A estas alturas de la película lo mejor es que nadie se engañe. Por antinatural que pueda sonar, y por motivos estrictamente deportivos, de los cuatro partidos que tenía en la agenda el Barça en ocho días, el clásico ante el Real Madrid era el menos trascendente. El doble duelo de Euroliga en el Palau y el cruce con el Unicaja por la ventaja de campo en la Liga Endesa pueden marcar mucho más la temporada de los azulgrana. Dicho esto, que el máximo rival de minimice y triture delante de los tuyos con una superioridad tan indiscutible como aplastante no debería pasar inadvertido, confirmado el Real Madrid como el dominador de los clásicos, superado lo que ahora parece un milagro, que el Barça asaltara la calle Goya hace menos de tres meses.
Los blancos asaltan el Palau con una superioridad aplastante ante un rival falto de efectivos y energía, que apenas compareció diez minutos
A estas alturas de la película lo mejor es que nadie se engañe. Por antinatural que pueda sonar, y por motivos estrictamente deportivos, de los cuatro partidos que tenía en la agenda el Barça en ocho días, el clásico ante el Real Madrid era el menos trascendente. El doble duelo de Euroliga en el Palau y el cruce con el Unicaja por la ventaja de campo en la Liga Endesa pueden marcar mucho más la temporada de los azulgrana. Dicho esto, que el máximo rival de minimice y triture delante de los tuyos con una superioridad tan indiscutible como aplastante no debería pasar inadvertido, confirmado el Real Madrid como el dominador de los clásicos, superado lo que ahora parece un milagro, que el Barça asaltara la calle Goya hace menos de tres meses.
Va demasiado justo de gasolina el equipo barcelonista, aún con el olfato para ganar partidos como el del Roig Arena ante un rival que no dio una, pero mucho más limitado cuando el potencial que tiene enfrente alcanza una mejor expresión. Y no hay muchos como el que luce el Real Madrid, capaz de dejar fuera de la rotación a jugadores como Okeke o Kramer, que recibiría Pascual como los brazos abiertos. En cambio, el de Gavà tiene que completar su banquillo con jugadores del filial porque el club no ha podido –o no ha querido– brindarle algún refuerzo para intentar atacar algún objetivo. Baste un dato: el banquillo azulgrana anotó 22 puntos, por 55 del blanco.
Un parcial de 4-22 al inicio del segundo cuarto encarriló el triunfo blanco
Con el depósito en reserva, no se guardó nada a pesar de todo el Barça, que intentó tantear a los blancos con todo lo que pudo, que a día de hoy no es mucho. Scariolo repitió con Abalde como sombra de Punter, incapaz de anotar su primer punto hasta el minuto 14. Aun así, el momento dulce que atraviesa la muñeca de Vesely le permitió agarrarse al clásico. Incluso Fall aportaba sus bombitas, bajando el telón al primer cuarto con un 18-15 que permitía pensar en una tarde igualada de baloncesto a un Palau entregado pero resignado.
Pero a los de Pascual se les acabaron de fundir los plomos ya en el segundo cuarto, sin energía, cuando sufrieron el vendaval llamado Real Madrid. Con sus titulares en el banquillo, con jugadores como Procida o Lyles ejecutando las órdenes de Scariolo a la perfección, los blancos empezaron a hacer daño a un Barça que de camino a la lona seguía recibiendo mandobles. Los blancos firmaron un 4-22 letal, que dejó a todo el mundo sin aliento. Los triples visitantes caían como losas en el bando azulgrana. Y no fueron ni uno ni dos ni tres. Hasta cuatro prácticamente consecutivos anotaron los madridistas para destrozar el marcador, con el último de Campazzo que dibujó un 30-51 tan sonrojante como realista. No tanto fue el 9/12 en triples del Madrid al descanso, una locura. Por entonces, Willy Hernangómez seguía en el banquillo, sin pisar el parquet, como si al Barça le sobraran recursos, dentro o fuera de la pintura.
No había ni medio indicio de que los azulgrana tuvieran la capacidad de remontar, más bien la sensación del Palau era la de que su equipo no saliera demasiado herido de la derrota, que se consumiera el tiempo sin que el Madrid apretara el acelerador. Quizás a la desesperada, quizás para no destrozar a Vesely, compareció al fin Hernangómez, que estrenó el marcador en la segunda mitad. Una tímida alegría para la desde hace demasiado sufrida afición culé, que temió lo peor cuando el Madrid volvió a responder a triple limpio y alcanzó la máxima de la tarde (44-68).
Se puede decir, con poco temor a equivocarse, que ahí acabó de concluir el partido. Clyburn a lo Juan Palomo se encargó de que la cosa no fuera a más y Parra era el único que sumaba intangibles. Y así se fue apagando poco a poco el clásico, como apagado parece este Barça que, o encuentra alguna fórmula revitalizante, o puede bajar el telón del curso mucho antes de lo recomendable.
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