España es una potencia en energía solar, la cuarta del mundo. Pero es pequeñita si se compara con China: todas las placas de las plantas solares españolas (unos 500 km² de superficie) caben en la ciudad de Madrid. Para meter las que hay en el país asiático (más de 6.300 km²), se necesitaría la provincia de Tarragona al completo. Y para dentro de tres décadas, las autoridades chinas necesitarán el equivalente a toda Cataluña y aun así les faltará sitio. Tal despliegue, tan acelerado como caótico, con plantas solares en montañas, junto a los pueblos, en los humedales… está teniendo un enorme impacto. Según un estudio publicado en Science, las aves están entre los perdedores. Sus autores creen que renovables y biodiversidad pueden convivir, pero que hay que hacer las cosas de otra manera. Una lección a aprender en España para lograr la convivencia.
El desarrollo desbocado de la energía fotovoltaica del gigante asiático está afectando a la diversidad de especies aviares
España es una potencia en energía solar, la cuarta del mundo. Pero es pequeñita si se compara con China: todas las placas de las plantas solares españolas (unos 500 km² de superficie) caben en la ciudad de Madrid. Para meter las que hay en el país asiático (más de 6.300 km²), se necesitaría la provincia de Tarragona al completo. Y para dentro de tres décadas, las autoridades chinas necesitarán el equivalente a toda Cataluña y aun así les faltará sitio. Tal despliegue, tan acelerado como caótico, con plantas solares en montañas, junto a los pueblos, en los humedales… está teniendo un enorme impacto. Según un estudio publicado en Science, las aves están entre los perdedores. Sus autores creen que renovables y biodiversidad pueden convivir, pero que hay que hacer las cosas de otra manera. Una lección a aprender en España para lograr la convivencia.
Un grupo de científicos de universidades chinas y estadounidenses ha recopilado los datos disponibles de plantas fotovoltaicas de 2.344 condados de China de los últimos diez años. Y los han solapado con los mapas de diversidad de aves, recogidos en BirdReport, una plataforma de ciencia ciudadana de alta precisión. Sus resultados muestran un impacto generalizado, aunque con grandes diferencias regionales y por grupos aviares.
“Los grupos más afectados incluyen aves que anidan en la vegetación y aves carnívoras u omnívoras”, cuenta Huiming Zhang, investigador y profesor en la Universidad de Ciencia y Tecnología de la Información de Nanjing (China) y coautor del estudio. Para instalar las placas hace falta aclarar el terreno, lo que acaba con las plantas donde ponen sus huevos y se refugian las primeras, y con el ecosistema de pequeños vertebrados, invertebrados y semillas de los que se alimentan las segundas. “Las aves migratorias y residentes, así como especies tanto protegidas como no protegidas, también se ven afectadas”, añade Zhang en un correo. “Estos patrones generales apuntan a la conversión del hábitat, la fragmentación y la alteración de los recursos alimenticios como los principales mecanismos”, completa.




Los autores relacionan sus resultados con el grado de impulso de los planes de despliegue de plantas fotovoltaicas que, como otros sectores de la economía china, se diseñan de forma centralizada, pero se aplican hiperlocalizados, buscando la eficiencia o rendimiento económico mediante una feroz competencia. Eso ha hecho que los municipios y autoridades provinciales hayan desatado una desbocada carrera solar (ver las imágenes arriba), con la colocación de muchos parques en lugares que serían inimaginables en España.
En sus conclusiones, recomiendan racionalizar la ubicación de las nuevas plantas. Su apuesta es llevarlas a las grandes zonas áridas que tiene el país, sobre todo en el norte, como el desierto de Gobi. “En general, las regiones áridas y desérticas tienden a tener una menor biodiversidad de aves y menos zonas de especies en peligro de extinción en comparación con los bosques, los humedales o las praderas diversas”, sostiene Kai Wu, investigador de la Universidad Central de Finanzas y Economía de Pekín y coautor del estudio. “Al dirigir la infraestructura solar a gran escala hacia estas áreas naturalmente menos biodiversas o ya degradadas, podemos reducir significativamente la magnitud general de la alteración ecológica”, completa.
España, santuario de las aves esteparias
La ganga ortega (Pterocles orientalis) es un ave esteparia. Como a todas ellas, le gustan los terrenos abiertos, llanos y, en su caso, áridos. Por eso, sus poblaciones más estables de la península ibérica se encuentran en zonas del sureste, como el desierto de Tabernas, en Almería. Es un ave en un desierto en el que, en los últimos años, se han plantado dos cosas: olivares y placas solares. En la comarca ya hay más de 1.000 hectáreas dedicadas a producir energía solar, pero sumando las proyectadas, la cifra superará las 3.000 (10 y 30 km², respectivamente).
“Es un enorme error con consecuencias identificar desierto con ausencia de vida”, recuerda Francisco Valera, científico de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA) del CSIC. Valera publicó, junto a otros autores, un trabajo sobre la amenaza que supone la fiebre solar de Tabernas para la ganga ortega. “Todas las poblaciones de aves esteparias se están resintiendo y, aunque la población de ganga ortega de Almería es poco conocida, está mal y va a ir a peor”, teme Valera, cuyos informes han frenado al menos dos proyectos de plantas solares en Tabernas.

La avutarda común (Otis tarda) es, tras el cóndor, el ser volador más grande del planeta. Como la ganga ortega, es otra ave esteparia. Como lo es el sisón común (Tetrax tetrax), un animal de cuello muy largo cuyos machos tienen comportamientos excéntricos durante el cortejo. A ambas les gustan los espacios abiertos y llanos. Como recuerda el biólogo de la Universidad de Málaga Raimundo Real, “tienen los ojos a ambos lados y no ven lo que tienen enfrente; si es un poste, se dan con él”. Las llanuras de cereal y pastizales españoles albergan hasta el 60 % de la población mundial que queda de ambas especies. El resto anida en el otro extremo de Eurasia: en las estepas de Mongolia. “En otros países ya no hay estos paisajes”, recuerda.
Real destaca el drama que viven estas dos especies: “Los terrenos que va buscando el ingeniero para instalar una planta solar son también los más favorables para la ecología de estas aves”. Amplios espacios, con poca inclinación, libres de arbolado, con grano para alimentarse y vegetación donde anidar. Si a todas estas características se les añade el bajo coste, es un lugar candidato para plantar las placas. Es lo que han detectado Real y un grupo de colegas que acaban de publicar un estudio en el que muestran que cerca del 60% de los espacios donde se han levantado parques solares en Andalucía son los que mejores condiciones tenían para la avutarda común y el sisón común.
El conflicto entre aves y plantas solares parece irresoluble, pero los expertos consultados, tanto chinos como españoles, están convencidos de que la energía solar es irrenunciable y que placas y aves pueden convivir. “El conflicto se soluciona haciendo un buen uso de las herramientas y procedimientos para estudiar el impacto de cada proyecto”, dice Mario Giménez Ripoll, coordinador del Área de Espacios y Especies de SEO/BirdLife. Y el primer paso es identificar el lugar con menor biodiversidad expuesta a las placas. Como dice Kai Wu, uno de los autores del trabajo chino: “Que un parque solar pueda actuar como refugio ecológico depende fundamentalmente de la selección del sitio, el enfoque de desarrollo y la gestión continua”.
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