Un nuevo estudio sostiene que la frustración de las empresas respecto al teletrabajo podría estar llevándolas a reducir la contratación de jóvenes trabajadores Leer Un nuevo estudio sostiene que la frustración de las empresas respecto al teletrabajo podría estar llevándolas a reducir la contratación de jóvenes trabajadores Leer
Tras dos años y 150 solicitudes de empleo, Kylie Klapp se conformó con algo que, en un principio, no había buscado: una empresa sin oficina.
Los compañeros de esta joven de 24 años están repartidos por salones de todo el país, se comunican a través de mensajes de Slack y correos electrónicos, pero nunca charlan junto a la máquina de agua porque, bueno, no hay ninguna. Pasa días sin oír la voz de un compañero ni ver su cara. Cuando lo hace, la interacción va al grano: «Tú me das una tarea», dice, «yo te entrego un resultado».
En el fondo, a Klapp le da miedo a quedarse atrás. «El mercado laboral está muy mal ahora mismo», afirma. «Necesito hacer contactos».
Y por si eso no fuese suficiente, el teletrabajo «ha arruinado mi vida social», afirma.
Hace seis años, la pandemia obligó a Klapp y a sus compañeros a volver a casa desde el instituto meses antes de graduarse. Ahora, gran parte de la Generación Z sigue sin estar familiarizada con la oficina estadounidense. Y aunque ejecutivos como Jamie Dimon y Andy Jassy han lanzado campañas de gran repercusión para que los trabajadores vuelvan a sus puestos, el teletrabajo sigue siendo un elemento básico del entorno laboral, lo que hace que muchos recién graduados participen en videoconferencias por Zoom desde sus sofás.
A veces, a estos trabajadores les cuesta establecer contacto con mentores o seguir de cerca a los empleados con más experiencia. Formar a los trabajadores junior a distancia es «muy caro», afirmó el fundador de una startup, Jason Crawford. «Se convierte en una carga oculta para el tiempo de los empleados con más experiencia». Según Crawford, sus mejores empleados serían más productivos trabajando desde casa, pero los junior no lo son.
Los recién graduados ya están preocupados porque la inteligencia artificial está reduciendo el mercado laboral para los jóvenes. A estas preocupaciones se suma un nuevo estudio económico que sostiene que la frustración de empresarios como Crawford por cómo han funcionado las políticas de teletrabajo podría haberles llevado a reducir por completo la contratación de trabajadores jóvenes.
Un estudio publicado el mes pasado por investigadores de la London School of Economics señaló que el volumen de contratación dedicado a puestos de nivel inicial en varios países ha caído más de un 14% desde 2019. El estudio, basado en más de 400 millones de ofertas de empleo en línea, reveló que las empresas que mantuvieron el teletrabajo tras la pandemia eran más propensas a reducir la contratación de personal junior. Según los investigadores, contratar a un trabajador de nivel inicial es apostar por las habilidades futuras del empleado. Por lo tanto, el retorno de la inversión de una empresa depende de la velocidad a la que aprenda ese joven empleado.
Dado que el teletrabajo ralentiza ese proceso, argumentan los investigadores, las empresas consideran que el talento joven es una propuesta de valor menos atractiva y prefieren invertir en trabajadores de más edad.
Como resultado, el teletrabajo no solo empaña la experiencia cotidiana de los jóvenes empleados, sino que también les dificulta encontrar trabajo en el futuro.
«Las implicaciones son graves», escribieron los investigadores. «Una contracción persistente de este tipo agota la cantera de futuros trabajadores con experiencia, lo que provoca descensos en la productividad agregada y deja secuelas específicas en cada cohorte».
Menos de una cuarta parte de la Generación Z desea un entorno de trabajo totalmente a distancia, según una encuesta de Gallup del año pasado, en comparación con más de un tercio de las generaciones mayores. El desarrollador de software Darby Vernon solía trabajar en una empresa que permitía a los empleados quedarse en casa, y solo un pequeño grupo de trabajadores jóvenes, en su mayoría solteros, acudía a la oficina.
A primera vista, según Vernon, el teletrabajo parecía atractivo: «Puedes levantarte de la cama cinco minutos antes de tu reunión matutina». Pero empezó a echar de menos la vida social. Al ser introvertida, Vernon se daba cuenta de que había pasado una semana sin hablar con nadie más que con el camarero de un restaurante. Ahora lleva un mes trabajando presencialmente y siente lástima por los jóvenes trabajadores que se ven atrapados en casa.
«Enviar a alguien un mensaje por Slack diciendo ‘no sé lo que estoy haciendo’ es más difícil que inclinarse hacia él durante el almuerzo», afirmó.
McCarrick ha empezado recientemente a ofrecer sus servicios directamente a los trabajadores, enseñándoles qué decir cuando el jefe de su jefe se les acerca durante la hora de la cerveza, a cambio de unos cientos de dólares al mes. Lo llama la Escuela de Habilidades Interpersonales y afirma que hay una demanda considerable por parte de los jóvenes. ¿El tema de este mes? El carisma.
Los jóvenes trabajadores no pueden esperar poner en práctica estas habilidades en casa, añade. «Ya tendrás tiempo para la comodidad cuando tengas 45 años».
No todo el mundo se lo cree. Un sector de la Generación Z se ha aferrado al sueño del equilibrio entre la vida laboral y la personal. Solo el 6% de la Generación Z y los millennials afirma que alcanzar un puesto de liderazgo en su empresa es un objetivo profesional principal, según una encuesta de Deloitte del mes pasado. Más del 40% señaló que las condiciones de trabajo flexibles serían un factor clave a la hora de decidir si asumir un puesto de liderazgo.
Ese espíritu ha llevado a un ejército de jóvenes a oponerse a la cruzada por la vuelta al trabajo. Parte del problema, según Klapp, es que las facciones emergentes de la Generación Z llevan ahora vidas completamente diferentes: «Me cuesta mucho identificarme con compañeros que no tienen la misma experiencia que yo», afirma.
A mil millas de distancia de Klapp, en Canadá, a Chris Stevers, un desarrollador de software de 24 años, no le importa programar desde la granja familiar a las afueras de Stratford, en Ontario.
Sí, fue un poco incómodo cuando una vaca interrumpió una de sus reuniones por Zoom, y es consciente de que podría estar perdiéndose oportunidades de establecer contactos al rodearse principalmente de granjeros. Pero a Stevers le gusta poder realizar sus tareas mientras cuida de su rebaño y está cerca de su familia.
Los economistas afirman que la teoría del teletrabajo en la contratación de personal sin experiencia podría ser una buena noticia, sobre todo si significa que los efectos de la IA no son los culpables de la ralentización de la contratación. Los inconvenientes de Slack y Zoom son problemas solucionables, argumentan los investigadores de la LSE, y las empresas estadounidenses podrían esforzarse por resolverlos. Por otro lado, si la ralentización se debe a la IA, afirman, entonces no hay mucho que se pueda hacer fácilmente, dada la fuerza imparable de esta tecnología.
Y, sin embargo, la plantilla no parece haber llegado aún a ese punto. Matthew Manning, que ya va por su tercer trabajo a distancia en tres años tras graduarse en 2023, nunca ha tenido la oportunidad de observar a otro empleado.
Manning, al igual que otros, disfruta de la flexibilidad del teletrabajo. Pero también es consciente de que no ha permanecido el tiempo suficiente en ningún puesto como para pasar por un ciclo de ascensos. En sus dos puestos anteriores fue despedido.
«Nunca he llegado a conocer realmente a mis compañeros de trabajo», afirma, «y creo que es más fácil despedir a alguien si no tienes una relación personal con esa persona».
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por Clara Rojas.
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