La presidenta del BCE destacó que, en un escenario adverso, la inflación de la zona euro podría dispararse hasta el 3,5%, muy por encima del 1,9% hasta ahora previsto, y el crecimiento sería del 0,6% Leer La presidenta del BCE destacó que, en un escenario adverso, la inflación de la zona euro podría dispararse hasta el 3,5%, muy por encima del 1,9% hasta ahora previsto, y el crecimiento sería del 0,6% Leer
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Christine Lagarde desató el jueves en el Consejo Europeo la «preocupación» de los presidentes de gobierno y primeros ministros de los 27 Estados miembros. Fuentes diplomáticas confirman a este periódico que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE) quiso destacar durante su intervención en esta reunión que, en un escenario adverso, la inflación se podría ir este año hasta el 3,6% como consecuencia de la guerra de Irán, una cifra muy superior al 1,9% hasta ahora previsto. Y que el crecimiento en ese mismo contexto sería de apenas el 0,6% del Producto Interior Bruto (PIB), la mitad del 1,2% que el organismo proyectó en diciembre.
«Presentó un panorama pesimista al Consejo Europeo«, inciden estas mismas fuentes, que señalan especialmente el temor a la inflación. Muchos países todavía no han sido capaces de controlar totalmente el importante repunte del IPC como consecuencia de la guerra en Ucrania. España, por ejemplo, sigue sufriendo niveles relativamente altos. Y ahora encaran otro incremento que ya se está dejando notar, y mucho, en los carburantes, que está afectando directamente al bolsillo de los ciudadanos y que amenaza con trasladarse de manera muy importante a los alimentos.
Lagarde llegó a Bruselas después de que ese mismo jueves el BCE presentase sus nuevas previsiones económicas, y en las que expone que ese escenario adverso «parte de la premisa de que, en el segundo trimestre de 2026, el 40% del flujo de petróleo y GNL que transita por el estrecho de Ormuz se verá interrumpido, principalmente debido a un bloqueo del estrecho, sin daños importantes a la infraestructura energética». El precio del barril de crudo llegaría a los 119 dólares, no muy lejos de los niveles actuales, mientras que el gas estaría en los 87 euros por MWh, dato en este caso que sí supera de manera notable los datos actuales.
Y todavía hay un contexto peor. Uno en el que la inflación se iría más allá del 4% y el crecimiento sería de sólo un 0,4%. «El escenario severo supone una crisis de precios de la energía más fuerte y persistente, mayor incertidumbre e incluso efectos indirectos y de segunda ronda más intensos», apunta el Banco Central Europeo. En este caso los precios serían los siguientes: 145 dólares para el crudo y 106 euros por MWh para el gas.
El escenario central, por su parte, estima que la inflación se situará, en promedio, en el 2,6% en 2026 y el crecimiento será del 0,9%, cifra esta última que ya de por sí es bastante raquítica. Pero entre los presidentes causó especial preocupación el adverso, el apuntado al inicio. Tanto por la exposición de Lagarde como por la alta probabilidad de que todo empeore.
Con esta presentación de la responsable del BCE, los líderes reafirmaron la necesidad de actuar de manera inmediata. En las conclusiones del Consejo, se pide a la Comisión Europea que «presente, sin retraso, un conjunto de herramientas de medidas temporales específicas para hacer frente a los recientes aumentos de los precios de los combustibles fósiles importados derivados de la crisis en Oriente Medio».
«Pide a la Comisión que presente con carácter urgente medidas específicas en todos los componentes de los precios de la electricidad, para adoptar acciones concretas destinadas a reducir los precios de la electricidad y abordar la volatilidad excesiva a corto plazo, también para los sectores con alto consumo energético, teniendo en cuenta las diferentes situaciones entre los Estados miembros», añade el texto.
El Consejo también invita al Ejecutivo de Ursula von der Leyen a «trabajar estrechamente con los Estados miembros para diseñar medidas nacionales temporales y específicas que mitiguen los efectos significativos de los combustibles y de los componentes de costes asociados en los costes de generación eléctrica». Esto es, se quieren actuaciones ya, aunque la agilidad no es la principal característica de las instituciones europeas. Y los países ya han empezado a tomar medidas por su cuenta, aunque en el caso de España con cierto retraso respecto a otros Estados miembros.
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