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Una vez más, estalló la guerra. Ahora toca Afganistán contra Pakistán. Dos estados pobres a los que más les valía dedicar sus esfuerzos a dar de comer a su gente que a entretenerla matando al prójimo y, de paso, matando a los propios, con lo que se reduce el número de personas que hay que atender y, de paso, el número de productores de PIB. Lo comido por lo servido.
Como siempre, esto es un negocio. Un negocio del que también vivimos los españoles. Cuando leo los resultados de nuestras empresas de armamento, pienso cuántas bombas hemos fabricado, cuántas bombas hemos vendido, cuánto I +D hemos hecho para matar mejor y qué puesto ocupamos en el ranking mundial de las empresas matadores de hombres.
Quizás lo de » matadores de hombres » suena un poco duro, pero no encuentro otro calificativo para nuestros productores de PIB en la industria del armamento. El día que lo encuentre lo sustituiré.
Mientras estaba escribiendo esto, Estados Unidos e Israel lanzan un ataque masivo e inédito contra Irán. Más muertos. Mejor posición en el ranking.
Irán busca sucesor a Jameini. Que se den prisa porque mientras buscan sucesor aumentan los muertos y, sobre todo, aumenta el odio. El DRAE define odio como «antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea». Yo lo definiría como eso que pasa en Oriente Medio y que hace que de generación en generación la gente se mate, muchas veces sin saber por qué.
No me gusta que nuestros políticos se insulten, poniendo cara de enfadados. Quizá después se van a cenar con sus maridos o con sus mujeres y nosotros nos quedamos con la crispación, que es aquello de las dos Españas: los buenos (nosotros) y los malos (los otros).
Y eso es malo, malo, de verdad.
PD: El rey Emérito está en Abu Dabi. Mientras discutimos si vuelve o no vuelve, pueden acertar en un bombardeo con el lugar donde vive. Sería terrible ver cómo lo llevan al Escorial después de haberlo tenido exiliado tantos años.
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