El Real Madrid de las temporadas discretas (las dos últimas) acostumbraba a patinar en partidos como el de Mestalla: el último de un serial jugado antes de un parón de selecciones y envuelto en la excusa perfecta, el escaso descanso. Por ese agujero negro se iban los títulos y la credibilidad. Pero el Real Madrid de Jose Mourinho está empezando a convertir la victoria en un hábito, y ante un Valencia que sigue cayendo en picado selló uno de esos partidos para ponerse repetido de vez en cuando por su fuerza colectiva, resuelto con un cañonazo de Valverde y con la genialidad de Arda Güler, autor del 0-2 y asistente a Mbappé en el 0-3.
Los de Mourinho doblegaron al equipo ché con goles de Valverde, Güler y Mbappé, pero con la sensación de que ya empiezan a jugar de memoria y a actuar con determinación: suman ocho victorias seguidas
El Real Madrid de las temporadas discretas (las dos últimas) acostumbraba a patinar en partidos como el de Mestalla: el último de un serial jugado antes de un parón de selecciones y envuelto en la excusa perfecta, el escaso descanso. Por ese agujero negro se iban los títulos y la credibilidad. Pero el Real Madrid de Jose Mourinho está empezando a convertir la victoria en un hábito, y ante un Valencia que sigue cayendo en picado selló uno de esos partidos para ponerse repetido de vez en cuando por su fuerza colectiva, resuelto con un cañonazo de Valverde y con la genialidad de Arda Güler, autor del 0-2 y asistente a Mbappé en el 0-3.
Al Valencia le sobró voluntad y le faltó cabeza, hipotecado al balón largo a Sadiq, que fue inferior ante Huijsen y Konaté, y a la adrenalina descontrolada de Pablo Maffeo, que de nuevo fue un chispilla ante el Madrid, esta vez con Cucurella y no con Vinícius. Curiosamente, un empujón por detrás a Mbappé en la frontal del área sirvió para que el Madrid se adelantara. El golpeo del francés se estrelló en la barrera y el rebote le llegó a Valverde. El uruguayo, que ya le dio la victoria al Madrid en Atenas el miércoles, se acomodó el balón a la derecha y puso el cuerpo con la plasticidad adecuada para golpear con violencia y cruzado. Raso, lejos de Dimitreivski (0-1).
Antes del gol, Courtois había intervenido con una parada a tiro de Mayol después de una pérdida de Tchouaméni. Fue un accidente, porque Bernardo Silva, Güler y especialmente Bellingham bailaban sobre el verde de Mestalla.
Con una línea de cinco, el Valencia no podía cambiar el guion. Y llegó el 0-2 tras una combinación entre el nuevo tridente blanco. Desgraciado Vinícius en este comienzo de curso, Mbappé, Bellingham y Diomande combinaron para que el centro del inglés lo remachara a gol Güler (0-2). Estuvo serio el Madrid hasta en esos momentos de tensión, con un Mourinho más formal pero igual de reivindicativo en la banda.
El descanso no modificó el decorado. Mbappé ya había dado tres avisos cuando recibió un balón a la espalda del último defensor. La firma era de Güler. Se aprovechó de la velocidad para regatear a Dimitrievski y marcar con la derecha su decimotercer gol en esta Liga.
La deriva valencianista se evidenció con la expulsión de su capitán Gayà con roja directa por frenar una galopada en solitario del internacional francés. Courtois completó su estadística con un despeje a Danjuma, y el Madrid pudo sestear pero sin perderle el pulso al partido hasta el final.
El equipo blanco cierra con ocho victorias en ocho partidos (entre ellas el clásico) entre parón y parón, en un mes mágico. Más allá de los números, al equipo de Mourinho le convence el cómo. Si el objetivo era ser un equipo, ya lo parecen, y van camino de serlo en mayúsculas.
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