En aquella batalla de la IGM, las tropas aliadas tuvieron que desembarcar en playas estrechas dominadas por alturas desde las que podían batirlos. En la costa sur de Irán hay tramos abruptos, zonas montañosas junto al mar y accesos limitados Leer En aquella batalla de la IGM, las tropas aliadas tuvieron que desembarcar en playas estrechas dominadas por alturas desde las que podían batirlos. En la costa sur de Irán hay tramos abruptos, zonas montañosas junto al mar y accesos limitados Leer
Hay una frase que resume las últimas intervenciones militares de EEUU: «Si hay problemas, llama a los marines». En los últimos días, la Administración Trump está mencionando cada vez más a esta unidad, herramienta inmediata y contundente cuando hay que intervenir rápido, antes de escalar a una guerra mayor.
La trampa que los ayatolás le han preparado a sus enemigos en el Estrecho de Ormuz exige o un acuerdo, cada vez más lejano, o una intervención armada en el propio canal para desatascar el desafío.
La escolta de petroleros con barcos de guerra es una solución incierta, porque cualquier dron que consiga impactar en uno de esos cargueros desbarataría el esfuerzo y el miedo a nuevos ataques devolvería al Estrecho a la casilla de salida.
Otra opción, mucho más arriesgada, es realizar una operación aerotransportada, es decir, con paracaidistas. EEUU ya ha interrumpido toda la agenda de entrenamientos de la 82 División Aerotransportada, lo que indica su próximo despliegue. Esta unidad es la misma que saltó sobre Normandía 24 horas antes del gran desembarco en la Segunda Guerra Mundial. El problema es que ese tipo de misiones de salto masivo no se ven desde la toma del Canal de Suez en 1956 por su alto riesgo. Después de 1956 hubo más, pero siempre fueron limitadas o fallidas, como el intento de conquista del aeropuerto de Hostomel por parte de tropas rusas aerotransportadas en helicópteros durante las primeras horas de la invasión rusa de Ucrania.
Así que la opción que está realmente sobre la mesa es un desembarco en la costa sur y en las islas. Aunque los analistas militares advierten de los peligros: Irán tiene todas las ventajas estratégicas para defender esa orilla del Estrecho. Muchos han rebuscado en la historia para encontrar una operación en un contexto geográfico similar: la batalla de Gallipoli.
La campaña de Gallipoli fue un intento aliado durante la Primera Guerra Mundial de abrir una ruta hacia Rusia tomando los estrechos controlados por el Imperio Otomano. El plan, impulsado en gran medida por Winston Churchill cuando era primer lord del Almirantazgo, comenzó con un ataque naval fallido y derivó en un desembarco sangriento en la península del mismo nombre en abril de 1915. Las tropas británicas, francesas y australianas se encontraron con una defensa otomana bien organizada y un terreno extremadamente desfavorable, lo que convirtió la operación en una carnicería durante meses, con enormes bajas y sin avances decisivos.
Finalmente, los aliados evacuaron a finales de 1915 y principios de 1916. El fracaso dañó gravemente la carrera de Churchill, que tuvo que dimitir, y quedó como un ejemplo clásico de mala planificación estratégica y subestimación del enemigo.
¿En qué se parece este tramo de costa sur de Irán a la península turca? En Gallipoli, las tropas aliadas tuvieron que desembarcar en playas estrechas dominadas por alturas desde las que los defensores podían batirlas con facilidad. En la costa sur de Irán ocurre algo parecido: tramos abruptos, zonas montañosas muy cercanas al mar y accesos limitados. Quien desembarca queda expuesto y canalizado, sin margen para maniobrar. Son todo ventajas para Irán. Es decir, desembarcar en playas pequeñas rodeadas de acantilados, sin lugares para esconderse y teniendo que luchar cuesta arriba sin agua, dependiendo de una logística precaria. Peor aún es intentar tomar la isla de Qeshm, una fortaleza natural llena de cuevas de sal cuya referencia militar más cercana es Iwo Jima, la isla llena de cuevas y túneles que los japoneses defendieron a sangre y fuego.
Los otomanos conocían el terreno y lo habían fortificado. Irán lleva décadas preparando esa franja litoral del Golfo con una lógica similar: posiciones defensivas, misiles costeros, minas y vigilancia, integradas en una doctrina de negación del área. Gallipoli acabó en una campaña larga, costosa y sin objetivos claros alcanzados. Los analistas temen algo similar: incluso si el desembarco inicial tuviera éxito, mantener y expandir una cabeza de playa frente a un enemigo bien preparado podría derivar en una guerra de desgaste sin salida rápida.
Estados Unidos ya ha empezado a demoler las defensas costeras del sur de Irán, según anunció el CENTCOM, su mando central. El miércoles destruyó posiciones artilladas, lanzaderas y búnkers, en previsión de una posible operación de desembarco en la zona para reabrir el Estrecho de Ormuz. Suele ser el paso previo para saber en qué estado se encuentra el posible campo de batalla.
Anthony H. Cordesman, analista del Centro de Estudios Estratégicos, asegura que «cualquier intento de proyectar fuerzas a gran escala en el Golfo contra una defensa iraní preparada afrontaría serios riesgos de escalada y desgaste en un espacio de combate confinado». Michael Knights, analista del Instituto de Oriente Próximo de Washington, cree que «la geografía del Golfo favorece la estrategia defensiva de Irán, especialmente a lo largo de su costa, donde puede concentrar fuego contra fuerzas navales y anfibias».
El experto naval Bryan Clark afirma que «en el Estrecho de Ormuz, las fuerzas estadounidenses operarían dentro de la zona de fuego iraní, donde incluso sistemas pequeños y dispersos pueden imponer costes significativos».
EEUU ya elaboró un plan para tomar el Estrecho de Ormuz en los años 80. Los comandantes de la Fuerza del Próximo Oriente hicieron sus cálculos hace 40 años y estimaron que serían necesarios 6.000 infantes de marina repartidos por varias islas. El plan era tomar primero Larak, Ormuz y Qeshem. Luego, pequeños grupos de desembarco tomarían el resto de islotes. Hoy ese plan, con la tecnología de drones actual, resultaría un suicidio.
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