La vida trata de aprovechar las oportunidades que se presentan, de coger lo que se te pone al alcance, de vivir el presente y disfrutar de tu suerte. Huérfana del imbatible Pogacar, la Vuelta necesitaba otro patrón y lo encontró en Aitana quizás donde menos se esperaba, en un ciclista que parece otro. Enric Mas convirtió la consternación en la que había quedado la ronda española en una bocanada de aire fresco y en un subidón de ilusión para una afición que no celebra un triunfo español en una general de una gran vuelta desde hace más de una década, desde el Giro de Italia de Alberto Contador en el 2015.
En Aitana el balear se destapa como el más fuerte sin Pogacar: se defiende como una roca, ataca como nunca y gana por finl
La vida trata de aprovechar las oportunidades que se presentan, de coger lo que se te pone al alcance, de vivir el presente y disfrutar de tu suerte. Huérfana del imbatible Pogacar, la Vuelta necesitaba otro patrón y lo encontró en Aitana quizás donde menos se esperaba, en un ciclista que parece otro. Enric Mas convirtió la consternación en la que había quedado la ronda española en una bocanada de aire fresco y en un subidón de ilusión para una afición que no celebra un triunfo español en una general de una gran vuelta desde hace más de una década, desde el Giro de Italia de Alberto Contador en el 2015.
El balear, de 31 años, tiene ante sí la ocasión seguramente de su vida deportiva y se ha transformado en el nuevo mandamás de la carrera. Porque había que ocupar un vacío de poder tras el adiós del pentacampeón del Tour, pero también porque se siente fuerte.
En una versión irreconocible para el escalador del Movistar, al que nunca se le había visto con el maillot de líder en una grande, la prenda no le vino grande. Para nada. Mas estuvo a la altura de la responsabilidad. Se mostró duro como una roca para defenderse de los ataques pero además se mostró fiero y valiente para ser ofensivo. Atacó con ambición, como casi nunca, hizo daño por piernas y ganó por fin. La combinación perfecta para erosionar la confianza de los que le deben poner en dificultades.
El líder controló, se le vio reaccionar y coger rueda casi sin inmutarse, llegando sentado, mirando de reojo a ver las caras cuando atrapaban los demarrajes de Gall, tres sin mucho convencimiento, y Carapaz, demasiado pronto. Y cuando se puso de pie y aceleró solo Onley le pudo seguir. Nadie más.
Es un Mas desconocido pero que hace soñar. Con una ilusión que mueve montañas. Hacía 1.429 días que esperaba ese momento, desde el Giro dell’Emilia del 2022, su anterior éxito. Dirán que sin Pogacar es más fácil, que faltan Vingegaard, Evenepoel y Del Toro, pero solo lo hizo él.
Deportes
