Merz, tras sus reuniones en Pekín, ha señalado que el déficit comercial se ha cuadruplicado desde 2020, debido en gran medida al exceso de capacidad Leer Merz, tras sus reuniones en Pekín, ha señalado que el déficit comercial se ha cuadruplicado desde 2020, debido en gran medida al exceso de capacidad Leer
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El canciller alemán, Friedrich Merz, ha viajado esta semana a China con una agenda que combina pragmatismo económico y cálculo geopolítico. Su primera visita oficial a la segunda economía del planeta es un intento de recalibrar la relación más delicada para Berlín en un momento de fractura del comercio global, guerra tecnológica y presión europea para reducir dependencias estratégicas.
Merz viajaba acompañado por los pesos pesados de la industria alemana –Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz– porque la relación con Pekín es, ante todo, económica. Alemania y China movieron en 2025 un volumen comercial de 251.000 millones de euros, un 2,2% más que el año anterior. China superó el año pasado por primera vez a Estados Unidos como principal socio comercial alemán. Pero el dato esconde una asimetría creciente: Berlín importó por valor de 170.600 millones y exportó solo 81.300 millones. El déficit, cercano a los 90.000 millones de euros -en torno al 2% del PIB alemán-, marca un giro histórico. Hace una década, Alemania registraba superávits. Hoy compra más del doble de lo que vende.
Este fue el trasfondo del viaje. Tras reunirse el miércoles con el presidente chino Xi Jinping, el líder alemán anunció que China se había comprometido a adquirir hasta 120 aviones de Airbus de fabricación europea. «Esto demuestra lo valiosos que pueden ser esos viajes», resumió el canciller. Pero el acuerdo, relevante para la industria aeronáutica europea, no altera la tendencia estructural. Alemania vende cada vez menos aviones y automóviles, mientras importa cada vez más baterías, paneles solares, componentes electrónicos y bienes industriales chinos a precios que su tejido productivo no puede igualar.
Este jueves, Merz visitó una planta de Mercedes-Benz en Pekín y asistió a una demostración de vehículos autónomos, símbolo de la carrera tecnológica en la que China también lleva ventaja. Las marcas chinas avanzan en electrificación, software y conducción inteligente mientras los fabricantes europeos luchan por no quedarse atrás.
La última parada del alemán en su visita fue la ciudad de Hangzhou, uno de los grandes polos de innovación del país asiático, donde pisó las instalaciones de la empresa alemana Siemens Energy y del fabricante chino de robots humanoides Unitree. Esta empresa, fundada en 2016, ha ganado notoriedad en los últimos años y está al frente de la actual revolución de la industria robótica china.
El viaje de Merz se enmarca en un contexto en el que en Bruselas crece la presión para endurecer los mecanismos de defensa comercial frente a las exportaciones chinas subvencionadas. Y en Berlín aumenta el debate sobre la dependencia excesiva al mercado chino. La estrategia de muchos líderes europeos se basa en un complejo equilibrio: reducir riesgos a la par que se estrechan lazos, sobre todo para atraer grandes inversiones.
«Hoy estamos estrechamente conectados. Esto genera oportunidades, pero también presenta riesgos», dijo Merz tras su reunión con Xi Jinping. «Queremos evitar estos riesgos en beneficio de ambas partes», añadió, señalando los problemas en la cadena de suministro de los fabricantes alemanes que quedaron al descubierto el año pasado cuando China endureció los controles de exportación de chips y tierras raras.
Alemania, más que otros socios de la Unión Europea, necesita de China para materias primas críticas, componentes electrónicos y, sobre todo, tierras raras. El año pasado, los controles chinos a la exportación de estos materiales pusieron en jaque líneas de producción. El suministro se restableció gradualmente, pero el mensaje quedó claro: Pekín tiene capacidad de presión inmediata sobre la industria europea.
Las exportaciones alemanas de automóviles y maquinaria a China se han debilitado mientras productos chinos ganan cuota en Europa. El sector manufacturero alemán pierde alrededor de 10.000 empleos al mes, y en Berlín algunos apuntan hacia Pekín como parte importante del problema.
Merz, tras sus reuniones en Pekín, señaló que el déficit comercial se había cuadruplicado desde 2020, y explicó que esto se debía en gran medida al exceso de capacidad. «Esta dinámica no es saludable», declaró.
Para preparar su primer viaje a China, los medios alemanes han contado que el líder alemán organizó a puerta cerrada un encuentro con varios expertos alemanes en el país asiático, desde académicos hasta veteranos empresarios. «El canciller quería saber cómo establecer una conexión personal con los funcionarios chinos», explicó Jörg Wuttke, quien fue representante en China durante más de dos décadas de BASF, la compañía química más grande del mundo.
Merz, quien ha mantenido un tono muy conciliador durante su viaje, consciente de que tenía que intentar corregir una relación cada vez más desequilibrada sin dinamitarla, regresa ahora a Berlín tras moverse en una zona gris entre el pragmatismo industrial y la prudencia geopolítica.
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