La designación de la Costa Brava como sede de la Ryder Cup 2031 es una magnífica noticia para el territorio. Hay que felicitar a las instituciones, a los organizadores y a todas las personas que han hecho posible traer a Girona uno de los acontecimientos deportivos más prestigiosos del mundo. No solo por las cerca de 270.000 personas que se espera que visiten la destinación durante la semana del torneo, sino sobre todo por el legado que dejará. La Ryder Cup llega además de 600 millones de hogares por todo el mundo y las destinaciones anfitrionas han demostrado que su proyección internacional empieza años antes de la competición y continúa muchos años después.
La designación de la Costa Brava como sede de la Ryder Cup 2031 es una magnífica noticia para el territorio. Hay que felicitar a las instituciones, a los organizadores y a todas las personas que han hecho posible traer a Girona uno de los acontecimientos deportivos más prestigiosos del mundo. No solo por las cerca de 270.000 personas que se espera que visiten la destinación durante la semana del torneo, sino sobre todo por el legado que dejará. La Ryder Cup llega además de 600 millones de hogares por todo el mundo y las destinaciones anfitrionas han demostrado que su proyección internacional empieza años antes de la competición y continúa muchos años después.Seguir leyendo…
La designación de la Costa Brava como sede de la Ryder Cup 2031 es una magnífica noticia para el territorio. Hay que felicitar a las instituciones, a los organizadores y a todas las personas que han hecho posible traer a Girona uno de los acontecimientos deportivos más prestigiosos del mundo. No solo por las cerca de 270.000 personas que se espera que visiten la destinación durante la semana del torneo, sino sobre todo por el legado que dejará. La Ryder Cup llega además de 600 millones de hogares por todo el mundo y las destinaciones anfitrionas han demostrado que su proyección internacional empieza años antes de la competición y continúa muchos años después.
Precisamente por eso sorprende la contradicción que vive hoy Catalunya. Mientras las administraciones trabajan para atraer grandes acontecimientos internacionales que generarán más demanda turística, el Decreto Ley 3/2023 prevé eliminar, a partir del 2028, miles de licencias de viviendas de uso turístico en la Costa Brava. Cuesta entender que se haga una apuesta pública tan importante para posicionar la destinación ante el mundo y, al mismo tiempo, se reduzca una parte esencial de su capacidad para acoger a estos futuros visitantes.

El problema es especialmente evidente en municipios con una fuerte especialización en turismo de golf. En Castell-Platja d’Aro el decreto prevé pasar de 2.931 viviendas de uso turístico en solo 1.277. En Pals la reducción sería todavía más drástica: de 1.422 viviendas en solo 258. Son dos de las principales destinaciones de golf de la Costa Brava y, precisamente, dos de las más afectadas.
Además, el turismo de golf es uno de los grandes motores de la desestacionalización. Llega principalmente en la primavera, el otoño e incluso en invierno, cuando buena parte de la oferta hotelera de la Costa Brava está cerrada. En cambio, las viviendas de uso turístico permiten mantener actividad durante estos meses, sostienen miles de puestos de trabajo y dan vida a los municipios fuera de la temporada alta.
Las viviendas de uso turístico no sustituyen otras modalidades de alojamiento; las complementan. Muchas familias y grupos de golfistas prefieren alojarse en viviendas por la flexibilidad, el espacio y las características que ofrecen.
La realidad de la Costa Brava es muy diferente de la de las grandes ciudades. La actividad de las viviendas de uso turístico forma parte del desarrollo del territorio desde los años sesenta. Más del 85% de las licencias corresponden a particulares y cerca del 76% son segundas residencias. Si dejan de poder alquilarse permanecerán cerradas una gran parte del año, con la consiguiente pérdida de actividad económica.
Desde la Associació Turística d’Apartaments Costa Brava Pirineu de Girona no pedimos ausencia de regulación. Pedimos una regulación inteligente, adaptada a la realidad de cada territorio, que respete la autonomía municipal y diferencie entre los problemas de vivienda de las grandes áreas urbanas y los destinos turísticos que desde hace décadas viven de esta actividad. Algunos ayuntamientos de la Costa Brava ya han empezado a reclamar esta diferenciación.
La Ryder Cup es una oportunidad extraordinaria para consolidar la Costa Brava como un destino turístico de referencia internacional. Pero para que este legado sea una realidad hace falta que las políticas de promoción turística y las de alojamiento avancen en la misma dirección. No podemos aspirar a atraer a más visitantes mientras reducimos la oferta regulada que tiene que acogerlos. Corregir esta contradicción es, probablemente, la mejor jugada que podemos hacer por el futuro de nuestro territorio.
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