Las portadas de los dos grandes diarios deportivos de la capital sugerían ayer que el Real Madrid consiguió un buen resultado ante el Bayern. “Mientras hay vida…” (Marca) y “El gol de la esperanza” (As). Lo que fue una derrota en toda regla, de cabo a rabo, en goles y sensaciones, se transformó en un canto, a Galicia o a la esperanza.
Las portadas de los dos grandes diarios deportivos de la capital sugerían ayer que el Real Madrid consiguió un buen resultado ante el Bayern. “Mientras hay vida…” (Marca) y “El gol de la esperanza” (As). Lo que fue una derrota en toda regla, de cabo a rabo, en goles y sensaciones, se transformó en un canto, a Galicia o a la esperanza.Seguir leyendo…
Las portadas de los dos grandes diarios deportivos de la capital sugerían ayer que el Real Madrid consiguió un buen resultado ante el Bayern. “Mientras hay vida…” (Marca) y “El gol de la esperanza” (As). Lo que fue una derrota en toda regla, de cabo a rabo, en goles y sensaciones, se transformó en un canto, a Galicia o a la esperanza.

Y no es papanatismo de los respectivos diarios, es la sensación generalizada de que, efectivamente, hay eliminatoria. Ni siquiera una máquina histórica de noquear sin piedad, el Bayern, logró rematar al Real Madrid. Ellos que nunca han perdonado a nadie, el único club capaz de ser invitado a un partido de homenaje –a Johan Cruyff– y vapulear al organizador –el Ajax– al que endosaron un 0-8 en Ámsterdam, allá por 1978. Como para invitarlos a un café…
La virtud y la perdición del Real es pasar de tocar en modo banda de pueblo a arrancarse con Wagner
El dominio y la superioridad del Bayern de Munich en los primeros 70 minutos había impacientado al Bernabéu y excitado a cualquier enemigo del Real Madrid, babeando a la espera del tercero. La diferencia de juego, orden táctico y peligrosidad era apabullante. El equipo de Arbeloa nunca bajó los brazos aunque saltase al campo sin ellos y todo enfilaba a eliminatoria sentenciada.
El gol de Mbappé en el minuto 73 fue algo más que un gol. Restituyó esa leyenda blanca en la Copa de Europa y obligó al rey de las goleadas sin piedad a replegarse y aún gracias que se llevó ese 1-2, que dada la diferencia de juego debería bastarle para la vuelta.
El partido explica la situación del Real Madrid mejor que cualquier texto, serie o algoritmo. La leyenda blanca en Europa es su fuerte y, al mismo tiempo, la causa de su debilidad, tan manifiesta esta temporada. El Real Madrid se ha acostumbrado a salvar las temporadas a base de impulsos, de golpes de genio y esos arranques en los que lo más parecido a un banda municipal pasa de tocar El gato Montés a una apertura de Wagner en modo orquesta filarmónica.
La explosividad merengue es un don y un castigo. ¿Para qué sudar mucho toda una temporada si basta con esos brotes apoteósicos de cinco, quince o veinte minutos en los partidos decisivos? La supervivencia fue el gran mérito de un Real Madrid raro y mansurrón la mayor parte del encuentro, guiado por un canterano –Thiago– y confiado en los destellos de Vinícius, Mbappé o el Valverde de turno. Esa forma de vivir y jugar al fútbol permite no perder nunca la esperanza y celebrar como un éxito una derrota en casa por 1-2. Y así hasta que se gana el premio mayor del fútbol mundial.O hasta que caes eliminado y se te queda cara de tonto, algo que sucede cuando haces muchas tonterías, entre ellas no saber a qué juegas.
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