La goleada azulgrana fue incontestable. Pocas veces se han visto bandas sonoras más opuestas que las que interpretaron el Valencia y el Barcelona. El primero fue víctima del miedo. De la incapacidad de responder. El segundo imprimió un ritmo de líder. De campeón con licencia para soñar con la tercera Liga consecutiva. Aunque sea la jornada 4. Aunque el termómetro marcara los 36 grados en el infernal Mestalla. Cinco goles más. Jugó y marcó un doblete Lamine Yamal. Y Fermín. Y Raphinha.Y Pedri. Brilló el líder en solitario en el pronto viejo Mestalla, un estadio que empieza a despedirse de la peor manera posible para la afición valencianista mientras espera al Nuevo Mestalla.
El conjunto azulgrana con un doblete de Lamine y goles de Fermín, Raphinha y Pedri son más líderes de la Liga
La goleada azulgrana fue incontestable. Pocas veces se han visto bandas sonoras más opuestas que las que interpretaron el Valencia y el Barcelona. El primero fue víctima del miedo. De la incapacidad de responder. El segundo imprimió un ritmo de líder. De campeón con licencia para soñar con la tercera Liga consecutiva. Aunque sea la jornada 4. Aunque el termómetro marcara los 36 grados en el infernal Mestalla. Cinco goles más. Jugó y marcó un doblete Lamine Yamal. Y Fermín. Y Raphinha.Y Pedri. Brilló el líder en solitario en el pronto viejo Mestalla, un estadio que empieza a despedirse de la peor manera posible para la afición valencianista mientras espera al Nuevo Mestalla.
Porque es imposible explicar la victoria de los de Flick sin contar lo que se vive en el actual feudo valencianista. Más arisco que nunca. Enrarecido. Hostil. Una banda sonora que repartió abucheos mucho más sonoros contra Peter Lim y su gestión que contra el propio Barcelona. Un ambiente capaz de empequeñecer a su propio equipo, un grupo sin alma a merced del Barcelona.
La melodía que inspira al barcelonismo es la contraria. Flick le regaló a Rodri su primera titularidad azulgrana en su partido 100 en la Liga. Al lado de Rodri, parece ya muy lejano el nerviosismo de Pedri cuando el centrocampista sustituyó al canario en el once de la selección española en el Mundial. El Barça es otra historia. Poco a poco fueron encajando mejor: Rodri dirige la orquesta con gestos, sacando a relucir su veteranía más sólida. Pedri llevaba el tempo del partido. Y marcaría el 0-4.
Pero primero fue Lamine Yamal quien marcó la pauta del implacable Barça. No importa la rodilla.Ni el golpe. Nada puede con el extremo. Menudo baile el que se marcó con Fermín: un gran pase picado del andaluz le sirvió al de Rocafonda para, con la rodilla izquierda vendada, anotar un gol de bandera. Con su pie izquierdo. Con un remate por encima de Dimitrievski. Un gol de una elegancia extrema que enmudeció Mestalla. Habían pasado cinco minutos. Se avecinaba tormenta. Mientras Lamine le dedicaba el gol a su hermano Keyne, que cumplía tres años.
Lamine quería más. Y, de nuevo, Fermín le regaló el segundo apenas tres minutos después. Mestalla, ahora sí, estalló de rabia. Y eso que a esa hora aún no habían entrado los ocupantes de la grada de animación, que habían pedido acceder a partir del minuto 19 -por el año 1919 en el que se fundó el club- como protesta, esta vez, contra el cuestionado técnico Carlos Corberán. Y eso que el VAR anuló el segundo gol de Lamine por un fuera de juego de apenas dos centímetros imposible de detectar para el ojo humano, pero sí para el chip del balón. Habrá que confiar en la tecnología.
“Tranquilo, marcarás otro”, le dijo Flick al de Rocafonda, que intimidaba una y otra vez en el interior del área a Dimitrievski. Pero fue su primer aliado. Fue Fermín quien cazó el pase atrás dentro del área de Gordon para mandar la pelota lejos del alcance de Dimitrievski, con un tiro cruzado y ajustado.
El Barça solo concedió dos errores defensivos en la primera parte, ambos solventados sin consecuencias. El primero llegó tras una pérdida de Gerard Martín, deslumbrado por el sol ante Danjuma. Un imperial Cubarsí irrumpió como cortafuegos y frenó la acción. El segundo llegó después de la lesión de Eric Garcia, que recibió un golpe de Rodri en la nariz. El centrocampista, desconsolado, le pidió perdón. El de Martorell le quitó importancia y le recordó que ya sabe de qué va el tema: el año pasado jugó con máscara después de romperse la nariz. La convirtió en su talismán.
Koundé le sustituyó y, precisamente, protagonizó el siguiente despiste, ya tras una pausa de hidratación aún más necesaria con los 34 grados que marcaba el termómetro. El lateral perdió un balón y Danjuma volvió a encontrar espacio, pero Rodri, al límite, bloqueó su avance y Joan Garcia acabó haciéndose con el balón. Por coberturas como esta, Rodri brillará en este Barça.
Antes del descanso, Fermín y Lamine volvieron a poner a prueba a Dimitrievski. El primero estrelló su remate en el poste tras un recorte magistral en el área y el segundo lo intentó con una media vuelta ante un Dimitrievski implacable.
Al Barça le faltaba su nueve. Le faltaba el gol de un encerrado Raphinha, menos participativo de lo habitual, víctima de la defensa de cinco que montó Corberán. No pasa nada. Todo llega. El pichichi de la Liga remató a placer una gran jugada colectiva del Barça de Rodri, de Lamine y de Fermín, que le asistió al segundo palo. El capitánahora sí de pleno derecho fabricó un remate sin oposición.
La máquina azulgrana siguió acechando. Rodri presionaba y mandaba un balón al larguero. Fermín buscó a Raphinha y dejó solo a Gordon, que no pudo elevar el 0-4 por poco. Es difícil sacar a Fermín del equipo, como a Gordon. Pero Flick, gran gestor de minutos, llamó a Adeyemi y a Olmo. Como siempre, no se equivocó. Una pared suya con Pedri que resolvió el mago canario con categoría ante Dimitrievski significó el 0-4.
Hasta Gabriel Jesus en su plácido debut estuvo cerca del portero. Pero la nota final, la puso quien empezó a componer la versión más apisonadora del Barça: Lamine Yamal mediante otra nota de Olmo. Quien ha visto y quien ve al Valencia. Y el Barça, líder incuestionable, puso fin a su etapa en la Liga en el viejo y ensordecedor Mestalla al que ganó al ritmo de campeón, sin encajar y con 17 goles en cuatro jornadas.
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