El desplome electoral del partido, socio minoritario del Gobierno, y el auge de su antiguo aliado alimentan el malestar interno a un año de las generales Leer El desplome electoral del partido, socio minoritario del Gobierno, y el auge de su antiguo aliado alimentan el malestar interno a un año de las generales Leer
La Liga de Matteo Salvini atraviesa horas bajas. El socio minoritario del Gobierno italiano ha perdido terreno en los principales sondeos del país, en buena medida por el auge de Futuro Nacional, la nueva formación ultraderechista liderada por Roberto Vannacci, quien hasta hace seis meses fue el vice de Salvini. Con las próximas elecciones generales previstas, como muy tarde, para dentro de un año, la Liga necesita un cambio de rumbo que frene su declive, un retroceso que podría terminar afectando a toda la coalición de la primera ministra, Giorgia Meloni. Por eso, los principales barones leguistas han empezado a reclamar un giro en la estrategia. Si Salvini mantiene su posición, la presión podría desembocar en las próximas semanas en una petición de celebrar un nuevo congreso del partido.
El primero en dar el paso ha sido Attilio Fontana, presidente de la región de Lombardía y uno de los dirigentes con mayor peso territorial dentro de la Liga. En una entrevista concedida al Corriere della Sera, Fontana ha hecho público el «malestar» que existe en la formación, especialmente entre los sectores del norte, tradicional feudo del partido. «No se excluye ninguna solución» para el futuro de la Liga, ha asegurado, al tiempo que ha defendido que la formación «no teme la renovación». Entre líneas, el mensaje abre la puerta incluso a la salida de Salvini. «Pedimos revisar de forma sostenible y efectiva la configuración de nuestro partido», ha afirmado Fontana. «Ahora hay una gran necesidad de hacerlo».
Las cifras explican la inquietud. La Liga ha pasado del 34% que obtuvo en las elecciones europeas de 2019 al 6% que le atribuyen actualmente los sondeos. Y el dato podría seguir deteriorándose si continúa creciendo el apoyo a Vannacci. «Tenemos un problema y es necesario trabajar para encontrar una salida a este declive», ha reconocido Fontana, que considera imprescindible alcanzar una solución «útil no sólo para la Liga, sino para toda la coalición de derecha». El presidente lombardo asegura además que el malestar «ya ha sido trasladado a la dirección del partido».
Fontana representa a una parte importante de la Liga del norte, el territorio donde nació la formación antes de que Salvini transformara la antigua Liga Norte en un partido de ámbito nacional. Frente al giro ultraderechista adoptado por Salvini, este sector reivindica un funcionamiento más colegial y una vuelta a las raíces de la formación, vinculadas al federalismo y al liberalismo económico. Junto a Fontana han empezado a hacerse visibles otros dos pesos pesados territoriales: Luca Zaia, ex presidente del Véneto, y Massimiliano Fedriga, actual presidente de Friul-Venecia Julia. Un trío leguista que, en las próximas semanas, dará mucho que hablar.
El eje Fontana-Zaia-Fedriga representa a la Liga que sigue siendo capaz de ganar elecciones en los territorios más industrializados del norte, mientras el partido pierde peso en el conjunto del país. La formación afronta así una creciente división entre quienes respaldan a Salvini y quienes reclaman una renovación. La próxima prueba llegará el 20 de septiembre, con Pontida, la histórica reunión anual de los militantes de la Liga.
La cita será especialmente complicada para Salvini. Será la primera sin Umberto Bossi, fundador del partido, fallecido el pasado marzo; la primera sin Vannacci, que el año pasado fue uno de sus grandes protagonistas; la primera con la Liga hundida en los sondeos por el avance de Futuro Nacional; y la primera con Fontana, Zaia y Fedriga alineados frente al actual líder.
En Pontida, Salvini se juega algo más que el respaldo de las bases: se juega evitar el aislamiento dentro de su propio partido. En el último congreso de la Liga, celebrado en abril de 2025, fue reelegido hasta 2029 sin oposición. Pero entonces el escenario era muy distinto. Ahora Vannacci ha superado a la Liga en algunos sondeos y Futuro Nacional ronda el 7%, una evolución que preocupa también a Meloni. La primera ministra debe decidir si le conviene mantener dentro de su espacio político a un dirigente que cuestiona abiertamente su liderazgo o dejar que se consolide como una alternativa por la derecha.
Para Meloni, el debilitamiento de Salvini podría ser un arma de doble filo. Una salida abrupta del líder de la Liga podría proyectar una imagen de inestabilidad sobre el Gobierno. Pero el progresivo desgaste electoral del partido también amenaza con restar solidez a la coalición de cara a las próximas elecciones generales. Mientras tanto, los barones leguistas preparan el asedio al Capitano.
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