Detenidos y torturados recuerdan su paso por el infame centro del terror chavista ante su cierre Leer Detenidos y torturados recuerdan su paso por el infame centro del terror chavista ante su cierre Leer
Con su cierre definitivo, el Helicoide dejará atrás un historial siniestro de torturas y vejaciones propio de las peores dictaduras del mundo contemporáneo. La geografia de la infamia, que va desde la cárcel S21 de Tuol Sleng, en la Camboya de los Jemeres Rojos hasta Sednaya, en la Siria de Asad, pasando por el limbo caribeño de Guantánamo, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), centro del horror de la dictadura argentina, o la célebre Lubianka, corazón operativo del terror soviético, siempre tendrá una sucursal en la imponente construcción caraqueña, soñada como un gran centro comercial futurista excavado en la montaña y convertida en mazmorra de pesadilla por el chavismo.
No existe una cifra real de celdas, porque en realidad apenas hay un par de imágenes borrosas de su interior. Algunos presos han relatado que hay de 90 a 120 habitáculos angostos sin luz, sin ventanas y repartidos entre varios niveles de la edificación, además de espacios no convencionales usados como salas de interrogatorio pero que fueron concebidos como oficinas, cuartos técnicos o pasillos cerrados. Algunas construcciones son improvisadas pero otras ya estaban sobre el plano original del arquitecto Jorge Romero Gutiérrez, cuya idea de centro comercial fue olvidada con la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, en 1958. La llegada al poder del chavismo convirtió el edificio en lo que es hoy, centro de detención y torturas, además de sede del temible SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional).
Su arquitectura helicoidal, pensada para coches y escaparates, se convirtió en un laberinto de pasillos interminables, donde la desorientación espacial y el aislamiento acústico hacían su trabajo contra la moral de los detenidos. El Helicoide no fue diseñado para castigar, pero terminó siendo perfecto para quebrar.
Para algunos presos, resulta evidente que los métodos de tortura han ido haciéndose más crueles con la llegada de la inteligencia cubana. Pero la construcción también ha puesto parte de sus características a favor de las vejaciones físicas y psicológicas: algunas zonas poseen iluminación artificial constante o penumbra permanente. La ventilación es deficiente o inexistente, lo que provoca olores pestilentes, falta de higiene y humedades malsanas. Hace un calor sofocante en zonas bajas, que contrasta con el frío húmedo en otras más altas. La rotación de presos hacia esos ambientes es constante.
Lorent Saleh, activista que pasó dos años en la prisión conocida como La Tumba y otros dos en el Helicoide, describió a este periodista cómo es esa prición:«No es una cárcel: es un centro de tortura diseñado para quebrarte. El Helicoide es lo criollo, el garrote, la costilla rota, el bate. Es la secuela de la decadencia de lo que una vez fue la cuarta República venezolana. El edificio es viejo y su interior es sórdido, sí. El Helicoide es el hacinamiento, el mal olor, las cucarachas y las ratas. La Tumba son los espejos, las cámaras, las paredes blancas. Se huele perfectamente el tufo extranjero a Cuba y a Rusia».
Geraldine Chacón, directora de la ONG Fundaredes, encerrada allí en 2018, lo describió así: «El encierro no era sólo físico. Te quitaban el tiempo, la noción del día y la certeza de cuándo saldrías». Denunció aislamiento, interrogatorios continuos y trato degradante, igual que Gilber Caro, un ex diputado opositor que fue detenido en varias ocasiones y se convirtió en un habitual de sus mazmorras: «Allí te castigan con el espacio: celdas diminutas, oscuras, sin aire». Juan Requesens, otro mítico preso político del chavismo, recuerda: «No sabes si es de día o de noche. Esa incertidumbre es parte del castigo». Roberto Marrero, jefe de despacho de Juan Guaidó, detenido en 2019, aseguró que «el Helicoide es un lugar para que confieses lo que no hiciste». Y Johan León, ciudadano venezolano detenido durante las protestas antigubernamentales posteriores al pucherazo electoral de Maduro, asegura: «En el Helicoide nunca estás solo, pero siempre estás aislado».
En este centro no existe un listado oficial ni completo de fallecidos, pero sí hay casos documentados por ONG y familiares de personas que murieron bajo custodia, como consecuencia de las torturas o como consecuencia directa de las condiciones de detención. Por ejemplo, Fernando Albán, concejal opositor detenido por el SEBIN, murió tras caer desde un piso del Helicoide en lo que siempre pareció un asesinato. Rodolfo González, activista detenido por participar en protestas antigubernamentales, perdió la vida bajo custodia en 2015. El opositor Edwin Santos falleció en 2024 tras presentar graves complicaciones médicas no atendidas adecuadamente durante su detención.
Como dato sorprendente, cabe destacar que las familias de los agentes y de los torturadores viven en las plantas superiores del edificio, donde hay escuelas, oficinas y actividad administrativa normalizada.
Ahora sólo queda la ansiedad de los presos políticos y sus seres queridos que aún siguen en su interior y esperan que la anunciada «amnistía general» no sea otro truco del chavismo. Entre ellas está María Márquez, que espera a su tía, la diputada Dignora Hernández, que debería ser una de las últimas presas de la infame prisión: «Desde que anunciaron el 8 de enero la excarcelación masiva de los presos, todos los familiares estamos en ascuas. No son liberaciones al uso, sino que ellos quedan condicionados a no declarar nada y algunos con prohibición de no dejar salir del país. El caso es que el régimen no ha soltado ni a la mitad y no muestran la lista real de los excarcelados. Nosotros hacemos vigilias en los centros de detención esperándoles día y noche. Los que tenemos familiares en el Helicoide no hemos recibido ninguna notificación de que vayan a salir. Ahora nos dicen que va a cerrar algo que jamás debió de existir».
Como curiosidad, Juan Carlos Monedero, fundador de Podemos y uno de los principales asesores de Nicolás Maduro durante las elecciones presidenciales fraudulentas de 2024, ofreció en aquella visita una «conferencia magistral» sobre «derechos humanos» en el Helicoide.
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