Bad Wurzach se convirtió este sábado en punto de encuentro de la aristocracia alemana con motivo de la boda del príncipe Philipp-Carl de Oettingen-Wallerstein y la condesa Marie-Thérèse de Waldburg-Zeil und Trauchburg. La pareja contrajo matrimonio el 29 de agosto en la iglesia parroquial de San Verena, en la región de Algovia, ante numerosos representantes de algunas de las familias nobiliarias más destacadas del país. Tras la ceremonia religiosa, las celebraciones continuaron en el castillo de Zeil, residencia de la familia de la novia.
El duque de Baviera y los margraves de Baden estuvieron entre los invitados a un enlace celebrado en Bad Wurzach y culminado con una recepción en el castillo de Zeil
Bad Wurzach se convirtió este sábado en punto de encuentro de la aristocracia alemana con motivo de la boda del príncipe Philipp-Carl de Oettingen-Wallerstein y la condesa Marie-Thérèse de Waldburg-Zeil und Trauchburg. La pareja contrajo matrimonio el 29 de agosto en la iglesia parroquial de San Verena, en la región de Algovia, ante numerosos representantes de algunas de las familias nobiliarias más destacadas del país. Tras la ceremonia religiosa, las celebraciones continuaron en el castillo de Zeil, residencia de la familia de la novia.
Marie-Thérèse, de 36 años, llegó al templo del brazo de su padre, el príncipe Erich de Waldburg-Zeil, quien protagonizó uno de los momentos más emotivos de la jornada al recibir a su hija y entregarle el ramo antes de entrar en la iglesia. La novia escogió para la ocasión un vestido blanco de líneas depuradas acompañado de una espectacular capa de tul que nacía de los hombros y se prolongaba en una larga cola rematada con encaje. Como principal joya lució la histórica tiara de los Waldburg-Zeil, realizada con diamantes y topacios y utilizada durante generaciones por las mujeres de la familia.

En el altar la esperaba Philipp-Carl, de 42 años, hijo del príncipe Krafft de Oettingen-Wallerstein. La ceremonia, oficiada en un templo decorado con arreglos florales en tonos azules y púrpuras, reunió a numerosos miembros de la realeza y la nobleza alemana. Entre los asistentes destacaron el duque de Baviera, los margraves de Baden y la duquesa Sofía de Wurtemberg, además de familiares y representantes de otras casas aristocráticas llegados desde distintos puntos del país.

A la salida de la iglesia, un grupo de niños vestidos con trajes tradicionales recibió a los recién casados antes de que ambos posaran en las escalinatas y sellaran públicamente su unión con un beso. La pareja sorprendió después al abandonar Bad Wurzach a bordo de un Porsche 356 Coupé blanco con dos franjas rojas de competición. El propio Philipp-Carl se puso al volante del histórico deportivo para trasladarse junto a su esposa hasta el castillo de Zeil, donde tuvo lugar una recepción privada y cuyo recinto exterior permaneció cerrado al público durante la celebración.

El matrimonio une a dos familias estrechamente vinculadas a la historia de la aristocracia alemana. Philipp-Carl pertenece a la casa de Oettingen-Wallerstein, cuyos orígenes documentados se remontan más de nueve siglos. Graduado por la Universidad de Saint Andrews y formado en Gestión e Historia del Arte, desarrolla su carrera profesional en Múnich como gestor financiero y consultor en proyectos relacionados con las energías renovables. Marie-Thérèse es la mayor de las cinco hijas del príncipe Erich de Waldburg-Zeil y de Mathilde, nacida duquesa de Wurtemberg, y trabaja en el ámbito del diseño gráfico después de haberse formado en Hamburgo.
El enlace culmina así una relación que despertó especial interés desde que la familia anunció el compromiso por la relevancia histórica de ambas casas. Tras las celebraciones celebradas en la propiedad familiar de los Waldburg-Zeil, Philipp-Carl y Marie-Thérèse tienen previsto establecer su residencia en Múnich, donde continuarán desarrollando sus respectivas carreras profesionales y comenzarán una nueva etapa después de una boda en la que la tradición aristocrática convivió con detalles mucho más contemporáneos.
Gente
