Todo empezó hace más de cuarenta años, en noviembre de 1980 y agosto de 1981. En aquellos momentos, las históricas sondas gemelas Voyager 1 y Voyager 2 de la NASA, en su viaje hacia los confines del Sistema Solar , se asomaron por primera vez a los polos de Saturno. Y lo que vieron allí, a miles de millones de kilómetros de casa, dejó literalmente sin habla tanto al público de la época como a la comunidad científica internacional. Rodeando el polo norte del gigante anillado, giraba incesante una monstruosa tormenta… que tenía la forma de un hexágono perfecto. ¿Cómo era posible? ¿Acaso la caótica meteorología de un mundo gaseoso podía esculpir a la perfección polígonos de seis lados?El interés científico (y mediático) no se hizo esperar. Pronto, los investigadores averiguaron que esos famosos ‘hexágonos de Saturno’ (que años más tarde la sonda Cassini fotografiaría con un detalle sin precedentes ) no eran ninguna superestructura artificial, como alguien llegó a decir, sino pura mecánica de fluidos, pero a una escala colosal.Para hacernos una idea, los lados de ese hexágono norte miden casi 14.000 kilómetros de longitud; es decir, la Tierra entera cabría holgadamente en cada uno de ellos. Y pronto se descubrió que la tormenta era, en realidad, una gigantesca onda atmosférica estacionaria. Las feroces corrientes en chorro del planeta (vientos huracanados que soplan a cientos de kilómetros por hora cerca del polo) actúan como una barrera natural. Al chocar con variaciones de presión en la atmósfera, este veloz cauce de aire polar comienza a serpentear y ondularse hasta alcanzar una asombrosa configuración geométrica que se estabiliza con el tiempo.Pero la cosa no ha quedado ahí, y ahora Saturno nos ha demostrado que su atmósfera es capaz de construir tormentas con formas geométricas mucho más complejas que un hexágono. Un equipo de astrónomos liderado por investigadores españoles, de hecho, ha descubierto, por primera vez, una gigantesca tormenta con forma de decágono justo en el otro extremo del planeta: su polo sur.Un coloso de diez lados en plena formaciónEl hallazgo, que acaba de publicarse en ‘ Science Advances ‘, es obra del investigador Agustín Sánchez-Lavega, uno de los mayores expertos mundiales en atmósferas planetarias, y sus colegas, que utilizaron la potencia combinada del Telescopio Espacial Hubble y de los mejores observatorios terrestres para ‘dar caza’ a esta nueva maravilla planetaria.La Tierra entera cabría holgadamente en cada uno de los lados de estos colosales polígonos atmosféricos de SaturnoA pesar de que el hexágono del polo norte es un ‘viejo conocido’ que lleva estable allí más de cuarenta años sin apenas inmutarse, el nuevo decágono sur es, astronómicamente hablando, un recién nacido. Según los datos recopilados por el equipo, en efecto, esta ciclópea onda de diez vértices parece haberse desarrollado entre los años 2023 y 2025.Y otra diferencia: al contrario de la estabilidad que muestra la figura del norte, el decágono aún está ‘vivo’, es decir, en pleno proceso de formación y evolución. Observar algo así en directo supone un auténtico lujo para los investigadores, porque les permite contemplar a escala planetaria cómo los vientos de un gigante gaseoso se retuercen y buscan el equilibrio meteorológico en tiempo real.El misterio de la oscilaciónUna de mayores sorpresas al analizar los datos fue el peculiar comportamiento de esta extraordinaria estructura geométrica. Porque los vértices del decágono, es decir, sus diez inmensas ‘esquinas’, no permanecen quietas, sino que la longitud de sus ‘lados’ oscila regularmente siguiendo un compás muy preciso: un periodo exacto de 32 días.¿Cómo se explica esta colosal danza planetaria? Podemos comparar lo observado con un caudaloso río de montaña al que obligamos a pasar por un desfiladero lleno de grandes rocas en sus márgenes; el agua rebotará, formará meandros rápidos y creará olas permanentes. Las mediciones sugieren que la forma de diez lados es, en esencia, una gran onda que serpentea sin parar, pero que está atrapada y confinada por la violenta curvatura de un chorro atmosférico dominante en ese hemisferio.A diferencia de la histórica tormenta del polo norte, el decágono del sur parece ser un ‘recién nacido’ en pleno proceso de evoluciónPara desentrañar la mecánica exacta que da origen a este fenómeno, Sánchez-Lavega y sus colegas recurrieron a la ‘fuerza bruta’ computacional, creando simulaciones bajo el modelo de ‘aguas someras’. Este tipo de física de fluidos permite reproducir en un ordenador cómo se comportan y se deforman las finas y visibles capas superficiales de las atmósferas planetarias cuando son puestas al límite por las fuertes rotaciones y los vientos huracanados.¿El violento empujón de una ‘Mancha Roja’?Los resultados de estas simulaciones revelan que el polígono no surge por arte de magia. Los autores apuntan a que esta perturbación rítmica podría haberse creado por una inestabilidad espacial periódica originada justo en el corazón del pico del viento polar. Pero las matemáticas barajan también a otro posible y culpable: un gigantesco vórtice anticiclónico situado al norte de la corriente. Estaríamos hablando del empuje de una tormenta masiva vecina (quizá algo similar a las clásicas ‘Manchas Rojas«’ de Júpiter), que, al rozar y golpear la corriente polar, la obliga a arrugarse de forma incesante hasta fragmentarla en diez vértices perfectos.Las ‘esquinas’ de los inmensos vértices del decágono no se quedan quietas, sino que oscilan siguiendo un compás exacto de 32 díasPara Miguel Ángel López Valverde, investigador científico del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, que no participó en el estudio, «se trata de una observación y una investigación muy interesantes, porque la existencia de ondas estacionarias con forma de hexágono exclusivamente en las nubes del polo norte de Saturno parecía indicar que era un fenómeno único, y demuestra que se forman estructuras poligonales de modo natural en las fronteras de los fuertes vientos zonales (a lo largo de bandas paralelas al ecuador) cuando estas bandas se estrechan en altas latitudes, debido a fenómenos de turbulencia y cizalladura«.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Una maniobra de infarto acercará a la sonda BepiColombo a Mercurio tras ocho años de viaje noticia Si Hallan seis enormes estructuras a 3.000 km de profundidad, en la frontera entre el manto y el núcleo terrestreEn su artículo, los investigadores no dejan lugar a dudas sobre la trascendencia del descubrimiento: «Estas propiedades en el movimiento del decágono -escriben- indican la existencia de un comportamiento dinámico complejo, nunca observado en el hexágono, convirtiéndose en algo que merece atención en el futuro». Todo empezó hace más de cuarenta años, en noviembre de 1980 y agosto de 1981. En aquellos momentos, las históricas sondas gemelas Voyager 1 y Voyager 2 de la NASA, en su viaje hacia los confines del Sistema Solar , se asomaron por primera vez a los polos de Saturno. Y lo que vieron allí, a miles de millones de kilómetros de casa, dejó literalmente sin habla tanto al público de la época como a la comunidad científica internacional. Rodeando el polo norte del gigante anillado, giraba incesante una monstruosa tormenta… que tenía la forma de un hexágono perfecto. ¿Cómo era posible? ¿Acaso la caótica meteorología de un mundo gaseoso podía esculpir a la perfección polígonos de seis lados?El interés científico (y mediático) no se hizo esperar. Pronto, los investigadores averiguaron que esos famosos ‘hexágonos de Saturno’ (que años más tarde la sonda Cassini fotografiaría con un detalle sin precedentes ) no eran ninguna superestructura artificial, como alguien llegó a decir, sino pura mecánica de fluidos, pero a una escala colosal.Para hacernos una idea, los lados de ese hexágono norte miden casi 14.000 kilómetros de longitud; es decir, la Tierra entera cabría holgadamente en cada uno de ellos. Y pronto se descubrió que la tormenta era, en realidad, una gigantesca onda atmosférica estacionaria. Las feroces corrientes en chorro del planeta (vientos huracanados que soplan a cientos de kilómetros por hora cerca del polo) actúan como una barrera natural. Al chocar con variaciones de presión en la atmósfera, este veloz cauce de aire polar comienza a serpentear y ondularse hasta alcanzar una asombrosa configuración geométrica que se estabiliza con el tiempo.Pero la cosa no ha quedado ahí, y ahora Saturno nos ha demostrado que su atmósfera es capaz de construir tormentas con formas geométricas mucho más complejas que un hexágono. Un equipo de astrónomos liderado por investigadores españoles, de hecho, ha descubierto, por primera vez, una gigantesca tormenta con forma de decágono justo en el otro extremo del planeta: su polo sur.Un coloso de diez lados en plena formaciónEl hallazgo, que acaba de publicarse en ‘ Science Advances ‘, es obra del investigador Agustín Sánchez-Lavega, uno de los mayores expertos mundiales en atmósferas planetarias, y sus colegas, que utilizaron la potencia combinada del Telescopio Espacial Hubble y de los mejores observatorios terrestres para ‘dar caza’ a esta nueva maravilla planetaria.La Tierra entera cabría holgadamente en cada uno de los lados de estos colosales polígonos atmosféricos de SaturnoA pesar de que el hexágono del polo norte es un ‘viejo conocido’ que lleva estable allí más de cuarenta años sin apenas inmutarse, el nuevo decágono sur es, astronómicamente hablando, un recién nacido. Según los datos recopilados por el equipo, en efecto, esta ciclópea onda de diez vértices parece haberse desarrollado entre los años 2023 y 2025.Y otra diferencia: al contrario de la estabilidad que muestra la figura del norte, el decágono aún está ‘vivo’, es decir, en pleno proceso de formación y evolución. Observar algo así en directo supone un auténtico lujo para los investigadores, porque les permite contemplar a escala planetaria cómo los vientos de un gigante gaseoso se retuercen y buscan el equilibrio meteorológico en tiempo real.El misterio de la oscilaciónUna de mayores sorpresas al analizar los datos fue el peculiar comportamiento de esta extraordinaria estructura geométrica. Porque los vértices del decágono, es decir, sus diez inmensas ‘esquinas’, no permanecen quietas, sino que la longitud de sus ‘lados’ oscila regularmente siguiendo un compás muy preciso: un periodo exacto de 32 días.¿Cómo se explica esta colosal danza planetaria? Podemos comparar lo observado con un caudaloso río de montaña al que obligamos a pasar por un desfiladero lleno de grandes rocas en sus márgenes; el agua rebotará, formará meandros rápidos y creará olas permanentes. Las mediciones sugieren que la forma de diez lados es, en esencia, una gran onda que serpentea sin parar, pero que está atrapada y confinada por la violenta curvatura de un chorro atmosférico dominante en ese hemisferio.A diferencia de la histórica tormenta del polo norte, el decágono del sur parece ser un ‘recién nacido’ en pleno proceso de evoluciónPara desentrañar la mecánica exacta que da origen a este fenómeno, Sánchez-Lavega y sus colegas recurrieron a la ‘fuerza bruta’ computacional, creando simulaciones bajo el modelo de ‘aguas someras’. Este tipo de física de fluidos permite reproducir en un ordenador cómo se comportan y se deforman las finas y visibles capas superficiales de las atmósferas planetarias cuando son puestas al límite por las fuertes rotaciones y los vientos huracanados.¿El violento empujón de una ‘Mancha Roja’?Los resultados de estas simulaciones revelan que el polígono no surge por arte de magia. Los autores apuntan a que esta perturbación rítmica podría haberse creado por una inestabilidad espacial periódica originada justo en el corazón del pico del viento polar. Pero las matemáticas barajan también a otro posible y culpable: un gigantesco vórtice anticiclónico situado al norte de la corriente. Estaríamos hablando del empuje de una tormenta masiva vecina (quizá algo similar a las clásicas ‘Manchas Rojas«’ de Júpiter), que, al rozar y golpear la corriente polar, la obliga a arrugarse de forma incesante hasta fragmentarla en diez vértices perfectos.Las ‘esquinas’ de los inmensos vértices del decágono no se quedan quietas, sino que oscilan siguiendo un compás exacto de 32 díasPara Miguel Ángel López Valverde, investigador científico del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, que no participó en el estudio, «se trata de una observación y una investigación muy interesantes, porque la existencia de ondas estacionarias con forma de hexágono exclusivamente en las nubes del polo norte de Saturno parecía indicar que era un fenómeno único, y demuestra que se forman estructuras poligonales de modo natural en las fronteras de los fuertes vientos zonales (a lo largo de bandas paralelas al ecuador) cuando estas bandas se estrechan en altas latitudes, debido a fenómenos de turbulencia y cizalladura«.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Una maniobra de infarto acercará a la sonda BepiColombo a Mercurio tras ocho años de viaje noticia Si Hallan seis enormes estructuras a 3.000 km de profundidad, en la frontera entre el manto y el núcleo terrestreEn su artículo, los investigadores no dejan lugar a dudas sobre la trascendencia del descubrimiento: «Estas propiedades en el movimiento del decágono -escriben- indican la existencia de un comportamiento dinámico complejo, nunca observado en el hexágono, convirtiéndose en algo que merece atención en el futuro». Todo empezó hace más de cuarenta años, en noviembre de 1980 y agosto de 1981. En aquellos momentos, las históricas sondas gemelas Voyager 1 y Voyager 2 de la NASA, en su viaje hacia los confines del Sistema Solar , se asomaron por primera vez a los polos de Saturno. Y lo que vieron allí, a miles de millones de kilómetros de casa, dejó literalmente sin habla tanto al público de la época como a la comunidad científica internacional. Rodeando el polo norte del gigante anillado, giraba incesante una monstruosa tormenta… que tenía la forma de un hexágono perfecto. ¿Cómo era posible? ¿Acaso la caótica meteorología de un mundo gaseoso podía esculpir a la perfección polígonos de seis lados?El interés científico (y mediático) no se hizo esperar. Pronto, los investigadores averiguaron que esos famosos ‘hexágonos de Saturno’ (que años más tarde la sonda Cassini fotografiaría con un detalle sin precedentes ) no eran ninguna superestructura artificial, como alguien llegó a decir, sino pura mecánica de fluidos, pero a una escala colosal.Para hacernos una idea, los lados de ese hexágono norte miden casi 14.000 kilómetros de longitud; es decir, la Tierra entera cabría holgadamente en cada uno de ellos. Y pronto se descubrió que la tormenta era, en realidad, una gigantesca onda atmosférica estacionaria. Las feroces corrientes en chorro del planeta (vientos huracanados que soplan a cientos de kilómetros por hora cerca del polo) actúan como una barrera natural. Al chocar con variaciones de presión en la atmósfera, este veloz cauce de aire polar comienza a serpentear y ondularse hasta alcanzar una asombrosa configuración geométrica que se estabiliza con el tiempo.Pero la cosa no ha quedado ahí, y ahora Saturno nos ha demostrado que su atmósfera es capaz de construir tormentas con formas geométricas mucho más complejas que un hexágono. Un equipo de astrónomos liderado por investigadores españoles, de hecho, ha descubierto, por primera vez, una gigantesca tormenta con forma de decágono justo en el otro extremo del planeta: su polo sur.Un coloso de diez lados en plena formaciónEl hallazgo, que acaba de publicarse en ‘ Science Advances ‘, es obra del investigador Agustín Sánchez-Lavega, uno de los mayores expertos mundiales en atmósferas planetarias, y sus colegas, que utilizaron la potencia combinada del Telescopio Espacial Hubble y de los mejores observatorios terrestres para ‘dar caza’ a esta nueva maravilla planetaria.La Tierra entera cabría holgadamente en cada uno de los lados de estos colosales polígonos atmosféricos de SaturnoA pesar de que el hexágono del polo norte es un ‘viejo conocido’ que lleva estable allí más de cuarenta años sin apenas inmutarse, el nuevo decágono sur es, astronómicamente hablando, un recién nacido. Según los datos recopilados por el equipo, en efecto, esta ciclópea onda de diez vértices parece haberse desarrollado entre los años 2023 y 2025.Y otra diferencia: al contrario de la estabilidad que muestra la figura del norte, el decágono aún está ‘vivo’, es decir, en pleno proceso de formación y evolución. Observar algo así en directo supone un auténtico lujo para los investigadores, porque les permite contemplar a escala planetaria cómo los vientos de un gigante gaseoso se retuercen y buscan el equilibrio meteorológico en tiempo real.El misterio de la oscilaciónUna de mayores sorpresas al analizar los datos fue el peculiar comportamiento de esta extraordinaria estructura geométrica. Porque los vértices del decágono, es decir, sus diez inmensas ‘esquinas’, no permanecen quietas, sino que la longitud de sus ‘lados’ oscila regularmente siguiendo un compás muy preciso: un periodo exacto de 32 días.¿Cómo se explica esta colosal danza planetaria? Podemos comparar lo observado con un caudaloso río de montaña al que obligamos a pasar por un desfiladero lleno de grandes rocas en sus márgenes; el agua rebotará, formará meandros rápidos y creará olas permanentes. Las mediciones sugieren que la forma de diez lados es, en esencia, una gran onda que serpentea sin parar, pero que está atrapada y confinada por la violenta curvatura de un chorro atmosférico dominante en ese hemisferio.A diferencia de la histórica tormenta del polo norte, el decágono del sur parece ser un ‘recién nacido’ en pleno proceso de evoluciónPara desentrañar la mecánica exacta que da origen a este fenómeno, Sánchez-Lavega y sus colegas recurrieron a la ‘fuerza bruta’ computacional, creando simulaciones bajo el modelo de ‘aguas someras’. Este tipo de física de fluidos permite reproducir en un ordenador cómo se comportan y se deforman las finas y visibles capas superficiales de las atmósferas planetarias cuando son puestas al límite por las fuertes rotaciones y los vientos huracanados.¿El violento empujón de una ‘Mancha Roja’?Los resultados de estas simulaciones revelan que el polígono no surge por arte de magia. Los autores apuntan a que esta perturbación rítmica podría haberse creado por una inestabilidad espacial periódica originada justo en el corazón del pico del viento polar. Pero las matemáticas barajan también a otro posible y culpable: un gigantesco vórtice anticiclónico situado al norte de la corriente. Estaríamos hablando del empuje de una tormenta masiva vecina (quizá algo similar a las clásicas ‘Manchas Rojas«’ de Júpiter), que, al rozar y golpear la corriente polar, la obliga a arrugarse de forma incesante hasta fragmentarla en diez vértices perfectos.Las ‘esquinas’ de los inmensos vértices del decágono no se quedan quietas, sino que oscilan siguiendo un compás exacto de 32 díasPara Miguel Ángel López Valverde, investigador científico del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, que no participó en el estudio, «se trata de una observación y una investigación muy interesantes, porque la existencia de ondas estacionarias con forma de hexágono exclusivamente en las nubes del polo norte de Saturno parecía indicar que era un fenómeno único, y demuestra que se forman estructuras poligonales de modo natural en las fronteras de los fuertes vientos zonales (a lo largo de bandas paralelas al ecuador) cuando estas bandas se estrechan en altas latitudes, debido a fenómenos de turbulencia y cizalladura«.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Una maniobra de infarto acercará a la sonda BepiColombo a Mercurio tras ocho años de viaje noticia Si Hallan seis enormes estructuras a 3.000 km de profundidad, en la frontera entre el manto y el núcleo terrestreEn su artículo, los investigadores no dejan lugar a dudas sobre la trascendencia del descubrimiento: «Estas propiedades en el movimiento del decágono -escriben- indican la existencia de un comportamiento dinámico complejo, nunca observado en el hexágono, convirtiéndose en algo que merece atención en el futuro». 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