El Girona es un equipo transparente que vive bordeando los límites constantemente pero al que en los últimos meses no se le puede achacar su competitividad y pundonor, ingredientes indispensables para conseguir la permanencia. Este lunes no faltaron ante un Barça que vio cómo los de Míchel remontaron para firmar una victoria que señala el camino de la salvación rojiblanca.
Montilivi vive la noche más feliz de la temporada después del empate ante el Real Madrid en noviembre
El Girona es un equipo transparente que vive bordeando los límites constantemente pero al que en los últimos meses no se le puede achacar su competitividad y pundonor, ingredientes indispensables para conseguir la permanencia. Este lunes no faltaron ante un Barça que se jugaba el liderato y que vio cómo los de Míchel remontaron para firmar una victoria que señala el camino de la salvación rojiblanca.
En una primera parte frenética donde el balón parecía un péndulo, los gironins rozaron el gol en varias ocasiones protagonizadas por Vanat. Si el jueves el Barça padeció enormes dificultades por el costado diestro, ayer fue la ‘pandilla’ de los zurdos quien sacó de quicio a los culés. Bryan Gil, quien aparentemente salía trastabillado de cada disputa en un derroche de despliegue físico que duró 68 minutos, fue un quebradero de cabeza constante para Koundé. Al de Barbate le acompañó un Arnau Martínez imperial, desbaratando prácticamente todas las acciones de peligro que generaba Lamine Yamal. Cuando no llegaba el capitán de los rojiblancos lo hacía Daley Blind, quien hizo una demostración de galones y compañerismo para echar un cable siempre que lo requería la acción. Sin embargo, el neerlandés, que fue ovacionado previamente en dos ocasiones por su afición, cometió una imprudencia a falta de cinco segundos para el descanso realizando un penalti sobre Dani Olmo que le hizo llevarse las manos a la cabeza. Finalmente, la pena máxima ejecutada por Lamine Yamal se topó con el poste, lo que hizo marcharse a vestuarios a Gazzaniga con una sonrisa de oreja a oreja y al Girona creyendo en lo imposible junto a su afición, que protagonizó la mejor entrada en toda la temporada (14.043 espectadores).
Lee tambiénCarles Ruipérez Tirado

Y vaya si creyeron. Los de Míchel, con goles de los renacidos Lemar y Beltrán, sellaron la primera remontada al Barça este curso en el campeonato liguero acompañados por un pletórico Montilivi, que vivió su noche más feliz esta temporada y que empujó a los suyos para mantenerse firmes en el tiempo de descuento (los de Míchel habían perdido puntos en el tiempo de añadido de cuatro duelos a lo largo de este curso, uno de ellos, ante los culés en Montjuïc).
Míchel SánchezEntrenador del Girona
“Hablar de una sola jugada después del partido que hemos visto es muy injusto. Puede ser que sea falta, pero no es para que intervenga el VAR y hablar solo de esa falta es minimizar el partidazo que se ha visto”, comentaba Míchel en referencia al pisotón de Echeverri sobre Koundé en el tanto que anotó Beltrán.
“El Barça ha corrido mucho, ha hecho un partido excepcional y contrarrestarles no es fácil. Nosotros estamos con un grupo de diez equipos peleando por salir de abajo. Tres puntos contra el Barça son más que tres puntos. Lo normal es que ganen a casi todos los equipos”, decía orgulloso el técnico madrileño, quien sabe que noches como la del lunes pueden marcar un antes y un después en la temporada.
Deportes
