Rafa Jódar logró su segunda victoria en Roland Garros (6-1, 6-7(5), 6-4, 7-5), pero sobre todo aprendió una gran lección: un duelo al mejor de cinco sets en la tierra batida de París esconde varios partidos en un solo partido. Una pista incómoda, el calor, los problemas físicos y un correoso James Duckworth, de 34 años, brindaron un duro examen de casi tres horas y media al español, que se sobrepuso a todo con una entereza impropia a su edad (19 años) y a su escaso experiencia en el Bois de Boulogne.
El español se sobrepone a un correoso Duckworth en la segunda ronda de Roland Garros (6-1, 6-7(5), 6-4, 7-5)
Rafa Jódar logró su segunda victoria en Roland Garros (6-1, 6-7(5), 6-4, 7-5), pero sobre todo aprendió una gran lección: un duelo a cinco sets en la tierra batida de París esconde varios partidos en un solo partido. Una pista incómoda, el calor, los problemas físicos y un correoso James Duckworth, de 34 años, brindaron un duro examen de casi tres horas y media al español, que se sobrepuso a todo con una entereza impropia a su edad (19 años) y a su escasa experiencia en el Bois de Boulogne.
Le superó al de Sydney el fenómeno Jódar en los primeros intercambios. El español dibujó ángulos que mecieron al número 82 de la ATP, impotente y frustrado ante un muro sin fisuras. Siempre metido en la pista, amenazante en todo momento, el de Leganés, rápido y ligero de piernas, no dio opción a la réplica en un primer set que apenas duró 29 puntos. 17 errores no forzados desesperaron a un Duckworth que solo encontró refugio en el saque abierto. Hasta que una doble falta y juego en blanco, que supuso otro break, cerraron una primera manga engañosa para el madrileño.
Parecía que Jódar seguía con su plácido camino en el segundo parcial, por delante gracias a un break en el quinto juego. Pero entonces Duckworth se repuso, igualando la manga con una rotura inmediata, y las dudas se apoderaron del español. El australiano, con más ritmo y un juego directo, martilleó la derecha de su rival, que empezó a flojear. Tras desperdiciar seis bolas de break, el número 29 del mundo salvó una primera bola de set para alcanzar, sufriendo, el tie break. “¡Vamos!”, resonó en la pista siete la voz del español, con el puño cerrado y mirando a su padre, también su entrenador. En la muerte súbita, sin embargo, el australiano acabó por tumbar a su joven oponente, rebozado además de la arcilla parisina tras una mala caída.
Jódar empezó perdiendo el tercer set, penalizado con un punto tras ausentarse de la pista más tiempo del permitido. El marcador, las sensaciones, el calor y la pista seca, que dibujó un escenario muy incómodo, pusieron a prueba a un Jódar que no perdió la calma ni el foco pese a tratarse de su segunda participación en un Gran Slam. Para más inri, el leganense pidió por dos veces atención médica para tratar su pierna izquierda. A falta de ritmo y más acierto, con ambos jugadores erráticos, la tercera manga se convirtió en una partida de ajedrez, como las que acostumbra a jugar Jódar fuera del tenis. El madrileño cambió de raqueta, también de gorra, ahora blanca, para reencontrarse con su juego. Pero nada. Era un día para agarrarse a la pista y sobrevivir, no con brillantez sino fallando menos que el rival. Y en esa tesitura Duckworth falló en el momento clave, en el décimo juego, para ceder con una bola larga el tercer set.

Ante la atenta mirada de David Ferrer, capitán de la Copa Davis, Jódar mejoró ligeramente sus prestaciones, más habitual esa derecha cruzada que tantos réditos le da. Duckworth aguantó sobre el alambre, en especial en los numerosos puntos de rotura que defendió con éxito en el set definitivo. Hasta 21 opciones de break tuvo el madrileño en e partido. Pero la resistencia del australiano, un hueso duro de roer, terminó con una doble falta que provocó un grito de liberación de Jódar.
Deportes
