Vamos a sobresalto diario en esta era de las zapatillas mágicas, los experimentos de laboratorio, las carreras hiperprogramadas, las proteínas encapsuladas, la creatina y, últimamente, el consumo de lactato como fórmula para retrasar la aparición de la fatiga.
El fondista de origen burundés firmó el registro en la Madrid Vintage Run, prueba con un desnivel negativo de 169 metros
Vamos a sobresalto diario en esta era de las zapatillas mágicas, los experimentos de laboratorio, las carreras hiperprogramadas, las proteínas encapsuladas, la creatina y, últimamente, el consumo de lactato como fórmula para retrasar la aparición de la fatiga.
La gente de la Madrid Vintage Run quiso elaborar un recorrido experimental, muy cuesta abajo, por el corazón de Madrid, con un desnivel negativo de 169 metros, totalmente irregular a ojos de World Athletics pero apasionante para cualquier corredor que se precie, y de allí ha salido una maravilla.
Ha ocurrido este domingo en estos 10K que arrancaban en la calle Bravo Murillo, en Chamartín, y acababan en la calle Antonio López, mucho más abajo, en Legazpi: Rodrigue Kwizera (26), portentoso atleta nacido en Burundi que lleva años viviendo en España y a principios de mayo obtenía la nacionalidad española por carta de naturaleza, ha firmado 26m01s.
O lo que es lo mismo, la plusmarca mundial de la disciplina, medio minuto por debajo de los 26m31s que luce Yomif Kejelcha (y que en las tablas seguirá en lo más alto, pues la marca de Kwizera es fabulosa, pero no es válida).
”Aunque las características del recorrido impiden la homologación oficial del registro según la normativa internacional, el objetivo de Madrid Vintage Run by TotalEnergies nunca fue perseguir récords oficiales, sino explorar los límites del rendimiento humano en un entorno específicamente diseñado para ello”, publicaba este domingo la organización de la carrera en su página web, anticipando que no se plantea polémicas y no las habrá, pues la lectura es diáfana.
La marca no vale.
Jamás se homologan carreras que registren un desnivel negativo superior al metro por kilómetro, y tampoco aquellas cuya distancia entre la salida y la meta supere el 50% de la distancia total del circuito (para evitar la ayuda excesiva del viento a favor).
La organización también contaba que Kwizera, compañero de entrenamientos de Thierry Ndikumwenayo en Castellón (donde ambos residen desde hace más de tres años), ha seguido a rajatabla el planteamiento de la carrera.
Un primer kilómetro en 2m30s, justo por detrás de las liebres.
El 5K, situado a la altura de la plaza Colón, en 13m14s, algo por encima de lo previsto.
Y el achuchón final en la segunda mitad, diseñado con pendientes más pronunciadas, para fijar el 26m01s que ha asombrado a la concurrencia.
“Sabíamos que era extremadamente difícil. Pero también sabíamos que merecía la pena intentarlo. Hoy Madrid ha demostrado que los límites no son una línea fija, sino una frontera que puede seguir avanzando”, decía Pedro Rumbao, máximo responsable del proyecto.
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