Partido que se intuía fácil para el Barcelona pero que al final de la primera mitad forzó a cambiar algo para asegurar el triunfo. Y así fue, y la verdad que la transformación en el juego del Barcelona fue casi más filosófica que futbolística. Y con ello llegó no solo la victoria sino la goleada.
Partido que se intuía fácil para el Barcelona pero que al final de la primera mitad forzó a cambiar algo para asegurar el triunfo. Y así fue, y la verdad que la transformación en el juego del Barcelona fue casi más filosófica que futbolística. Y con ello llegó no solo la victoria sino la goleada.Seguir leyendo…
Partido que se intuía fácil para el Barcelona pero que al final de la primera mitad forzó a cambiar algo para asegurar el triunfo. Y así fue, y la verdad que la transformación en el juego del Barcelona fue casi más filosófica que futbolística. Y con ello llegó no solo la victoria sino la goleada.
La ansiedad le complicó la existencia al Barcelona. Los culés saltaron al terreno de juego de nuevo con esa intensidad que les caracteriza, pero con un matiz que marcaría el devenir de la primera mitad. Y ese matiz es que los jugadores blaugrana tenían más en su mente la victoria que el juego. Como si la obsesión por el gol fuese lo más importante para ganar. En vez de pensar que la victoria normalmente llega por el buen juego que es la manera más eficiente de generar las ocasiones de gol más claras. Había razones evidentes para que la mente de los jugadores locales cayera en esa trampa. Según como se dieran los resultados, la victoria no era suficiente para lograr quedar entre los ocho primeros y podía ser necesario marcar el máximo número de goles. Y, por lo tanto, el juego pareció que era secundario y el gol lo único prioritario.
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Pero seguramente eso debió hablarse en el vestuario porque en la segunda mitad todo se solucionó. Los daneses acusaron el esfuerzo y la transición del balón de los blaugrana mejoró notablemente. Hubo presión alta para llegar lo más rápido posible, pero el balón se movió con mayor celeridad combinando pases en diagonal, balones verticales y horizontales. En vez de la transición permanentemente horizontal que asemejó el juego blaugrana al de un equipo de balonmano. La defensa de cinco hombres que jugaban alternando su presencia, ya fuera en la última línea o en el centro del campo, según la necesidad, había bastado para paralizar a un equipazo ofensivo como el Barcelona. En un fútbol totalmente sofisticado donde todo está estudiado, donde la preparación técnica, física y mental alcanza la excelencia, o eres capaz de generar sorpresas huyendo de la rutina o es complicado ganar incluso a equipos inferiores.

LLUIS GENE / AFP
Esta circunstancia puso de relieve el valor extraordinario de Pedri. Porque todo lo que hicieron ayer los jugadores del Barcelona en la segunda mitad acaba siendo algo gratis que les llega cuando Pedri está. La presencia del canario siempre es espléndida cuando juega, pero, Dios mío, cómo se le echa a faltar cuando no.
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