Leer Leer
En el hogar de infancia de Mark Rutte los recuerdos de las Indias Orientales Neerlandesas estaban presentes en cada rincón y conversación. «De todo lo hermoso hablaban mis padres, hermanas y hermanos. Pero también de lo menos hermoso. Y otras muchas cosas se quedaron sin decir, ocultas», confesó, durante un acto, el actual secretario general de la OTAN cuando ejercía como primer ministro de Países Bajos (2010-2024).
Rutte, nacido en La Haya en 1967, se refería a su singular historia familiar que le ha marcado para siempre. Durante la Segunda Guerra Mundial, su padre fue hecho prisionero de guerra, junto a su esposa y sus tres hijos, en un campo de internamiento japonés. De ahí, la mujer no sobrevivió. «Murió de agotamiento», contó Rutte. Acabado el conflicto, su padre se casó con la hermana de la fallecida. De ese matrimonio nació el ex ‘premier’ liberal neerlandés y hoy día líder de la Alianza Atlántica.
Durante sus años como jefe de Gobierno, cuando recorría las calles de La Haya en bicicleta, sin escolta y comiendo una manzana, Rutte recibía visitas de mandatarios internacionales. A la hora de cenar, le gustaba invitarles a un restaurante de comida típica de Indonesia (antiguas Indias Orientales Neerlandesas) y siempre defendía en las discusiones de trabajo la indispensabilidad del poder estadounidense (el mismo que contribuyó a liberar a su padre).
Rutte ha pasado a la historia de Países Bajos como el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo, gracias a su habilidad para formar gobiernos de dos, tres y hasta cuatro partidos políticos. Es pragmático, muy hábil a la hora de negociar, de adaptarse a las situaciones más complejas y salir ileso de ellas. Su resiliencia le avala. Le bautizaron como ‘míster teflón’ porque le resbalaba cualquier crítica y escándalo.
Cuando el ex presidente de EEUU Joe Biden le invitó a la Casa Blanca para ofrecerle el puesto de secretario general de la OTAN, Rutte dijo que no. Poco más tarde, volvió a dar calabazas al demócrata. Hasta que en otra visita a Washington en 2023, el neerlandés anunció: «Me has pedido dos veces que sea secretario general de la OTAN y te he rechazado dos veces. Si me lo preguntas una tercera, diré que sí». Y así comenzó el último viaje en bicicleta de Rutte por La Haya para trasladarse a los cuarteles generales de la Alianza en Bruselas.
Rutte ha aplicado todo este aprendizaje con maestría desde el primer día -hace ya 21 meses- en que tomó asiento al frente de la gran alianza militar occidental. Lo de menos ha sido gestionar a 32 socios con sus diferentes sensibilidades ante las amenazas actuales, como la guerra de Ucrania. Lo de más, lo verdaderamente vital, ha sido lidiar con el presidente del miembro más importante (Estados Unidos): Donald Trump.
Pero el neerlandés lo tuvo claro y aplicó desde el inicio lo que ‘The Economist’ ha llamado «el sándwich del elogio y la realidad», esto es, una actitud de adulación permanente hacia el líder de la primera potencia mundial con el fin de lograr un objetivo crucial para la supervivencia de la OTAN: mantener a Washington a bordo.
Con esta estrategia Rutte ha logrado salvar la cumbre en Ankara y se ha marcado un triple: Trump se fue de vuelta en el Air Force One encantado («Todos los líderes me dijeron: ‘señor, le queremos’. Adultos diciendo eso… ¿No es bonito? Hubo un tremendo amor en esa sala»); los mandatarios bajaron el tono hasta niveles difíciles de imaginar («Tuvimos una charla informal, de fútbol, de golf, con buenas palabras y amabilidad», dijo el propio Pedro Sánchez); y, por último, no se ha quedado solo con su imagen bochornosa de sumisión (como cuando calla ante las declaraciones de Trump atacando la soberanía danesa con Groenlandia), ya que ha conseguido arrastrar a todos los jefes de Gobierno a su táctica de complacencia hacia Trump. Y encima, con elogios.
«Mark Rutte es el mejor secretario que podríamos desear en estos tiempos», ha sentenciado el canciller alemán, Friedrich Merz, quien tuvo un choque con Trump a raíz de la guerra de Irán, aunque acabó regalándole una camiseta de la ‘Mannschaft’ (la selección alemana).
«Rutte no tiene ego. No puedes hacer ese trabajo si tienes demasiado orgullo. Eso es lo que necesita ahora la OTAN», decían funcionarios europeos a la web POLITICO.
«Me gusta este hombre [Trump]», ha dicho Rutte. «Está consiguiendo lo que, desde Eisenhower, los presidentes americanos han intentado lograr: equiparar el gasto en Defensa de Estados Unidos y Europa». Y en verdad en la cumbre de esta semana hubo una cascada de inversiones y contratos millonarios (lo que encaja con las prioridades de Trump).
La pregunta es cómo pasará Rutte a la historia por su legado en la OTAN: ¿el secretario general que mantuvo a flote a la Alianza Atlántica o el que la desdibujó? En Ankara, un periodista danés le preguntó: «Cuando Trump ataca a los aliados y usted se queda sentado sin decir nada, ¿no afecta a su dignidad?». A lo que ‘míster teflón’ respondió: «Lo importante es que ahora la OTAN es más fuerte… gracias a Donald Trump».
Internacional // elmundo
