuras.
Hay muchas casas en nuestros paisajes que se han construido o que actualmente se encuentran en zonas donde la presencia del fuego natural, o provocado por nosotros mismos, es segura. Van a quemarse, lo que no sabemos es cuándo.
Y si además no tenemos en cuenta que nuestro país es con diferencia el buque insignia del turismo en el mundo, que más de 11 millones de turistas extranjeros conviven en los meses de verano o viven todo el año entre nosotros, pues arreglados estamos. No hay campañas ni mensajes en inglés, francés, italiano o alemán para prevenir e integrar a nuestros vecinos estivales en el problema.
Claro que hay que hacer Gestión para la Prevención, pero el presupuesto y la tarea es ingente y no creo que vaya a haber recursos suficientes nunca. Y además, más del 60% de la superficie forestal es privada. Se necesitan tanto recursos económicos como buenos profesionales formados, la humildad de reconocer que estamos dispuestos a establecer una superficie máxima de sacrificio en nuestros paisajes para que se acoten los grandes incendios forestales en dimensión, pero si esta aventura no cuenta con mirarse a la cara y reconocer que nosotros somos los culpables de poco nos servirá.
La prevención social que debe enviar un mensaje sensibilizador desde la distancia, la que tiene la obligación de acercarse a las zonas de alto riesgo (que se conocen desde hace ya mucho tiempo) para encontrar soluciones conciliadoras y no impositivas, necesita su espacio y su protagonismo. Y en este caso, las fronteras ya no existen como antes, es preciso tener una altura de miras, de perspectiva y de dimensión mucho más ambiciosa.
Animo a todo el mundo a que al menos, sea proactivo y transmita un mensaje claro a todos los que le rodean. El uso del fuego no tiene cabida en este momento en nuestros paisajes. El semáforo está rojo, por favor no seas tú su protagonista.
Quisiera agradecer a todos esos periodistas, a los que aparecen detrás de un artículo, de un programa de radio, televisión y de redes sociales, así como a sus medios, su profunda implicación en la prevención y en el cada vez más profesional tratamiento de las noticias complejas de este tipo de emergencias. Al menos hay alguien que nos acerca a este problema a nuestra vida cotidiana. Lo que no se comunica parece que no importa o no es relevante, y la necesidad de transmitir mensajes de prevención, debe extenderse mucho más en el tiempo a lo largo del año para recordarnos que este un problema de todos, permanente y que cada uno de nosotros tenemos algo que hacer.
José Ramon González Pan es ingeniero técnico forestal y ex jefe del Servicio de Prevención de Incendios del MITECO.
