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Indra continúa sacando rédito de sus apuestas en la industria de la defensa y la adquisición de ITP Aero en 2023 no es una excepción. La cotizada del Ibex reveló en su informe anual que durante el ejercicio 2025 ha triplicado el valor que tiene en sus libros el 9,5% de la compañía de motoros aeronauticos. Este ha pasado de 115,3 millones de euros a 354 millones de euros, una revisión al alza de casi 240 millones de euros.
La empresa dirigida por Ángel Escribano y José Vicente de los Mozos tomó esta participación en el capital en 2023 por 175 millones en una operación que apunta a ser extremadamente rentable. Más si cabe si se tienen en cuenta los dividendos que el grupo ha percibido de su participada, que ascendieron a 59,6 millones de euros en 2024 según anunció la propia Indra. A esto se sumará otro megadividendo que no consta como recibido en las cuentas de la cotizada, pero que se espera que sea de 800 millones en total, por lo que a Indra le corresponderían algo menos de 80 millones de euros. Si se suman ambas operaciones, prácticamente habrá amortizado ya la operación con el fabricante de motores.
La operación de entrada en ITP Aero fue uno de los detonantes que provocó la primera ola de cambios directivos en Indra, ya que la directiva de Fernando Abril-Martorell no era partidaria de la operación (después de haber intentado comprar y fusionarse con ITP en 2017 y 2018).
El 76% del capital de la empresa vasca está en manos del fondo de inversión estadounidense Bain Capital, una condición a la que el Gobierno accedió si el 30% restante era para inversores españoles y entre ellos había un «socio industrial». El elegido, como en el resto de grandes programas de defensa, era Indra, con la que había algunos lazos (ambas trabajan con el Eurofighter), pero no unas grandes sinergias y sí una compleja negociación que requirió ampliar los plazos previamente fijados. Junto a Indra, están presentes en el accionariado para completar el sector nacional el Gobierno Vasco (6%), el banco de inversión JB Capital (10%), fundado por Javier Botín.
Al tratarse de un socio público y un socio financiero, se da por hecho que el futuro de la compañía pasa por que Indra aumente su participación en el gigante vasco hasta controlarlo y consolidar tanto la propiedad nacional de una empresa estratégica como la extranjera. Sin embargo, la fulgurante revalorización del grupo dificulta que esto ocurra en el futuro próximo, por lo que podría abrirse a otras opciones mixtas para permitir que Bain monetice su inversión, algo que debería ocurrir en los próximos años.
De hecho, la compañía se ha endeudado para repartir el último megadividendo como una forma de comprar ese tiempo necesario para la salida del fondo estadounidense de la forma que querrían Indra y el Ejecutivo. Al mismo tiempo, Bain está levantando un fondo de inversión nuevo para venderse a sí misma la participación en la sociedad, otra forma de alargar la ventana de permanencia en el accionariado de una compañía por la que sacará una importante plusvalía y en pleno contexto de un mayor control europeo sobre la procedencia de las inversiones en industria.
La subida del valor en los libros de Indra de ITP Aero no está basada simplemente en expectativas. La empresa dirigida por Eva Azoulay facturó 1.882 millones de euros en 2025, un 17% más que en 2024, mientras que el beneficio bruto de explotación (Ebitda) fue de 379 millones, un incremento del 28% respecto al ejercicio anterior.
La compañía crece no solo en defensa, sino también en otros negocios como el de la aviación comercial y el de servicios de mantenimiento, otro sector en auge. El mes pasado, la empresa española adquirió la compañía Aero Norway para seguir ampliando su negocio de mantenimiento.
Además, la firma se ha comprometido a invertir 110 millones y crear 800 empleos en tres años en el desarrollo de motores aéreos de nueva generación.
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