Javier Cámara es uno de los nombres más representativos del cine y la televisión españolas. A lo largo de los últimos años, el nativo de Albelda de Iregua ha mostrado sus habilidades polifacéticas, especialmente su vis cómica para encarnar a Paco en 7 vidas. Rapa, Narcos, The Young Pope y The New Pope, Vota/Vamos/Venga Juan o Yakarta son algunos de los proyectos en los que ha participado en la pequeña pantalla. Sin embargo, no siempre ha tenido la fortuna de su mano. Más concretamente, en el ámbito del amor.
El actor riojano confesó las dificultades que sufrió para encontrar un amor sano durante su adolescencia
Javier Cámara es uno de los nombres más representativos del cine y la televisión españolas. A lo largo de los últimos años, el nativo de Albelda de Iregua ha mostrado sus habilidades polifacéticas, especialmente su vis cómica para encarnar a Paco en 7 vidas. Rapa, Narcos, The Young Pope y The New Pope, Vota/Vamos/Venga Juan o Yakarta son algunos de los proyectos en los que ha participado en la pequeña pantalla. Sin embargo, no siempre ha tenido la fortuna de su mano. Más concretamente, en el ámbito del amor.
El actor riojano concedió esta semana una entrevista en El sentido de la birra, podcast presentado por Ricardo Moya, donde pudo hablar de lo que la gente más recuerda de su filmografía, la tristeza en la vejez y su adolescencia. En particular, destacó las dudas y problemas que tuvo a la hora de relacionarse y buscar el amor. Cámara reconoció que llegó a tener dudas, cuestiones sobre la capacidad de los hombres de quererse entre ellos. Una dificultad agraviada por la época en la que creció, en la que se perseguía la homosexualidad sin concesión alguna.
“Yo creía que sabía amar. Yo tenía mucho amor dentro, pero lo que encontraba era sexo. O sea, el sexo más fácil, más rápido, más urgente, más oculto, ¿no? Eso era lo que pensaba. Todo el alrededor que oliera homosexual era pecado y era un insulto. No quiero estar señalado porque me van a pegar, hostia. Me van a insultar, me van a hacer algo. Yo sentía que tenía una capacidad de amar, pero no sabía si… si entre los hombres nos podíamos amar”, reconocía, ante la sorpresa de Moya. Asimismo, distinguió algunos detalles de las relaciones a su edad.
“Yo veía a mis amigos absolutamente enamorados y decía, ‘yo también me puedo enamorar, pero claro, no sé si voy a encontrar un hombre que se enamore de mí’. Era una cosa muy curiosa. Claro, también tenía 16, 17. Tuve muchos escarceos con chicas, pero yo sabía que a mí lo que me gustaban eran los chicos. Pero claro, con los chicos las relaciones que podía haber tenido eran más sexuales, más de deseo, no tanto de decir, oye, me apetece estar contigo más tiempo, o vámonos a cenar, o quedamos para ir al cine. Eso no existió en mi tiempo hasta que llegué a Madrid”, admitió.
Recuerdos selectivos
A nivel interpretativo, Cámara tenía claro que era el público quien se encargaba de construir su currículum: “La gente se acuerda de lo bueno. La gente se acuerda de lo que le ha emocionado y se olvida bastante de lo que no le ha gustado. A mí me ha hecho una criba la gente, me ha hecho el currículum: ‘Cómo me gustó aquello, cómo me gustó esto, no sé qué…’. Y digo, hostia, entre esa y esa había tres películas que no me las nombran, no se acuerdan, no les marcó y eran películas esforzadas, con guiones decentes”.
“Quiero decir que en una época en la que igual tú no podías decidir tanto, pero bueno que no he tenido mala suerte yo, que he hecho cosas la gente no las nombra. La gente decide lo que quiere. Entonces, cuando apareció Torrente o cuando apareció 7 vidas, la gente se queda con eso. Y Torrente puede ser todo lo criticable, pero la gente se queda, la gente se la guarda. La gente te va haciendo el currículum. Ya no sé lo que he hecho, me acuerdo de lo que dice la gente”, admitía.
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