Los más de 90 minutos de partido fueron una muestra, incluso lección, de la superioridad de España ante una Francia minimizada que acabó sin rumbo ni ideas y por momentos desquiciada, pero el segundo gol de Porro es el resumen perfecto del impecable y de momento inabordable estilo de juego de una selección española que se clasificó con honores para la final del Mundial.
El tanto del lateral es la sublimación del juego de posición y posesión con un desenlace que se una delicia técnica
Los más de 90 minutos de partido fueron una muestra, incluso lección, de la superioridad de España ante una Francia minimizada que acabó sin rumbo ni ideas y por momentos desquiciada, pero el segundo gol de Porro es el resumen perfecto del impecable y de momento inabordable estilo de juego de una selección española que se clasificó con honores para la final del Mundial.
El lateral del Tottenham completó una secuencia de 19 pases que fue un compendio de todas las virtudes que atesora el combinado dirigido por Luis de la Fuente. La jugada comienza prácticamente en el área española y termina frente a la portería rival con una gran definición, como si fuera un delantero centro, del defensa de Don Benito.
Cucurella, Laporte, Unai Simón, Rodri, Fabián, Lamine Yamal, Olmo, Baena y finalmente Porro tocan el balón al menos una vez. Solo Cubarsí y Oyarzabal no contactan con el esférico, aunque ambos, por su posicionamiento, ayudan a aclarar la jugada. El defensa del Barça se abre para que Laporte tenga una salida de balón más nítida, mientras que el ariete de la Real Sociedad no se solapa con Olmo, que tiene espacio para recibir el balón y conectar de primeras con Porro con un primer toque sublime en el desenlace de la jugada.
Es gol es la exaltación del juego de posición y posesión que España lleva practicando desde que la selección, hace dos décadas, decidió adoptar el estilo de juego que ya defendía el Barça. Prácticamente todos los futbolistas de la roja juegan el balón con apenas tres toques o menos antes de encontrar un jugador libre para avanzar. El poseedor de la pelota siempre tenía una o varias soluciones para continuar la jugada.
Cucurella, Laporte, Unai Simón, Rodri, Fabián, Lamine Yamal, Olmo, Baena y finalmente Porro tocan el balón al menos una vez en el segundo gol
El primer tramo de la jugada es un baile con el balón para sortear la presión adelantada de los franceses. La circulación española prospera en todo momento gracias a la movilidad sin balón de los pupilos de De la Fuente hasta que los de Deschamps, ya frustrados, dejan de perseguir a Laporte. El central, ya sin ninguna camiseta bleu cerca, activa la segunda parte de la secuencia con un cómodo pase a Olmo, que se desmarca para recibir por detrás de la insuficiente línea de centrocampistas de Francia.
El de Terrassa conduce sin oposición hasta hundir a la defensa rival en su área y decide jugar a la izquierda con Baena, que dispara a portertía sin fortuna. Es entonces cuando surge otra virtud española. El del Atlético se activa rápidamente y recupera inmediatamente el balón, igual que Fabián después, gracias a su buena colocación, tras un centro demasiado corto de Rodri.

Por último, aparece como solución ofensiva Porro. El extremeño filtra un preciso balón entre Koné y Doué que llega con la tensión exacta para que Olmo, pese a la falta por detrás de Upamecano, le brinde una pared genial que el lateral ya había imaginado antes del inicio de la acción. El zaguero, al que no siguen ni Koné ni Doué, da dos toques antes de perfilarse con la derecha y superar con un chut al primer palo a Maignan. Si antes la jugada había sido un alarde del estilo de juego español, el final de la secuencia es una delicia técnica. Una obra maestra en su totalidad.
Se trata de confiar en tu compañero y dejar que el balón vuele. Saben lo que tienen que hacer desde que tienen nueve años. Se trata de tener una filosofía”
“Tengo la experiencia de haber jugado contra ellos como jugador y entrenador. También tengo mi experiencia con el Barça. Tienes que entender los movimientos de balón. Todo el mundo necesita estar en su posición. Confiar en tu compañero y dejar que el balón vuele. Lo ves en esta jugada. Abiertos todo el rato para atraer al rival. Nadie está en la misma posición, pero están donde se supone que deben estar. No hay prisa. Si no se puede jugar por fuera, el balón vuelve dentro. Parece fácil. Se trata de pasar el balón donde Francia no está. Saben lo que tienen que hacer desde que tienen nueve años. Es tener una filosofía, una identidad. Conocen el sistema”, describió el juego español, poniendo como ejemplo el gol de Porro, una leyenda francesa como Thierry Henry.
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