Leer Leer
El indicador adelantado del impacto económico de la guerra de Irán está en Londres. Es allí donde se negocian los reaseguros de protección e indemnización de los transportes marítimos conocidos por las siglas P&I, que son distintos de los que cubren los daños en los cascos de los barcos o en las mercancías que llevan. Sus coberturas, sin embargo, no son infinitas. Cuando se produce un conflicto bélico, las compañías activan una cláusula por la que se concede un tiempo limitado al armador para que saque al buque de la zona antes de dejarlo sin seguro. Si no lo logra, deja de poder navegar.
En el Golfo Pérsico se han cancelado las coberturas de la mayor parte de los fletes por el bloqueo del Estrecho de Ormuz. La única opción de asegurar un buque y su mercancía la determina la nacionalidad de su bandera. Si es de algún país reconocido como socio por Irán o China, tiene posibilidades de contratarlo aunque a una prima elevada. El colapso de Ormuz no sólo encarece el precio global de los hidrocarburos, sino que ha generado situaciones de desabastecimiento en Asia. En Pakistán, Sri Lanka, Filipinas o Bangladesh se han cerrado escuelas y hospitales y se han reducido días laborables para tratar de racionar una energía que no llega. Eso de que esta crisis es menos grave que la desencadenada tras la invasión de Ucrania computa, de momento, para Europa y, sobre todo, para Estados Unidos, cuyo barril Texas sigue a precios mucho más contenidos que el Brent.
Como es lógico, el impacto económico de esta guerra se transmite por la energía, con unos países más afectados que otros, pero se democratiza a través del mar. Tanto por la crisis aseguradora de las zonas afectadas, como, sobre todo, por la convulsión que está viviendo el tráfico marítimo. El 90% del transporte mundial de bienes se realiza a través de barcos y, aunque sólo el 5% pasa por Ormuz, la crisis ha provocado un encarecimiento generalizado de los fletes más allá del sobrecoste por el combustible.
Según Financial Times, las seis mayores compañías navieras del mundo están invocando una normativa de siglo XIX para desembarcar los contenedores en el puerto más cercano a costa del cliente si no pueden completar la ruta. La medida afecta incluso a las mercancías refrigeradas.
La principal variable que definirá el golpe a la economía mundial sigue siendo la duración del conflicto, aunque en los últimos días se ha añadido otro factor que pueden convertirse en estructural. La destrucción de la infraestructura petrolera del Golfo no es algo que se pueda reemplazar de un día para otro. Sus consecuencias tampoco.
Actualidad Económica // elmundo
