Minuto nueve. El golazo de Rashford culmina un inicio de partido marcado por el mosaico, Els Segadors, El cant del Barça a capela, el pésame a Flick y la impaciencia de la grada por bailar al ritmo de un antimadridismo hipertrofiado por las tecnologías virales. La previa del Barça-Madrid estuvo marcada por el factor humano, que alteró la jerarquía de prioridades. Dos días antes del partido murió Marjolijn van der Meer, decisiva para entender el cruyffismo como una manera, tan humana como azarosa (una autostopista en la Costa Brava), de entender la vida. Y unas horas después murió el padre de Hansi Flick, un impacto que los medios han sabido acompañar sin abusar de la mermelada necrológica.
Minuto nueve. El golazo de Rashford culmina un inicio de partido marcado por el mosaico, Els Segadors, El cant del Barça a capela, el pésame a Flick y la impaciencia de la grada por bailar al ritmo de un antimadridismo hipertrofiado por las tecnologías virales. La previa del Barça-Madrid estuvo marcada por el factor humano, que alteró la jerarquía de prioridades. Dos días antes del partido murió Marjolijn van der Meer, decisiva para entender el cruyffismo como una manera, tan humana como azarosa (una autostopista en la Costa Brava), de entender la vida. Y unas horas después murió el padre de Hansi Flick, un impacto que los medios han sabido acompañar sin abusar de la mermelada necrológica.Seguir leyendo…
Minuto nueve. El golazo de Rashford culmina un inicio de partido marcado por el mosaico, Els Segadors, El cant del Barça a capela, el pésame a Flick y la impaciencia de la grada por bailar al ritmo de un antimadridismo hipertrofiado por las tecnologías virales. La previa del Barça-Madrid estuvo marcada por el factor humano, que alteró la jerarquía de prioridades. Dos días antes del partido murió Marjolijn van der Meer, decisiva para entender el cruyffismo como una manera, tan humana como azarosa (una autostopista en la Costa Brava), de entender la vida. Y unas horas después murió el padre de Hansi Flick, un impacto que los medios han sabido acompañar sin abusar de la mermelada necrológica.
Siguiendo la norma del the show must go on, el calendario no perdona. Fagocita cualquier circunstancia y se impone con el potencial de la evidencia: este Barça-Madrid no era como los otros. No dependía de un algoritmo sino de lo que llamamos destino. Por primera vez en la historia, el Barça podía ganar la Liga, en casa, contra un Madrid enfermo de defecciones de los que, aunque solo sea por contrato, tendrían que defenderlo.
La Liga es un premio coherente y justo al juego y la actitud del Barça
La excepcionalidad de la jornada no era artificial sino real y el Barça tardó nueve minutos en aprovechar la oportunidad para poder recordarla toda la vida. En el caso de los familiares de Flick y de Marjolijn, siempre que sientan el vacío que dejan los ausentes recordarán el contexto de este Barça-Madrid cargado de una trascendencia colectiva única, tanto para los que ganaron como para los que, pese a haber invocado el espíritu de Juanito, perdieron. La ausencia de Florentino Pérez contrasta con los tiempos en los que, entre ditirambos sospechosamente unánimes, anunciaba su voluntad de evangelizar un mundo del fútbol rendido al juego del Barça.
Después del gol, las cámaras enfocaron la alegría de Lamine Yamal y el saludo entre Flick y Rashford. Era la imagen de un aprovechamiento muy eficaz de los recursos. Es una de las virtudes de Flick: sabe corregir cada situación con una sensatez que no cae ni en excusas ni en aspavientos de falsa autoridad ni en flagelaciones estériles. ¿Lamine Yamal lesionado? El equipo ha sabido mantener un nivel de concentración que ha preservado el liderazgo.

Minuto dieciocho. El golazo de Ferran culmina una secuencia que le hace justicia a la constancia que el Barça ha demostrado en una competición que, deslumbrados por el poder de la Champions, no deberíamos subestimar. El abrazo entre Flick y Raphinha confirma un compromiso que explica la estabilidad de la propuesta, doblemente victoriosa, del entrenador alemán. Quizá por coherencia con la excepcionalidad de la jornada, o para contagiarnos del espíritu de Flick, el nuevo Camp Nou oficializó el advenimiento de una alegría que renueva el fatalismo tribunero y gruñón de otras épocas. La manera de manifestar la rivalidad con el Madrid y un barcelonismo construido sobre décadas de victorias y opulencia (Ronaldinho, Messi…) es el premio a la máxima aspiración de una afición: sentirte felizmente orgulloso de tu equipo.
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