Con 32 años, Edu Rejón decidió cambiar la estabilidad que le daba la abogacía por los escenarios y los sets de rodaje en un giro de guion vital que muchos tildaron de locura y que él hoy define como una liberación. Esto le ha permitido cumplir su sueño en el mundo de la actuación y enfrentarse a papeles como el que asume en 9 lunas, una película que aborda con humor temas de profunda carga social, como el embarazo de un hombre trans. Con motivo de este reciente estreno, el actor concede una entrevista a La Vanguardia para charlar sobre el filme y radiografiar la realidad de su profesión.
El intérprete reflexiona sobre su tardía vocación artística tras abandonar su trabajo estable como abogado y sobre cómo gestiona psicológicamente la exposición digital y los constantes noes en los castings
Con 32 años, Edu Rejón decidió cambiar la estabilidad que le daba la abogacía por los escenarios y los sets de rodaje en un giro de guion vital que muchos tildaron de locura y que él hoy define como una liberación. Esto le ha permitido cumplir su sueño en el mundo de la actuación y enfrentarse a papeles como el que asume en 9 lunas, una película que aborda con humor temas de profunda carga social, como el embarazo de un hombre trans. Con motivo de este reciente estreno, el actor concede una entrevista a La Vanguardia para charlar sobre el filme y radiografiar la realidad de su profesión.
El intérprete desgrana cómo ha sido el proceso de meterse en la piel de su personaje, al mismo tiempo que reflexiona sobre las sombras a las que se ha enfrentado todos estos años. Con la mirada al frente, aborda cuestiones como la inestabilidad económica que afecta a la gran mayoría del sector, la exposición en redes sociales y la gestión psicológica que necesita para encajar el constante rechazo en las pruebas de selección.

¿Cuál diría que es la fibra sensible que busca tocar esta película en el espectador?
Creo que son muchas cosas. Uno es el plano literal de la película, que es visibilizar una realidad que es muy poco conocida: un embarazo en una persona trans. Y luego creo que la película tiene un segundo plano que es el metafórico, que es cómo a través de esa historia cualquier espectador puede ver reflejado su propio crecimiento. A través del viaje de Ángel, que va decidiendo qué tipo de hombre quiere ser, cualquier hombre o mujer se puede ir a su pasado y recordar su juventud en la que vamos también decidiendo eso.
¿Cree que este tipo de temas son necesarios para que el público general reflexione sobre ellos?
Me encantaría que la gente fuese al cine y que mantuviese una conversación. Y luego, a mí personalmente, como actor, me da un poquito de pudor y de respeto poner como necesario un mensaje de una peli. Porque entonces ya estoy poniendo yo qué tiene que entender el espectador de una peli concreta. Y entonces creo que lo que es muy importante es que el espectador esté abierto a verse reflejado en una película, que abandone sus propios prejuicios.
La gente me dice: ‘oh, qué valiente haber hecho ese cambio a actor a los 30 y pico’, y yo digo, bueno, qué cobarde no haberlo hecho hasta los 30 y pico
En su caso, ¿ha cambiado en algo su propia percepción sobre los temas que se tratan?
Para empezar, me ha dado conocimiento. Probablemente a día de hoy todavía soy bastante ignorante en qué vive una persona en una transición de cambio, de hombre a mujer, de mujer a hombre. Soy muy ignorante de qué parte cubre o no la seguridad social, de qué apoyo se tiene. Soy muy ignorante hasta de cómo se nombra. Pero la película me ha dado un conocimiento directo a través de las personas que lo han vivido. Creo que una parte que transmite la peli es que no pasa nada por no saber. Lo importante es respetar.
¿Cómo cree que encaja su personaje en la atmósfera de la película?
A mí como actor me daba un poquito de miedo que mi personaje estuviese en un tono diferente al resto. Creo que es bastante importante porque para contar la dificultad que se encuentra y los prejuicios reales que se puede encontrar alguien como Ángel en la vida, creo que hay que contar muy bien cómo son esas personas que pueden vivir una transición con prejuicios.
A menudo se habla de la interpretación como una carrera de fondo, pero en su caso dio el salto profesional en torno a los 30 años, dejando atrás doce años de estabilidad laboral. ¿Ha valido la pena aquel “salto al vacío”?
Totalmente. A mí me ha cambiado mi vida, mi forma de entender la vida, el mundo, la relación conmigo mismo… De ser un deseo al que no te atreves, a atreverme, poder ir consiguiendo, haciéndome mi espacio, pues me hace estar orgulloso de haber dado el paso. La gente a veces me dice: “oh, qué valiente haber hecho ese cambio a los 30 y pico”, y yo pues digo, bueno, qué cobarde no haberlo hecho hasta los 30 y pico. También yo admiro mucho a la gente que con 18 sale de casa y se va a formarse a una escuela de interpretación. Pero sí, de hecho empecé trabajando de abogado en Barcelona, fue mi primer trabajo, y a los 32 me metí en la escuela de interpretación en Madrid.
¿Cree que esa madurez y experiencia que ya tenía le ha servido a la hora de construir sus personajes?
Al principio fue una dificultad. Yo venía de tener nómina desde los 20 años y pasar de eso a un lugar donde pones mucho la validez en el contrato que tienes, a este mundo en el que es muy inestable, muy precario… entender todo eso a mí me llevó bastante tiempo. Pero cuando ha pasado un poquito de tiempo y he empezado a entender un poco mejor la profesión, todo eso se ha ido colocando. Y ahora gracias a los trabajos que he vivido fuera, pues hablo italiano, hablo alemán, trabajo en Italia, ahora recientemente he tenido un rodaje en alemán, y seguramente gran parte de esas experiencias las puedo aportar también a mi trabajo.
Ahora por suerte llevo unos años que estoy consiguiendo vivir de esto, pero al principio me costó
Compañeros suyos comentan lo injusta que puede llegar a ser esta profesión en la que tan solo el 8% de actores puede dedicarse plenamente a esto. ¿Ha sufrido sus consecuencias alguna vez?
Claro. Ahora por suerte llevo unos años que estoy consiguiendo vivir de esto, pero al principio me costó. A mí hay algo que de entrada no me gusta mucho, que es la queja, porque es una profesión totalmente vocacional a la que nadie nos obliga a meternos. Pero sí que creo que habría que poner el ojo. Hay mucha precariedad en nuestra profesión, solo un 8% vive de esto, cuando pertenecemos a una industria que da mucho dinero a mucha gente. Esto es como si un jugador del Real Madrid cobrara 20 millones de euros al año y hay otro yendo en bus a los partidos; a la gente le petaría la cabeza. Bueno, pues en nuestra industria pasa igual. Y creo que mucha de la precariedad se podría resolver legislando mejor.
Pero no es el único problema al que se enfrentan. Estamos en una época en la que a veces el talento se cambia por el número de seguidores en redes. ¿Cómo lleva la exposición digital?
Yo me considero un tipo de actor que comunico más en una obra o en una peli. Me interesa eso más, comunicar o servir de instrumento para comunicar lo que tiene un director en un conjunto de una obra. Habrá productos que estén interesados en gente con muchos seguidores, influencers, y seguramente ese no es mi producto y no me preocupa en ese sentido. He tenido épocas en las que también me preocupaba decir: “hostia, tío, no me van a llamar porque no tengo aquí seguidores”; pero luego digo, bueno, pero es que ellos están buscando hacer un tipo de producto concreto en el que seguramente yo no soy el mejor para eso. Cuando requieran un actor que pueda aportar a contar esa historia, pues ahí sí que contarán conmigo.

En cuanto al proceso de casting, ¿qué herramientas utiliza para que no le acabe afectando un “no”?
Esto es otra parte de lo que costó mucho. Yo tengo un compi que dice que un actor en un año se lleva más noes que una persona normal en toda su vida. Para nosotros cada casting es una entrevista de trabajo. Esto lo sobrellevo, primero, entrenando mucho como actor e intentando centrarme en lo que es mi relación con la materia. Segundo, aceptar que los castings yo quiero tomármelos como una entrevista de trabajo que me hacen ellos a mí, pero que también hago yo para ver si ese proyecto es donde yo voy a poder expresarme.
Si pudiera mirar atrás y hablar con aquel Edu Rejón que estaba pensando en si dejar su trabajo para apostar por esto, ¿qué consejo le daría?
Ahora sí que me estoy emocionando. Pues le diría que todo está bien, que no reniegue, que ha hecho las cosas cuando ha podido, como ha podido, y que todo lo vivido en la vida le va a servir; que no se avergüence. Yo tenía mucha vergüenza de no ser lo suficientemente artista por haber estudiado Derecho o por haber trabajado de abogado, y había una parte al principio que eso lo ocultaba, y le diría que no se avergüence, que al revés, que todo suma y que todo va a ir llegando, y que confíe. Voy a citar a mi maestro que siempre lo cito, que es Fernando Piernas, que él dice: “Un actor trabaja con la vida y la vida es todo lo vivido y visto vivir”. Y me parece tan bonito…
Gente
