León XIV ha llegado este sábado al Principado de Mónaco, convirtiéndose en el primer Papa que visita este país, donde el catolicismo es la religión oficial, como establece su Constitución. Es por este motivo que la princesa Charlene, junto a su hija Gabriella, ha hecho uso del privilegio del blanco, es decir, vestir con este color ante el Pontífice, lo que solo les es permitido a las reinas y consortes de Mónaco, Bélgica, Luxemburgo y España. El resto, deben usar un riguroso negro.
El Pontífice denuncia ante la familia principesca el creciente “abismo entre pobres y ricos” y apela al “don de la humildad”
León XIV ha llegado este sábado al Principado de Mónaco, convirtiéndose en el primer Papa que visita este país, donde el catolicismo es la religión oficial, como establece su Constitución. Es por este motivo que la princesa Charlene, junto a su hija Gabriella, ha hecho uso del privilegio del blanco, es decir, vestir con este color ante el Pontífice, lo que solo les es permitido a las reinas y consortes de Mónaco, Bélgica, Luxemburgo y España. El resto, deben usar un riguroso negro.
El Papa ha sido recibido con honores por el Príncipe Alberto II de Mónaco y por la Princesa Charlène, ha realizado una visita de cortesía al Palacio del Príncipe de Mónaco y se ha asomado al balcón para saludar a los ciudadanos que se han congregado en la plaza de Palacio. Los hijos del príncipe Alberto y la princesa Charlène, el príncipe heredero Jacques y la princesa Gabriella, también han asistido a la ceremonia.

Tras un encuentro privado con el soberano, León XIV se ha dirigido a la multitud desde el balcón del palacio, en un discurso en el que denunció el creciente “abismo entre pobres y ricos” y apeló al “don de la humildad (…) en un momento histórico en el que la demostración de fuerza y la lógica de la omnipotencia dañan al mundo y comprometen la paz”.
Por su lado, Alberto II ha asegurado ante el Papa “el anclaje católico” de Mónaco que dura 700 años y recordó que ante el momento bélico que se vive en estos momentos, ”los pequeños Estados pueden contribuir a la mejora del mundo, a condición de ser fieles a sus valores y firmes en su determinación”.

Varios miembros de la familia Grimaldi, con el príncipe Alberto II y su esposa, la princesa Charlène, han asistido después a la misa celebrada por el papa León XIV en la Catedral de Nuestra Señora Inmaculada de Mónaco.
A la ceremonia han acudido la princesa Carolina de Mónaco, junto a sus hijos Carlota y Pierre Casiraghi, este último acompañado por su esposa, Beatrice Borromeo. También asistieron la princesa Estefanía de Mónaco, su hijo Louis Ducruet y su esposa Marie.

La presencia de la familia principesca casi en pleno subraya el carácter excepcional de la visita del pontífice, la primera de un papa al Principado de Mónaco, y pone de relieve los estrechos vínculos históricos entre la dinastía Grimaldi y la Iglesia católica.

El acto central de la visita está previsto para la tarde, con una misa al aire libre en el Estadio Luis II, ante numerosos fieles.
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